Comunidade Caná

Comunidad Católica de Alianza integrada por familias en el seno de la Renovación Carismática

Comunidade Caná desarrolla esta Catequesis el 9 y 10 
de marzo de 2024 en la Parroquia de S. Martiño (Moaña)


Es precisa una adecuada preparación al SACRAMENTO del MATRIMONIO, dada la importancia de este sacramento que une para siempre a un hombre y una mujer sobre quienes se constituye la familia.

Benedicto XVI explica que "el derecho a casarse conlleva el derecho a celebrar un matrimonio auténtico. No se negaría por tanto un matrimonio allí donde evidentemente no existieran impedimentos para su ejercicio, es decir, se cumplieran la capacidad, la voluntad de los cónyuges y la realidad natural del matrimonio". Un serio discernimiento en este aspecto, dice, evitará que "impulsos emotivos o razones superficiales induzcan a los dos jóvenes a asumir responsabilidades que después no sabrían desempeñar". Por ello, "matrimonio y familia son instituciones que deben ser promovidas y defendidas de cualquier tipo de equívoco sobre su verdad".

En cuanto a la preparación para el sacramento del matrimonio, Benedicto XVI afirma que "el objetivo inmediato de tal preparación es el de promover la libre celebración de un verdadero matrimonio".

"El noviazgo tiene que ver con la confianza. Confianza en la vocación que Dios da, porque el matrimonio es, antes que nada, el descubrimiento de una llamada de Dios. Es algo bello que hoy los jóvenes puedan elegir casarse sobre la base de un amor recíproco. Pero la libertad del vínculo requiere una armonía consciente de la decisión, no sólo un simple entendimiento de la atracción o del sentimiento, de un momento, de un tiempo breve… requiere un camino.” (Papa Francisco)
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Estamos a vuestra disposición para las explicaciones que necesitéis
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"Me amó y se entregó por mí " (Gal 2, 20)

    Celebraremos nuestro Encuentro de Comunidad del 28 al 31 de marzo. Comenzaremos el Jueves Santo por la mañana y terminaremos el Domingo de Resurrección con la comida. Acompañaremos al P. Santi Núñez, sirviendo en las parroquia pontevedresa de Seixo
      Una vez más, viviremos en comunidad la muerte y resurrección de Cristo. Una experiencia que muchos anhelan... y que te cambia la vida. Una nueva oportunidad de encontrarnos con Jesús el Señor, igual que le sucedió a Saulo y pasó a llamarse Pablo. Después de estrenar esta nueva vida, pudo decir: "Con su muerte venció el pecado, con su muerte venció la muerte. Feliz culpa la tuya, Adán, que nos mereció tal Redentor. Feliz tú, Abraham, que creíste. Ahora adoramos al Hijo que Dios nos prometió".

¡Oramos pidiéndole a Dios un deseo ardiente de vivir en Pascua!
28-31 marzo 2024  ·  Comunidade Caná



      Hagamos que la misericordia, el ayuno y la oración sean los tres juntos nuestro patrocinio ante Dios, los tres juntos nuestra defensa, los tres juntos nuestra oración bajo tres formas distintas. 
      Reconquistemos con nuestro ayuno lo que perdimos por no saberlo apreciar; inmolemos con el ayuno nuestras almas, ya que éste es el mejor sacrificio que podemos ofrecer a Dios, como atestigua el salmo: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
      Hombre, ofrece a Dios tu alma, ofrécele el sacrificio del ayuno, para que sea una ofrenda pura, un sacrificio santo, una víctima viva que, sin salirse de ti mismo, sea ofrecida a Dios. No tiene excusa el que niega esto a Dios, ya que está en manos de cualquiera el ofrecerse a sí mismo. Mas, para que esto sea acepto a Dios, al ayuno debe acompañar la misericordia; el ayuno no da fruto si no es regado por la misericordia, se seca sin este riego: lo que es la lluvia para la tierra, esto es la misericordia para el ayuno. Por más que cultive su corazón, limpie su carne, arranque sus malas costumbres, siembre las virtudes, si no abre las corrientes de la misericordia, ningún fruto recogerá el que ayuna.
    Tú que ayunas, sabe que tu campo, si está en ayunas de misericordia, ayuna él también; en cambio, la liberalidad de tu misericordia redunda en abundancia para tus graneros. Mira, por tanto, que no salgas perdiendo, por querer guardar para ti, antes procura recolectar a largo plazo; al dar al pobre das a ti mismo, y lo que no dejas para los demás no lo disfrutarás tú luego.
De los Sermones de S. Pedro Crisólogo, obispo

