Comunidade Caná

Comunidad Católica de Alianza integrada por familias en el seno de la Renovación Carismática


     Del 27 al 29 de abril  (2018) celebraremos en Murguía (Álava) nuestro Encuentro de Comunidad. LoEncuentros comunitarios son mensuales; normalmente, de fin de semana. En todos ellos hay oración, revisión de vida, formación, participación en la Eucaristía dominical y preparación de las acciones pastorales y de evangelización que lleva a cabo la Comunidad. Los niños y jóvenes se integran en las reuniones en momentos de oración, ayudando a los adultos en actividades domésticas u organizativas y realizando actividades formativas adecuadas a su edad.

   
 La Comunidad acoge la singularidad de cada familia, creando unas relaciones fraternas, aprendiendo unos de otros en la oración y el compartir humano, espiritual y material, en la línea de las primeras comunidades cristianas (Hech 2). Cada familia de la Comunidad camina como Iglesia doméstica. Nuestro modelo es la Familia de Nazaret. Hacemos oración en familia al terminar el día: Rosario, Vísperas, lectura de la Biblia acorde con los tiempos litúrgicos...

    Cada familia se compromete a rezar por las otras familias de la Comunidad y a mantener una comunicación cercana, tanto los adultos como los jóvenes y los niños, a visitarnos unos a otros y compartir de cerca nuestras dificultades y alegrías, luces y sombras... Es motivo constante de nuestro compartir, en primer lugar, nuestra propia vida -para crecer espiritualmente y dar mayor gloria a Dios- y, en segundo lugar, nuestro servicio a la Iglesia.

    Todas las familias necesitamos un espacio de intimidad y un espacio de apertura a los otros. Es importante mantener estas distancias. Cada familia ha de ir haciendo su propio camino con el Señor: camino de amor y oración, acción y contemplación, vida familiar y vida de servicio a la Iglesia. Comunidade Caná es una comunidad de comunidades.

   Propiciamos la formación cristiana de todos los miembros de la Comunidad. Una formación bíblica, doctrinal y espiritual que va encaminada a servir a la Iglesia, fundamentalmente en el campo de la familia. Se cuida de modo especial el trato con los sacerdotes.

   Cuando así lo pide una familia, la Comunidad trata de potenciar, apoyar y ayudar la acción evangelizadora que está realizando en el lugar donde vive. La Comunidad va creando un estilo evangelizador propio que tiene como elementos principales la oración y el testimonio.

     La familia que vive la Fe, la transmite “engendrando” esa Fe en sus hijos. La Fe debe impregnar el corazón de la vida familiar. Somos familias contra-corriente. Tenemos que enseñar a nuestros hijos a ir contra-corriente... Y sólo hay un camino para enseñar eso: ir nosotros. Para ello, hemos de tener respuesta a la pregunta sobre el sentido de nuestra vida. Los padres somos la principal referencia de nuestros hijos. Si somos referencia, les estamos dando seguridad. Dar referencias no es dar siempre protección (aunque también hay que darla). 
      ¿Hay coherencia en nuestra vida? Si no la hay, ellos son los primeros en detectarla. 

      Una familia cristiana sola (familia contra-corriente) se debilita, se acomoda a una fe socialmente establecida, a unos ritos... y pierde la vitalidad y la audacia del Espíritu. La pareja necesita de hermanos -otros matrimonios- que puedan compartir nuestra vida espiritual y humanamente. Nuestros hijos necesitan conocer otras familias cristianas. Otros padres que son "raros" como los suyos. Otros niños/as de su edad que tienen una familia donde también se bendice la mesa, se reza, se habla de Dios, se escucha música cristiana.  
      ¿Tenemos nosotros unos amigos en el Espíritu que nos ayuden a crecer? ¿Personas que sean también mirada exterior que nos acompaña espiritualmente y nos ayuda cuando no vemos el camino a seguir? 

      El Domingo: día del Señor, en el que juntos participamos en la Eucaristía. Día de fiesta en casa, día de estar en compañía y disfrutar de las cosas que Dios nos ha dado. Nuestros hijos, desde que nacen, tienen que vivir la realidad del Domingo. No lo paganicemos. Tiene una gran importancia en el crecimiento espiritual del niño/a. 
        ¿Cómo vivimos espiritualmente el Domingo? ¿Somos conscientes de su importancia para nuestros hijos/as? 