"Ayunar es la privación del bien para tomar una decisión por un bien mayor"

 

Ya que la Iglesia en este tiempo de Cuaresma nos habla mucho de ayuno, he querido meditar sobre esta palabra que nos debe llevar a una acción concreta.
 
La primera que nos viene a la cabeza es la de no comer o abstenernos de comer carne los viernes. Eso está bien; un sacerdote me explicaba hace tiempo el signo tan bonito que es el que todos los cristianos, un mismo día, se pongan de acuerdo en no comer carne, con el esfuerzo tan grande que ello puede suponer para muchos. Ya de entrada es un signo de comunión.
 
Pero yo -que soy un tragaldabas y que me encanta el pescado- digo: tiene que haber algo más... ¿Cuál es el ayuno favorable, cuál es su sentido?
 
Decía un diácono ortodoxo que “ayunar es la privación del bien para tomar una decisión por un bien mayor”. Aquí ya tendríamos una motivación porque el bien recibido es mayor que el bien dejado.
 
Últimamente estamos ayunando de muchas cosas por obligación. Ayunamos de salir a ver a nuestros amigos, de una comida familiar, de disfrutar unas vacaciones, incluso de nuestros grupos de oración, de nuestras reuniones presenciales de Comunidad. Este ayuno nos ha llevado a cambiar nuestra manera de relacionarnos, no a dejar nuestras relaciones. Así hoy yo creo que sabemos de los demás más que antes porque hoy los tenemos a golpe de click. Antes había que arreglarse, organizar a la familia, desplazarse… ¿Qué hemos hecho?, pues sencillamente, vencer nuestra inclinación natural a salir, a quedar, a cenar algo por ahí e imponernos una disciplina por un bien mayor, que es no contagiarnos ni contagiar a nuestra familia.
Los cristianos estrictamente cumplidores se conforman con dar limosna y aportar comida a los bancos de alimentos. Pero tú y yo sabemos que no solo eso nos pide el Señor. 

 

El ayuno que quiere Dios

Por eso, el ayuno nos ayuda a dominar nuestras inclinaciones, ser dueños de nosotros mismos. Decía San Pablo a los romanos que no entendía su comportamiento porque no hacía lo que quería, sino que hacía lo que aborrecía. Y después se lo explicaba diciendo que no era él el que lo hacía sino el pecado que habitaba en él. El ayuno va a dar equilibrio a nuestra vida espiritual, nos va a ayudar a poner las cosas en orden porque es muy fácil dejarnos llevar por nuestras “pasiones”.
 
Extraigo del profeta Isaías (58: 7-11) cuál es ese ayuno que quiere nuestro Dios:
- Aleja de ti la opresión
Quizá no me he dado cuenta, pero mis acciones, mi actitud o mis palabras hacen que alguien a mi lado se sienta oprimido. Porque impongo ciertas cosas | porque ya sabes que esto no me gusta | porque te he dicho muchas veces que | a lo mejor no digo nada, pero con la cara que pongo los demás ya se dan cuenta | a lo mejor te humillo con mi actitud | a lo mejor no te doy la paz que necesitas, sino que echo más leña al fuego. Esto son formas de oprimir:
- Aleja de ti el dedo acusador
El dedo acusador es una forma muy manifiesta, pero hay otras maneras de acusar mucho más sutiles: llegamos tarde por tu culpa | te dije que pasaría esto | es que no cambias. El antídoto para esto es practicar la misericordia.
- Aleja de ti la calumnia
San Gregorio decía que la calumnia nacía de la envidia. ¿Siento envidia de alguien?, no solo de la persona en cuanto a cómo es o como se relaciona, sino también de lo que sabe, de cómo lo reconocen los demás, de cómo vive, de lo que tiene, de su situación laboral, de su salud…
- Ofrece al hambriento de lo tuyo
Los cristianos estrictamente cumplidores se conforman con dar limosna y aportar comida a los bancos de alimentos. Pero tú y yo sabemos que no solo eso nos pide el Señor. Tenemos muchísima gente alrededor, algunos a los que queremos mucho, que están hambrientos de:
  • alguien para desahogarse, para compartir situaciones o problemas o, sencillamente, alguien con el que poder hablar porque se sienten solos.
  • nuestro consejo.
  • necesitan orar con nosotros.
 