      Dios quiere hacerse presente en nuestra casa. Es urgente recuperar la oración familiar. Sigue siendo verdad la frase: "Familia que reza unida, permanece unida". Es necesario que los padres luchen por conquistar cada día este tiempo para Dios. Es tiempo que cura, limpia, serena... a toda la familia. Cuando una familia se reúne cada noche en el salón de su casa para rezar -aunque sólo sean cinco minutos-, Dios mismo se hace presente allí donde vivimos y Él viene a dar a cada uno lo que necesita.
    - Momento breve pero intenso: Un misterio del rosario, un canto, un salmo, unas peticiones por cada miembro de la familia, también petición de perdón de unos para otros, una cita bíblica, etc.
    - A veces, debemos unir la oración a un momento de diálogo o de cercanía y alegría de vivir juntos y ser de la misma familia. 
    - La oración familiar diaria es como gota de agua que constantemente cae sobre la roca dura y fría de nuestros corazones y de nuestra vida cotidiana. 
      ¿Cómo va nuestra oración familiar? Si en estos momentos no existe, ¿cuándo pensamos empezarla o reanudarla? 


Si vosotros, matrimonios cristianos, os sentís llamados a vivir vuestra vida de fe con otras familias y no sabéis cómo hacerlo, aquí tenéis una manera de empezar.


ENCUENTROS ABIERTOS, cada MES, 
a cualquier familia que quiera participar 
Niños - Jóvenes - Mayores
PRÓXIMO ENCUENTRO: 28 de abril 2018
Casa Rectoral de la Parroquia de Tirán (Moaña)
¡No es bueno que  tu FAMILIA esté sola!

¿Quieres más información?
Eva y Nacho: egmolinos@gmail.com





     Estos materiales didácticos están destinados a que nuestros niños y niñas aprendan a valorar la vida humana. Pueden aplicarse en el marco de la Catequesis Parroquial, en la clase de Religión, en grupos de familias... o, simplemente, en casa.

    Es tiempo de felicitarnos por toda vida humana que viene a este mundo. Porque hay mucha Vida en cada vida, la Iglesia nos propone la Jornada por la Vida, Solemnidad de la Anunciación del Señor.

Darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús 
(Lc 1, 31)
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Hemos editado un cuaderno de fichas, un cuaderno del catequista y un desplegable.
Se pueden adquirir por separado y a muy buen precio. 
Información y pedidos: 986.313.795 -  cana@comunidadecana.org  



         Los miembros de Comunidade Caná tenemos un ENCUENTRO mensual de fin de semana. Además, en el caso de las familias que vivimos cerca, buscamos otros momentos para orar juntos y compartir... Le llamamos CASA de ORACIÓN: un ENCUENTRO de dos o tres horas en casa de alguna de las familias de la Comunidad. El próximo será, Dios mediante, en CASA de la Familia Rodríguez González (Moaña) el viernes 4 de mayo.
            
           
    Manuel Blanco, Delegado de Comunicación del Arzobispado de Santiago, nos ha pedido -como comunidad carismática- que en la Solemnidad de la Ascensión del Señor, 13 de mayo, le acompañemos en la Eucaristía que, como cada Domingo a las 10:00, se emite por la TVG desde la parroquia de S. Fructuoso.


"Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos 
y confirmaba su predicación con los milagros que hacían." (Mc 16, 20)


    Benedicto XVI ha venido insistiendo repetidamente en la necesidad de una adecuada preparación al MATRIMONIO, resaltando la importancia de este sacramento que une para siempre a un hombre y una mujer sobre quienes se constituye la familia.
      El Papa emérito explica que "el derecho a casarse conlleva el derecho a celebrar un matrimonio auténtico. No se negaría por tanto un matrimonio allí donde evidentemente no existieran impedimentos para su ejercicio, es decir, se cumplieran la capacidad, la voluntad de los cónyuges y la realidad natural del matrimonio". Un serio discernimiento en este aspecto, dice, evitará que "impulsos emotivos o razones superficiales induzcan a los dos jóvenes a asumir responsabilidades que después no sabrían desempeñar". Por ello, "matrimonio y familia son instituciones que deben ser promovidas y defendidas de cualquier tipo de equívoco sobre su verdad". 
   En cuanto a la preparación para el sacramento del matrimonio -descrita ya por S. Juan Pablo II en la exhortación apostólica Familiaris Consortio-, Benedicto XVI afirma que "el objetivo inmediato de tal preparación es el de promover la libre celebración de un verdadero matrimonio". 