Y qué difícil es regalar nuestro tiempo a los demás. Hay un bien mayor detrás de esto y es que acercándonos a estas personas, nos acercamos al mismo Dios; recordad las bienaventuranzas, recordad “Tuve hambre y me disteis de comer”.
 
Cuando hagas esto, dice el Señor, “brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía. El Señor te guiará siempre, hartará tu alma en tierra abrasada, dará vigor a tus huesos. Serás un huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan”.
 
De todo esto, saco la conclusión de que el ayuno que me está pidiendo Dios es el ayuno de mí mismo. Recibo este mensaje de Dios: “Mírame a mí y yo te llevaré al que te necesita”. Esto es una experiencia real, cuando miras a Dios empiezas a darte cuenta de las personas que están a tu alrededor que necesitan de ti y cuando entras en este bucle, la maquinaria está en marcha: Dios te acerca a los hermanos y los hermanos te acercan a Dios. Así que podemos afirmar que el ayuno nos une más estrechamente a Dios y a los hermanos.
 

¿Cuánta sed tienes de oración?

Ayuno y oración, se nos pide en este tiempo de Cuaresma. ¿Cómo está tu oración?, no me refiero a ninguna en concreto, sino a todas. ¿Cómo está tu oración personal, tu oración conyugal, tu oración familiar y tu oración comunitaria? Todas necesarias, ninguna de ellas sustituye a otra. Te lo pregunto de otra manera: ¿cuánta sed tienes de oración personal, oración conyugal, oración familiar y oración comunitaria?
  • Si no tienes sed de la oración personal probablemente tengas que meditar cómo está tu relación con Dios.
  • Si no tienes sed de oración conyugal, probablemente tengas que meditar cómo está tu relación con tu esposa o esposo.
  • Si no tienes sed de oración familiar probablemente tengas que meditar cómo está tu relación con tus hijos.
  • Y, por último, si no tienes sed de oración comunitaria tienes que meditar cómo está tu relación con tu comunidad, con tu grupo de oración, con los amigos con los que rezas. Y si no tienes comunidad, grupo de oración o amigos con los que rezas, tienes un problema. Búscalo de inmediato.
Frecuentemente la razón que damos para justificar la falta de oración o la poca oración es la falta de tiempo. Lo cual me lleva a afirmar que precisamente lo que Dios te está pidiendo es tu tiempo, volvemos a lo de antes: ayunar de uno mismo. Curioso que Dios nos dé el don de la vida, el don del tiempo para vivirla y luego nos mendigue del tiempo que nos da. Más curiosa todavía la respuesta que nosotros le damos.
 
El ayuno va contra nuestra forma de vida, nos desinstala, implica un sacrificio, que puede ser agradable y dar frutos si lo convertimos en ofrenda a Dios. Decía San Pablo a los Corintios (4: 16-17) que “aun cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día. Pues la leve tribulación presente nos proporciona una inmensa e incalculable carga de gloria.”
 
Pues eso pido a Dios ahora en este momento para todos nosotros, una inmensa carga de gloria, un inmenso gozo de sentirnos cerca del Padre, la gran alegría de ver nuestra vida renovada y entregada a aquél que lo dio todo por mí.
 
¡Bendito sea Dios! 
 