    Próximas Catequesis de Preparación al Sacramento del Matrimonio impartidas por Comunidade Caná:

  • 12 de mayo en SANTIAGO DE COMPOSTELA – Parroquia de Santa Marta.
  • 19 de mayo en CARBALLO – Parroquia de San Xoán Bautista.
  • 9 y 10 de junio en TIRÁN, MOAÑA - Parroquia de San Xoán.
  • 23 de junio en BOIRO - Parroquia de Santa Eulalia.


    Los días 9 y 10 de junio de 2018 tendremos, Dios mediante, un nuevo ENCUENTRO de FAMILIAS INVENCIBLES... ¡en AlemaniaHace ya tiempo que, en Frankfurt, se están reuniendo regularmente un grupo de familias, animadas por la Familia Wagener Díez. Se nota el amor y la alegría fraterna. Como el pasado año, una familia de Comunidade Caná irá desde Galicia para participar en este Encuentro.



  

XVIII Encuentro de Verano de Familias Invencibles
8-12 de agosto de 2018
Pazo Pías - A Ramallosa / Pontevedra

     El Papa Francisco quiere familias que sigan siendo “una buena noticia para el mundo de hoy”. “Nos podríamos preguntar: ¿El Evangelio sigue siendo alegría para el mundo? Y también: ¿La familia sigue siendo una buena noticia para el mundo de hoy? ¡Yo estoy seguro de que sí!”, sostiene el Papa, quien afirma “el compromiso de Dios con una humanidad a menudo herida, maltratada y dominada por la falta de amor”.


IX Encuentro Mundial de las Familias
21-26 de agosto de 2018  ·  Dublín / Irlanda



Un miembro de nuestra Comunidad -Inma- ha hecho, desde octubre de 2016, el curso de Experto y Máster de Coaching Familiar organizado el Instituto da Familia de Ourense. Este segundo año hemos participado cuatro hermanos: Miguel, Jose, Montse y Javier

En Caná vivimos la formación como una imperiosa necesidad encaminada a servir a la Iglesia, fundamentalmente en el campo de la familia, que es nuestra llamada; por eso no podemos dejar pasar esta formación que el Instituto da Familia de Orense está brindando.

El Coaching Familiar es una modalidad de Coaching, fundamentado en la antropología personalista, que proporciona una visión integral de la persona en comunidad, ofreciendo instrumentos y  métodos de acompañamiento de las personas en familia y de la familia misma, con el objetivo de apoyarles e impulsarles en su pleno desarrollo.

Haciendo realidad la Exhortación Apostólica «Amoris Laetitia»
«Las respuestas a las consultas también expresan con insistencia la necesidad de la formación de agentes laicos de pastoral familiar con ayuda de psicopedagogos, médicos de familia, médicos comunitarios, asistentes sociales, abogados de minoridad y familia, con apertura a recibir los aportes de la psicología, la sociología, la sexología, e incluso el counseling. Los profesionales, en especial quienes tienen experiencia de acompañamiento, ayudan a encarnar las propuestas pastorales en las situaciones reales y en las inquietudes concretas de las familias». Papa Francisco. 204 de la Exhortación Apostólica «Amoris Laetitia».






  
    Comunidade Caná es una Comunidad Católica de Alianza integrada por familias en el seno de la Renovación Carismática, corriente de gracia suscitada por el Espíritu Santo tras el Concilio Vaticano II en las diferentes confesiones cristianas. Está reconocida canónicamente por el Arzobispado de Santiago de Compostela, donde ha nacido la Comunidad.
     Actualmente, la Comunidad está formada por 11 familias de distintos lugares de España. Contamos también con familias y personas colaboradoras que nos ayudan en los proyectos comunitarios.

     Somos una comunidad de familias. El objetivo no es vivir bajo el mismo techo, sino crecer en familia: que cada familia se sienta fortalecida en su vida de fe, apoyada en las decisiones humanas que debe tomar e impulsada a caminar como familia cristiana en medio del mundo. Cada familia vive de su trabajo diario y está enraizada en un lugar determinado, integrándose en la vida parroquial y construyendo una vida humana y espiritual estable y equilibrada; tiene, por otro lado, plena autonomía para tomar las decisiones que exige su vida familiar, como comunidad que es -“Iglesia doméstica”- dentro de una comunidad mayor.


      He aquí el doble llamamiento que hemos recibido:
  Vivir en fraternidad para ser testigos de que Cristo vive y es la salvación del mundo y de las familias hoy. Nuestra espiritualidad es la propia de la Renovación en el Espíritu Santo, abierta a nuevos caminos en la espiritualidad familiar.
  Evangelizar movidos por el Espíritu; buscando siempre nuevas formas de proclamar el kerigma y anunciar el mensaje del Evangelio; en equipo y utilizando la oración, el testimonio, la música y la intercesión; sirviendo a la Iglesia Diocesana, en cercanía y colaboración con los sacerdotes y parroquias más necesitadas.
      Nuestro gran reto ante el mundo moderno no consiste en resolver los incontables problemas que surgen en las familias, sino en reconocer el Don que Dios regala y hacerlo fructificar. Es un reto de dimensión divina pero que está a nuestro alcance, porque Dios mismo lo acompaña y lo hace madurar.
     La ideología de la postmodernidad niega la verdad en lo concreto de la vida de las personas: el cuerpo pierde su lenguaje y el tiempo queda fragmentado en instantes; el resultado son personas desintegradas, debilitadas y manipulables. Como Iglesia de Cristo, Comunidade Caná está llamada a ser una pequeña luz que desenmascara esta ideología. En nuestros matrimonios y en nuestras familias aparece la verdad; no de modo abstracto, sino como la verdad del amor, un amor capaz de durar y ser fecundo. De este modo, por la acción del Espíritu Santo, nuestra pequeña Comunidad se convierte en un lugar para ofrecer, a hombres y mujeres del siglo XXI, el espacio y el tiempo del Evangelio.


    CCaná acoge la singularidad de cada familia, creando unas relaciones fraternas, aprendiendo unos de otros en la oración y el compartir humano, espiritual y material, en la línea de las primeras comunidades cristianas. Cada familia de la Comunidad camina como Iglesia doméstica. Nuestro modelo es la Familia de Nazaret. 
    Cada familia se compromete a rezar por las otras familias de la Comunidad y a mantener una comunicación cercana, tanto los adultos como los jóvenes y los niños, a visitarnos unos a otros y compartir de cerca nuestras dificultades y alegrías, luces y sombras... Es motivo constante de nuestro compartir, en primer lugar, nuestra propia vida -para crecer espiritualmente y dar mayor gloria a Dios- y, en segundo lugar, nuestra acción pastoral y evangelizadora. 


     Entre nuestras publicaciones, sobresale el libro Amar para siempre, del que hemos distribuido ya más de cinco mil ejemplares y estamos a punto de publicar una nueva edición actualizada y ampliada. Otros libros de la Comunidad son:


    Es de todos conocido el infernal encarnizamiento con que escritores y enemigos de Dios y de la sociedad trabajan por socavar el edificio social, destruyendo la indisolubilidad del Matrimonio.
    Con una fuerza de lógica que nos parece irresistible, se apoyan en la imposibilidad del hombre, dejado a sí mismo, de cumplir las obligaciones de un estado que pide una constancia de voluntad y un imperio sobre las pasiones superior a las fuerzas ordinarias de la naturaleza. Imposible refutar con éxito tal argumento, si se rechazan las enseñanzas de Jesucristo y se sustrae el Matrimonio al influjo sobrenatural de la gracia. Demostrar que la indisolubilidad del Matrimonio es una institución necesaria para la conservación de la familia y el verdadero progreso de la sociedad, es fácil; pero esto no prueba que esté, en manos del hombre dejado a sí mismo, hacerlo. ¡Cuántas cosas necesarias no puede el hombre conseguir y conservar con sus propias fuerzas!