Exhortación a  Comunidade Caná
José Antonio Pérez
Esposo y padre de familia



A través del desierto Dios nos guía a la libertad

-MENSAJE de CUARESMA 2024 del Papa Francisco-

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Queridos hermanos y hermanas:

Cuando nuestro Dios se revela, comunica la libertad: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Así se abre el Decálogo dado a Moisés en el monte Sinaí. El pueblo sabe bien de qué éxodo habla Dios; la experiencia de la esclavitud todavía está impresa en su carne. Recibe las diez palabras de la alianza en el desierto como camino hacia la libertad. Nosotros las llamamos “mandamientos”, subrayando la fuerza del amor con el que Dios educa a su pueblo. La llamada a la libertad es, en efecto, una llamada vigorosa. No se agota en un acontecimiento único, porque madura durante el camino. Del mismo modo que Israel en el desierto lleva todavía a Egipto dentro de sí ―en efecto, a menudo echa de menos el pasado y murmura contra el cielo y contra Moisés―, también hoy el pueblo de Dios lleva dentro de sí ataduras opresoras que debe decidirse a abandonar. Nos damos cuenta de ello cuando nos falta esperanza y vagamos por la vida como en un páramo desolado, sin una tierra prometida hacia la cual encaminarnos juntos. La Cuaresma es el tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser ―como anuncia el profeta Oseas― el lugar del primer amor (cf. Os 2,16-17). Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente el paso de la muerte a la vida. Como un esposo nos atrae nuevamente hacia sí y susurra palabras de amor a nuestros corazones.

El éxodo de la esclavitud a la libertad no es un camino abstracto. Para que nuestra Cuaresma sea también concreta, el primer paso es querer ver la realidad. Cuando en la zarza ardiente el Señor atrajo a Moisés y le habló, se reveló inmediatamente como un Dios que ve y sobre todo escucha: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel» (Ex 3,7-8). También hoy llega al cielo el grito de tantos hermanos y hermanas oprimidos. Preguntémonos: ¿nos llega también a nosotros? ¿Nos sacude? ¿Nos conmueve? Muchos factores nos alejan los unos de los otros, negando la fraternidad que nos une desde el origen.

En mi viaje a Lampedusa, ante la globalización de la indiferencia planteé dos preguntas, que son cada vez más actuales: «¿Dónde estás?» (Gn 3,9) y «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9). El camino cuaresmal será concreto si, al escucharlas de nuevo, confesamos que seguimos bajo el dominio del Faraón. Es un dominio que nos deja exhaustos y nos vuelve insensibles. Es un modelo de crecimiento que nos divide y nos roba el futuro; que ha contaminado la tierra, el aire y el agua, pero también las almas. Porque, si bien con el bautismo ya ha comenzado nuestra liberación, queda en nosotros una inexplicable añoranza por la esclavitud. Es como una atracción hacia la seguridad de lo ya visto, en detrimento de la libertad.

Quisiera señalarles un detalle de no poca importancia en el relato del Éxodo: es Dios quien ve, quien se conmueve y quien libera, no es Israel quien lo pide. El Faraón, en efecto, destruye incluso los sueños, roba el cielo, hace que parezca inmodificable un mundo en el que se pisotea la dignidad y se niegan los vínculos auténticos. Es decir, logra mantener todo sujeto a él. Preguntémonos: ¿deseo un mundo nuevo? ¿Estoy dispuesto a romper los compromisos con el viejo? El testimonio de muchos hermanos obispos y de un gran número de aquellos que trabajan por la paz y la justicia me convence cada vez más de que lo que hay que denunciar es un déficit de esperanza. Es un impedimento para soñar, un grito mudo que llega hasta el cielo y conmueve el corazón de Dios. Se parece a esa añoranza por la esclavitud que paraliza a Israel en el desierto, impidiéndole avanzar. El éxodo puede interrumpirse. De otro modo no se explicaría que una humanidad que ha alcanzado el umbral de la fraternidad universal y niveles de desarrollo científico, técnico, cultural y jurídico, capaces de garantizar la dignidad de todos, camine en la oscuridad de las desigualdades y los conflictos.

Dios no se cansa de nosotros. Acojamos la Cuaresma como el tiempo fuerte en el que su Palabra se dirige de nuevo a nosotros: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Es tiempo de conversión, tiempo de libertad. Jesús mismo, como recordamos cada año en el primer domingo de Cuaresma, fue conducido por el Espíritu al desierto para ser probado en su libertad. Durante cuarenta días estará ante nosotros y con nosotros: es el Hijo encarnado. A diferencia del Faraón, Dios no quiere súbditos, sino hijos. El desierto es el espacio en el que nuestra libertad puede madurar en una decisión personal de no volver a caer en la esclavitud. En Cuaresma, encontramos nuevos criterios de juicio y una comunidad con la cual emprender un camino que nunca antes habíamos recorrido.

Esto implica una lucha, que el libro del Éxodo y las tentaciones de Jesús en el desierto nos narran claramente. A la voz de Dios, que dice: «Tú eres mi Hijo muy querido» (Mc 1,11) y «no tendrás otros dioses delante de mí» (Ex 20,3), se oponen de hecho las mentiras del enemigo. Más temibles que el Faraón son los ídolos; podríamos considerarlos como su voz en nosotros. El sentirse omnipotentes, reconocidos por todos, tomar ventaja sobre los demás: todo ser humano siente en su interior la seducción de esta mentira. Es un camino trillado. Por eso, podemos apegarnos al dinero, a ciertos proyectos, ideas, objetivos, a nuestra posición, a una tradición e incluso a algunas personas. Esas cosas en lugar de impulsarnos, nos paralizarán. En lugar de unirnos, nos enfrentarán. Existe, sin embargo, una nueva humanidad, la de los pequeños y humildes que no han sucumbido al encanto de la mentira. Mientras que los ídolos vuelven mudos, ciegos, sordos, inmóviles a quienes les sirven (cf. Sal 115,8), los pobres de espíritu están inmediatamente abiertos y bien dispuestos; son una fuerza silenciosa del bien que sana y sostiene el mundo.

Es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerseDetenerse en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano, ante el hermano herido. El amor a Dios y al prójimo es un único amor. No tener otros dioses es detenerse ante la presencia de Dios, en la carne del prójimo. Por eso la oración, la limosna y el ayuno no son tres ejercicios independientes, sino un único movimiento de apertura, de vaciamiento: fuera los ídolos que nos agobian, fuera los apegos que nos aprisionan. Entonces el corazón atrofiado y aislado se despertará. Por tanto, desacelerar y detenerse. La dimensión contemplativa de la vida, que la Cuaresma nos hará redescubrir, movilizará nuevas energías. Delante de la presencia de Dios nos convertimos en hermanas y hermanos, percibimos a los demás con nueva intensidad; en lugar de amenazas y enemigos encontramos compañeras y compañeros de viaje. Este es el sueño de Dios, la tierra prometida hacia la que marchamos cuando salimos de la esclavitud.

La forma sinodal de la Iglesia, que en estos últimos años estamos redescubriendo y cultivando, sugiere que la Cuaresma sea también un tiempo de decisiones comunitarias, de pequeñas y grandes decisiones a contracorriente, capaces de cambiar la cotidianeidad de las personas y la vida de un barrio: los hábitos de compra, el cuidado de la creación, la inclusión de los invisibles o los despreciados. Invito a todas las comunidades cristianas a hacer esto: a ofrecer a sus fieles momentos para reflexionar sobre los estilos de vida; a darse tiempo para verificar su presencia en el barrio y su contribución para mejorarlo. Ay de nosotros si la penitencia cristiana fuera como la que entristecía a Jesús. También a nosotros Él nos dice: «No pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan» (Mt 6,16). Más bien, que se vea la alegría en los rostros, que se sienta la fragancia de la libertad, que se libere ese amor que hace nuevas todas las cosas, empezando por las más pequeñas y cercanas. Esto puede suceder en cada comunidad cristiana.