   Estamos, pues, en presencia de uno de esos enigmas sociales cuya única solución está en el Corazón de Jesús; solución sublime y consoladora en teoría y realizable en la práctica, como la constante experiencia de diecinueve siglos lo ha ido demostrando. Lo que el corazón humano no puede encontrar en sí, la entrega perfecta a otro, la abnegación, la fidelidad inviolable, la inalterable ternura, lo concede la caridad de Corazón de Jesús a los que se unen a Él. ¡Gran Dios! ¿Es posible que la sociedad titubee todavía, después de tan largas experiencias, y en presencia de peligros que, si profana el Matrimonio, le amenazan? ¿Es posible que, cuando el Vicario de Jesucristo le recuerda, como en la célebre Encíclica de 8 de diciembre de 1864, las condiciones vitales del Matrimonio cristiano, rechace sus saludables enseñanzas como un atentado contra el moderno progreso, en vez de recibirlas con agradecimiento?
   Por lo menos nosotros, cristianos, sabemos qué hemos de pensar acerca de tan importante materia y entendemos qué es el Matrimonio sin Jesucristo y con Jesucristo. Sin Él, es una sociedad sin fundamento ni suficientes garantías de duración; yugo intolerable frecuentemente y -más frecuentemente aún- asociación puramente exterior en la que ninguna parte toman los corazones. Con Él, el vínculo sagrado que une los corazones y los purifica y santifica y aumenta sus fuerzas y mitiga sus dolores y acrecienta las alegrías del hogar doméstico haciéndolas más meritorias y los prepara para gustar en el cielo las delicias de la unión del Hijo de Dios con su Iglesia, cuya imagen viva es el mismo sacramento en este mundo.

 P. Enrique Ramière, El Corazón de Jesús y la divinización del cristiano, pág. 931


“Porque los dones y la llamada de Dios son irrevocables”  (Rom 11, 29)

           Me llamo Santiago y nací en el seno de una familia católica. Desde pequeño me educaron (con la mejor de la intenciones y fruto de la fe heredada) en una fe en la que había que ser bueno y rezar mucho para agradar a un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos.
            A los catorce años ingresé en el Seminario porque desde pequeño sentía deseos de ser sacerdote. Allí esa forma de ver la fe y mi relación con Dios estaba orientada hacia una vida sacerdotal que buscaba sacerdotes santos (como tienen que ser). Rezábamos, estudiábamos, asistíamos a retiros mensuales, ejercicios espirituales, hacíamos deporte, teníamos ratos de ocio y diversión… Pero en el fondo yo estaba actuando movido por mis propios esfuerzos más que apoyándome en la Gracia de Dios; ésto hizo que poco a poco me fuera cansando y perdiendo aquella ilusión que tenía desde pequeño en ser sacerdote…
            Acabé yéndome del Seminario, mintiéndome con muchas excusas para justificar mi dejadez y abandono. Una de ellas fue que me iba al servicio militar para hacer un paréntesis y tomar fuerzas de cara a volver al Seminario. Allí estuve destinado como monaguillo en la iglesia castrense. Se me hizo dura la estancia allí, la soledad (a pesar de estar rodeado de compañeros) identifiqué aquello con la idea que eso sería lo que me esperaba en el futuro si me hacía sacerdote… Un día me puse delante del sagrario y, muy enfadado, le dije al Señor: ¡Pasa de mí! Y me fui muy enfadado y triste… Era un figurante en las eucaristías… asistía, ayudaba en las celebraciones, respondía –que no rezaba-, no comulgaba, la verdad es que me daba igual, sólo cumplía con mi destino militar de monaguillo… Estaba deseando que terminase mi cautiverio e irme a mi casa.
   Finalizada la mili empecé a llevar una vida en la que Dios no tenía sitio. Durante unos dieciséis años busqué llenar mi corazón con todo tipo de cosas que cualquier joven tenía a su alcance, excepto las drogas –gracias a Dios-, y no porque no hubiera ocasiones para ello. Dios era irrelevante, incluso me había vuelto en contra de Él. En el fondo, ese resentimiento hacia el Señor era la manera que tenía yo de desplazar mis frustración porque no tenía fuerzas para haber respondido a su llamada, me revelaba, no quería ser sacerdote así, me horrorizaba la soledad, en vez de pedir su gracia me dejaba llevar por la comodidad y la pereza.
  Alguna vez asistía a misa algún domingo, sentía necesidad de Dios, pero mi pecado y mis heridas me impedían acercarme más a Dios… “¿cómo me va a perdonar Dios con todo esto que llevo a mis espaldas? ¿cómo me voy a salvar si es para mi imposible ser fiel al Señor? No hay esperanza posible para mi, soy un caso perdido…” Todo ésto me desanimaba todavía más.

            Sentía que mi vida no encajaba en medio del mundo, había tenido un par de novietas pero no acaba de sentirme lleno, no tenía sentido, me faltaba algo. Empecé a buscar y esa búsqueda me llevó a reencontrarme con un sacerdote que me conocía y empezamos a quedar y hablar. En una de esas conversaciones recuerdo que le dije si a lo mejor no debería retomar el tema sacerdotal que era algo que me ilusionaba de pequeño y que aún estaba ahí, que a veces me lo planteaba. Su respuesta fue que lo primero que tenía que hacer era tener relación con el Señor, eso era lo más importante, que no corriera, que a lo mejor no era lo mío porque estando alejado de Dios era difícil poder pensar que Dios me llamase al sacerdocio…
   Empezamos a vernos con más frecuencia para charlar, me habló de la Renovación (ya conocía por un grupo de Coruña, cuyo nombre no recuerdo, al que había conocido por una convivencia que habíamos organizado en su parroquia y habíamos coincidido con ellos… si recuerdo que me habían parecido una “panda de chiflados” –fruto de la soberbia espiritual que yo padecía- en otra ocasión haciendo un vía crucis al Monte Xestoso, en Moaña, los del Grupo de Oración de San Martiño habían llegado antes que nosotros y cuando nosotros estábamos llegando a la cruz nos aplaudían y estaban cantando con guitarras y pensé para mi: ¿pero ésta gente tiene idea de lo que significa un vía crucis? ¿porqué narices nos aplauden?... Vamos que mi concepto de la Renovación no era muy positivo que digamos… Me creía superior y hasta me reía de sus miembros, ¡pobrecitos, están chiflados!
          Intentaba llevar una vida cristiana pero no acaba de arrancar, hablaba con este sacerdote él me escuchaba todas mis tribulaciones, me animaba a confesarme y acercarme a Dios, pero en el fondo yo no me dejaba ayudar del todo, quería pero no podía, había heridas internas que necesitaban ser curadas pero yo me resistía a ser ayudado, esas heridas eran más fuertes que yo y no me dejaban acercarme a Dios y pedir que me sanase y me perdonase. En el fondo el no aceptarme tal y como yo era, mi concepto de Dios exigente y justo hacían que me entristeciera y no acabara de dejarme sanar.
            Un día me invitó a que asistiese a una Asamblea de la Renovación, hasta el sábado no nos acercamos al parque de atracciones a coger las acreditaciones (a todo esto no habíamos reservado nada con lo que podría ser que no tuviéramos ninguna posibilidad de entrar, pero sí, sí había acreditaciones)… Entramos, la verdad es que estaba cortado ¿qué hacía yo allí en medio? Intentaba rezar, hacerme pasar por uno más… Menudo rollo que estaba soltando un fraile todo vestido de blanco, que decía que era del Real Madrid, a mi que soy culé, ya me empezaba a brotar la soberbia que llevo dentro, que si niveles de evangelización que no recuerdo cuáles eran… después eucaristía… recuerdo que me daba mucha vergüenza el hecho de que no podía comulgar porque no estaba en gracia de Dios, y para no pasar vergüenza en el momento de la comunión me fui a esconder en el cuarto de baño… Más enseñanzas, yo allí cansado, aburrido… Por la tarde lo de la Alabanza con cantos y bailes de aquí para allá me cabreó sobremanera, recuerdo una canción sobre un tren… y yo perplejo me decía: ¡pero si ya lo sabía, si estos tíos están chiflados!¡si es que soy tonto!... Creo que la cara de mala leche que le ponía al que esta mi lado (cuando estaban cantando lo de  Resucitó yendo y viniendo de derecha a izquierda) no se le pudo olvidar en la vida, esa cara en plan si te acercas a mi te la cargas… de hecho el pobre solo podía alabar al Señor hacia su izquierda, pues hacia su derecha me tenía a mi cabreado y con ganas de largarme de allí y de que no me tocaran las narices.
            Acabada la Alabanza vino la Adoración... Tras el numerito anterior, mi sentimiento era, bueno a ver si pasa y  nos vamos por donde hemos venido que ya he tenido bastante. Pero, al final, acabé la Adoración postrado ante Jesús, dándole gracias por ese día.