En la medida en que esta Cuaresma sea de conversión, entonces, la humanidad extraviada sentirá un estremecimiento de creatividad; el destello de una nueva esperanza. Quisiera decirles, como a los jóvenes que encontré en Lisboa el verano pasado: «Busquen y arriesguen, busquen y arriesguen. En este momento histórico los desafíos son enormes, los quejidos dolorosos —estamos viviendo una tercera guerra mundial a pedacitos—, pero abrazamos el riesgo de pensar que no estamos en una agonía, sino en un parto; no en el final, sino al comienzo de un gran espectáculo. Y hace falta coraje para pensar esto» (Discurso a los universitarios, 3 agosto 2023). Es la valentía de la conversión, de salir de la esclavitud. La fe y la caridad llevan de la mano a esta pequeña esperanza. Le enseñan a caminar y, al mismo tiempo, es ella la que las arrastra hacia adelante.[1]

Los bendigo a todos y a vuestro camino cuaresmal.

Francisco

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[1] Cf. Ch. Péguy, El pórtico del misterio de la segunda virtud, Madrid 1991, 21-23.

"Si me buscáis de corazón, me encontraréis"
(Jeremías 29, 13)

El Señor quiere hacerse el encontradizo con tu familia. ¿Y vosotros? ¿Queréis buscarle? Sin duda, este Encuentro es una oportunidad para responder a esta llamada del Señor, que quiere habitar en tu casa y hacer nuevas todas las cosas en tu familia... ¡Anímate y ven con tu familia!

En un ambiente de acogida y fraternidad compartiremos tiempo de oración, predicación, compartir, testimonios, Eucaristía y Adoración. Habrá espacios para toda la familia, matrimonios y actividades para niños y adolescentes.
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  • El coste del encuentro por FAMILIA es de 85€: comida y cena del sábado + comida del Domingo.
  • A los que venís de otras provincias os alojamos en nuestras casas.
  • El Encuentro termina el Domingo después de la comida.
  • La inscripción es obligatoria en este enlace: https://forms.gle/M9DCJNLhF4pn7eNc6
¡Difundid y animad a otras familias!
¡Os esperamos!

  
       El noviazgo es el tiempo en el cual los dos están llamados a realizar un trabajo compartido sobre el amor; un trabajo en profundidad. Se descubren poco a poco el uno al otro.  El hombre ‘aprende’ acerca de esta mujer, su novia; y la mujer ‘aprende’ acerca de este hombre, su novio.      
     Desde esta perspectiva -apuntada por el Papa Francisco- hemos preparado 15 temas para ayudaros a verificar vuestro amor. Nuestra propuesta es acompañaros en este camino que tiene meta. La clave ha de ser el diálogo que estos temas, como etapas de un camino, susciten entre vosotros, los novios.

El ITINERARIO se desarrolla en ENCUENTROS MENSUALES
Estamos a vuestra disposición...
986.313.795   canacomunidade@gmail.com    636.086.986 (WhatsApp)
   
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"Aprender a amar a alguien no es algo que se improvisa 
ni puede ser el objetivo de un breve curso 
previo a la celebración del matrimonio
(Amoris laetitia 208)


Rialdarca, itinerario para NOVIOS 

Un sendero de poco más de un kilómetro, para personas de cualquier edad




     Hace dos años comenzamos a vivir en Santiago de Compostela un Encuentro de oración mensual, al que llamamos «Ruah», que nos reunió a cristianos de diferentes denominaciones. No fue un comienzo repentino... Surgió de personas que llevábamos ya tiempo pensando en crear un espacio de encuentro para responder a la oración de Jesús: «Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 21).

     Con el respaldo del Delegado de Ecumenismo y la presencia del entonces Obispo auxiliar -ahora nuestro Arzobispo-, D. Francisco Prieto, el 12 de noviembre de 2021 nos reunimos por primera vez (mayoritariamente hermanos carismáticos católicos y hermanos de otras denominaciones cristianas) para compartir lo que es común en todos nosotros: la oración, la alabanza y la proclamación de Jesucristo como Señor y Salvador. Así, cada mes, desde entonces, hemos seguido empeñándonos en eso: en orar juntos, leer juntos la Palabra de Dios que nos une, y compartir cada mes cómo ser testigos de Él en el mundo, cada uno allí dónde Dios le ha llamado y enviado.

    En Ruah ha existido una llamada especial desde el inicio: la de interceder juntos por esta ciudad, Santiago de Compostela, ciudad a la que acuden muchos y de muy lejos, buscando algo o a alguien, y que no todos consiguen descubrir: a Jesucristo, la persona buscada que les trae todo aquello que anhelan y llena sus vacíos.

     Cada mes, al orar e interceder juntos, somos signo visible de la rica diversidad que somos como Familia de Cristo, y avanzamos respetando las diferencias y celebrando lo que nos une como Pueblo de Dios. Porque la unidad de los cristianos es vital para la extensión y proclamación del Evangelio de Cristo. Sin ella, nuestra misión se debilita; con ella somos más fuertes, y Él mismo la respalda con Su autoridad.

      Llevamos ya dos años dejando que el Espíritu Santo nos impulse a caminar en una misma dirección: un camino de oración, de crecimiento y de proclamación del Evangelio de Cristo a las multitudes que no le conocen en Santiago... Y, desde aquí, al mundo, en unidad.

No es Tarzán esta vez quien me llama la atención, sino una parábola del Pastor de Hermas, una obra cristiana del siglo II que gozó de gran predicamento en los primeros siglos, pero no fue considerada parte del canon neotestamentario. Entre otras, cuenta la parábola de la Vid y el Olmo.

«Quisiera saber, Señor, -le dije- el ejemplo contenido en estos árboles de los cuales estás hablando». «Esta vid -dijo él- da fruto, pero el olmo es de un tronco que no produce fruto. Con todo, esta vid, a menos que se encarame por el olmo, no puede llevar mucho fruto cuando se arrastra por el suelo; y el fruto que produce entonces es malo, porque no está suspendida del olmo. Cuando la vid se adhiere al olmo, pues, da fruto de sí y desde el olmo. Ves, pues, que el olmo también da mucho fruto, no menos que la vid, sino más aún.» 

Luego continúa la analogía de cómo los ricos pueden ser la vid y los pobres el olmo.

¡Tenemos que dar tantas gracias a aquellos que aparentemente no dan fruto y están siempre ahí sacando lo mejor de nosotros! Hay muchos hermanos olmos sobre los que nos apoyamos continuamente. En nuestras familias hay olmos callados, aquellos que parece no florecen nunca, o simplemente nuestros mayores, o algún hijo que no destaca especialmente en nada. En nuestros Grupos de Oración también hay olmos aparentemente secos, con pocas hojas, pero con fuertes ramas necesarias ahora más que nunca. Todo aquel que quiera dar fruto necesita un hermano en el que apoyarse, un prójimo; porque el prójimo es el que se me presenta para hacerme salir de mí y dar mi mejor fruto. El Olmo puede representar a todos aquellos que son más presencia que acción, bien porque se encuentran en un momento de debilidad, marginación, contemplación o pueden ser el pequeño de la familia que sirve de resorte para dar lo mejor de mí mismo.

Todos nos necesitamos. La intercesión del pobre (olmo), como dice la parábola, es escuchada por Dios; y el rico (la vid) sale fortalecido por esta petición. El rico se ve beneficiado por la súplica del pobre cuando esta oración opera en él, moviéndole a actuar y librándose de la codicia, que sería su muerte. Eso es irse por las ramas del que nos necesita, pero a quién nosotros también necesitamos.

Podemos recordar dos Palabras que están en el corazón del mensaje cristiano: Mateo 5 y Mateo 25.

Mateo 5: Bienaventurados ¿Quiénes? Los que lloran, los perseguidos, los pobres, los que carecen de justicia. Nos unimos a ellos, porque cuando abrazamos sus ramas (aparentemente fracasadas para el mundo) nos elevan hacia la Vida. 