       Después de aquella experiencia, empecé a asistir a misa los domingos, un tanto a escondidas; me daba vergüenza en casa que supieran que iba a misa, procuraba quedar más con mi amigo sacerdote para charlar… pero todavía quedaban cosas en mi interior que sanar, cosas que me impedían acercarme del todo al Señor y sobre todo recibirle… , lo mío era como el Guadiana, que aparece y desaparece, mi trato con el señor estaba marcado por mi falta de esperanza y de fe. Pasó un tiempo y el Señor me dio la Gracia de la valentía para confesarme, reconocerme pecador y reconciliarme con él…
        Fue un momento de una gran alegría, a partir de ahí pude recibir al Señor con más frecuencia, y empezar a tratar de discernir mi futuro como sacerdote arropado por un grupo de sacerdotes, con una dirección espiritual frecuente, y por la oración de mucha gente querida que sabía que estaba en este proceso de discernimiento.
        En todo este tiempo estaba pidiéndole al Señor fuerzas para caminar, que yo no podía, le decía que me sanase de todo aquello que me apartaba de Él… tenía miedo a la soledad, en la oración fui descubriendo que no tenía que tener miedo… y me empecé a sentir lleno de paz.
          Con la oración y el acompañamiento espiritual fui teniendo más claro cada día estas palabras:  “No temas, el Señor es el dueño de tu soledad y tu vida, Él toma tu Soledad por ti”, en ese momento descubrí que aquello era así, no estaba solo, el Señor me hizo ver que él tomaba mi soledad por mi, ahora SÉ que está vivo y resucitado y que ha actuado en mi vida que es mi Señor y mi Salvador, y que con la ayuda de su Gracia todo lo puedo, que Dios tiene sus tiempos. Al final de este proceso he tomado la decisión de volver al Seminario, muy contento  y por ello  puedo decir: ¡¡¡GLORIA A DIOS!!!


     Hagamos que la oración, la misericordia y el ayuno sean los tres juntos nuestro patrocinio ante Dios, los tres juntos nuestra defensa, los tres juntos nuestra oración bajo tres formas distintas. 

    Reconquistemos con nuestro ayuno lo que perdimos por no saberlo apreciar; inmolemos con el ayuno nuestras almas, ya que éste es el mejor sacrificio que podemos ofrecer a Dios, como atestigua el salmo: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.

     Hombre, ofrece a Dios tu alma, ofrécele el sacrificio del ayuno, para que sea una ofrenda pura, un sacrificio santo, una víctima viva que, sin salirse de ti mismo, sea ofrecida a Dios. No tiene excusa el que niega esto a Dios, ya que está en manos de cualquiera el ofrecerse a sí mismo. Mas, para que esto sea acepto a Dios, al ayuno debe acompañar la misericordia; el ayuno no da fruto si no es regado por la misericordia, se seca sin este riego: lo que es la lluvia para la tierra, esto es la misericordia para el ayuno. Por más que cultive su corazón, limpie su carne, arranque sus malas costumbres, siembre las virtudes, si no abre las corrientes de la misericordia, ningún fruto recogerá el que ayuna.

    Tú que ayunas, sabe que tu campo, si está en ayunas de misericordia, ayuna él también; en cambio, la liberalidad de tu misericordia redunda en abundancia para tus graneros. Mira, por tanto, que no salgas perdiendo, por querer guardar para ti, antes procura recolectar a largo plazo; al dar al pobre das a ti mismo, y lo que no dejas para los demás no lo disfrutarás tú luego.

De los Sermones de S. Pedro Crisólogo, obispo

"Discípulos misioneros en comunidad"
Jornada Diocesana de asociaciones y movimientos laicales
Sábado de la Octava de Pascua (7/4/2018) -  Seminario Menor de Belvís
http://laicosarchicompostela.com/

    Con el objetivo de poner en valor el laicado y de que movimientos y asociaciones de la Archidiócesis de Santiago nos conozcamos y colaboremos más estrechamente, poniendo en común nuestros diferentes carismas, nos reuniremos, convocados por el Delegado de Apostolado Seglar, Acción Católica, ACDP, ANE, AMFE, Comunidade Caná, Cursillos de Cristiandad, ENS, Familias Invencibles, Hospitalidad de Lourdes, Legión de María, Movimiento Cultural Cristiano, RCCE, Talleres de Oración y Vida, Vida Ascendente... junto a nuestros obispos, D. Julián y D. Jesús.

¡Ven, Espíritu Santo!