Mateo 25, 37:Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Vamos a pegarnos bien a todos los bienaventurados que encontremos cerca, en nuestras familias, grupos, barrios. Si trepamos por sus ramas abrazando con nuestra ternura y misericordia estos Olmos de Cristo que no tienen fruto aparente, nosotros encontraremos en ellos paradójicamente nuestros frutos de Vida

Hace unos días se fue a la casa del Padre nuestra amiga, madre y hermana Tina. No fue un funeral triste porque vimos sus sarmientos trepar desde la vid verdadera, Cristo (Jn 15), hacia las ramas que el Padre fue poniendo hasta el Cielo. También Tina supo ser olmo al final de sus días cuando ya no podía seguir trepando y sólo podía sostener a todos con su oración. En nuestro camino de peregrinos en modo vid o modo olmo (donde el Señor nos ponga en cada momento) vayamos dejando las manos vacías de tesoros mundanos y llenas de tesoros del cielo. Juntos en familia y comunidad nos ayudamos a ir por caminos y ramas que no hubiéramos nunca imaginado. Tenemos que irnos por la ramas como el Buen Samaritano (Lc 10, 25): los demás siguieron su camino recto, ortodoxo sin desviarse; él se mancha y huele a oveja, como dijo el Papa Francisco en la misa crismal de un Jueves Santo. Llorar con los que lloran, alegrarnos con los que están alegres y bendecir a los que nos persiguen, sí por estas ramas también hemos de ir, porque nos suben muy alto (Rom 12, 14).

 Antes de irme por...  os dejo la DINÁMICA:

1.  Nos preguntamos: ¿Qué realidades de los que me rodean me conmueven las entrañas y me llaman a dar frutos?

2.  Vamos dibujar un “Olmo” con varias ramas que representan situaciones que están pidiendo me adhiera a ellas para dar frutos. Situaciones de necesidad a mi alrededor: enfermedad, soledad, falta de trabajo, cariño, formación, acompañamiento, desarrollo de proyectos.

3.  Pegaremos en esas ramas los frutos que podemos dar en ellas (Gal 5, 22): amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí.

Fernando de Susana - Comunidade Caná 

 


    Ha llegado ya aquella luz verdadera que viendo a este mundo alumbra a todo hombre. Dejemos, hermanos, que esta luz nos penetre y nos transforme..
. . Del mismo modo que la Virgen Madre de Dios tomó en sus brazos la luz verdadera y la comunicó a los que yacían en tinieblas, así también nosotros, iluminados por él y llevando en nuestras manos una luz visible para todos, apresurémonos a salir al encuentro de Aquél que es la luz verdadera.
. . Ninguno de nosotros ponga obstáculos a esta luz y se resigne a permanecer en la noche; al contrario, avancemos todos llenos de resplandor; todos juntos, iluminados, salgamos a su encuentro y, con el anciano Simeón, acojamos aquella luz clara y eterna; imitemos la alegría de Simeón y, como él, cantemos un himno de acción de gracias al Engendrador y Padre de la luz, que ha arrojado de nosotros las tinieblas y nos ha hecho partícipes de la luz verdadera.
San Sofronio


 “Amarás al Señor tu Dios... 

y a tu prójimo como a ti mismo

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    La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos es una celebración ecuménica internacional que tiene lugar anualmente en torno a Pentecostés en el hemisferio sur y entre el 18 y el 25 de enero en el hemisferio norte.

     Con raíces que se remontan a más de cien años, la octava de oración ha sido encargada y preparada conjuntamente desde 1966, después del Concilio Vaticano II, por la Iglesia Católica Romana y el CMI (Consejo Mundial de las Iglesias). Un equipo de cristianos de Burkina Faso ha preparado el borrador básico de los materiales para este 2024, y un grupo internacional formado por representantes del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos de la Iglesia Católica Romana y de la Comisión de Fe y Constitución del CMI los finalizó.

   “Hemos sido invitados a vivir la llamada divina a amar a Dios y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Al renovar nuestro compromiso con esta vocación, pedimos que este amor fortalezca nuestra unidad como cristianos”.

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