Comunidade Caná

Comunidad Católica de Alianza integrada por familias en el seno de la Renovación Carismática

¿Necesitas conocer de primera mano a aquellos que son testigos de la Resurreción de Jesús?

 

 Hoy en la Comunidad -junto a todos los cristianos del mundo- estamos celebrando que Jesús ha resucitado. No es solo vivir una liturgia, es celebrar que la Vida de Jesús nos ha traido Vida donde había muerte en nosotros. De ahí nuestra alegría desbordante.
Somos familias con vidas normales, con problemas cotidianos, y con una historia que podía haber tenido un final fatal.
Si en estos momentos, al leer esto, necesitas creer que puede haber una Alegría abundante en tu vida, y que Jesús te trae fuerzas y libertad para afrontar todos los problemas sean estos pequeños o grandes, escucha a estos testigos, escucha lo que cuentan de sus vidas.


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 'El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga' (Mt 16, 24)



     No se trata de una cruz ornamental, o ideológica, sino es la cruz de la vida, es la cruz del propio deber, la cruz del sacrificarse por los demás con amor, por los padres, por los hijos, por la familia, por los amigos, también por los enemigos; la cruz de la disponibilidad a ser solidario con los pobres, a comprometerse por la justicia y la paz. 

    En el asumir esta actitud, estas cruces, siempre se pierde algo. No debemos olvidar jamás que ‘el que pierda su vida -por Cristo- la salvará’. Es perder... para ganar. Y recordemos a todos nuestros hermanos que todavía hoy ponen en práctica estas palabras de Jesús, ofreciendo su tiempo, su trabajo, sus fatigas e incluso su propia vida para no negar su fe a Cristo.

Comunidade Caná

    Jesús, mediante su Santo Espíritu, nos dará la fuerza de ir adelante en el camino de la fe y del testimonio: hacer aquello en lo cual creemos; no decir una cosa y hacer otra. Y en este camino siempre está cerca de nosotros y nos precede la Virgen: dejémonos tomar de la mano por ella, cuando atravesamos los momentos más oscuros y difíciles.

     El Evangelio nos llama a confrontarnos, por así decir, ‘cara a cara’ con Jesús.

Papa Francisco, 19-6-2016

Yo creo que para crecer en la esperanza lo que hay que hacer es darla. Porque las cosas de Dios funcionan así, según me doy, Dios me devuelve el ciento por uno.

 

 Durante todos estos sábados de Cuaresma que llevamos (I-IV), el Señor tiene la misma palabra para nosotros. “Purificaos”. El Señor nos conoce, sabe que necesitamos que nos repita las cosas y por eso insiste.

En este mensaje el Papa nos hablaba de 3 actitudes que debemos tener:

  • Renovar la fe.
  • Saciar nuestra sed con el agua de la esperanza.
  • Recibir con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos.

Y como aperitivo, empezaba diciendo “La luz de la Resurrección anima los sentimientos, los deseos y las decisiones de quien desea seguir a Cristo”. Y yo también añadiría, de los que desean convertirse. Es la Luz que ilumina y nos hace permanecer peregrinando. Como estamos proclamando en uno de los himnos de laudes de esta cuaresma: “aunque arduos son nuestros caminos, sabemos bien dónde vamos”.

Renovar la fe

La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos de ella. Dice el Papa que acoger y vivir la Verdad es dejarse alcanzar por la Palabra de Dios. ¡Qué manera más bonita de expresarlo! Dejarnos alcanzar por la Palabra.

Bien pues aquí tendríamos que hacer un alto y revisarnos. Porque os recuerdo que estamos en plena peregrinación hacia la conversión. Si en nuestro día a día no dedicamos un tiempo a dejarnos alcanzar por la Palabra de Dios, la Verdad no se nos está manifestando y muy difícilmente podremos crecer en la fe. El Señor nos espera, no pasa nada, pero estás perdiendo el tiempo. Esto se resuelve fácilmente: adquiere el compromiso de dedicar un tiempo diario a la lectura de la Palabra de Dios, no digo lectura espiritual, digo Palabra de Dios.

Es que no tengo tiempo, ¡si supieras la vida que llevo! Te digo que no tienes tiempo porque lo pierdes. Los cristianos no podemos ser así, no podemos ser blandengues, no podemos poner estas cosas prioritarias y fundamentales para nuestra vida en la lista de espera.

 El Señor te llama a ti y cuando te llama no puedes decirle ¿por qué tengo que ser yo, no había otro?, ¿o eso es lo que quieres? 

Así que la primera propuesta es renovar nuestra fe alimentándonos de la Palabra de Dios.

La segunda es saciar nuestra sed con el agua de la esperanza

Seguimos caminando por esta Cuaresma movidos por la esperanza de la Resurrección. La Resurrección para un cristiano es lo que alimenta la esperanza. 

Sin embargo, especialmente en la época que estamos viviendo ahora, vamos por la vida como desesperanzados. ¿Dónde se nos nota a los cristianos que Dios sigue siendo Dios, con pandemia y sin pandemia, con trabajo y sin trabajo, con salud y sin salud? Algunos se preguntan en los momentos difíciles de la vida ¿dónde está Dios?

Es que si Dios tuviera la idea de bondad y de felicidad que tenemos nosotros, no habría entregado a su Hijo.

¿Sabes dónde está Dios? Dejándose crucificar por ti y resucitando por ti.

Si esto me lo creo, vivo la esperanza, pero no la vivo teóricamente, es el nuevo motor que me hace mover. Ahora que hablo de motor me acuerdo de los antiguos seiscientos. Era el coche de la familia en el que todos cabían, se le ponía una baca en el techo para llevar el equipaje y ¡hala! ¡Allá va! Cuando llegaba una subida, de las carreteras de entonces, el motor se calentaba mucho y el truco era poner una bolsa de trapo con arena húmeda encima del radiador para bajar la temperatura. Allí iba subiendo el seiscientos echando humo y los que lo veían decían no sube, no sube, no sube.

 Pue eso nos pasa a nosotros, no subimos, no subimos, porque no tenemos el motor de la esperanza. Este motor hace que nos movamos por la vida de otra manera y los demás lo ven y los demás quieren ese motor.

 Yo creo que para crecer en la esperanza lo que hay que hacer es darla. Porque las cosas de Dios funcionan así, según me doy, Dios me devuelve el ciento por uno. 

Otro ejercicio para lo que nos queda de Cuaresma (el primero era “adquiere el compromiso de dedicar un tiempo diario a la lectura de la Palabra de Dios”), es voy a transmitir esperanza, voy a desbordar esperanza. Qué típico de nosotros la respuesta cuando nos preguntan qué tal, decir bien, cansado, con mucho lío. ¿Dónde está la esperanza?, ¿qué esperanza estamos transmitiendo a los que nos preguntan?, con esas respuestas lo que les hago pensar es “pobre hombre, vaya vida que lleva”. ¿No sería más propio de un cristiano que nuestras respuestas animaran al que nos escucha y dijera “qué bien, qué alegría me das? Siempre que pienso en esto me acuerdo del diácono permanente de nuestra parroquia que cuando le preguntas ¿cómo estás?, su respuesta siempre es la misma: “entre muy bien y excelente, elige la que quieras”.

A lo mejor piensas, bueno este no sabe por lo que estoy pasando yo ahora. No pienses, si el Señor me ayuda, cuando me recupere de esto, todo cambiará. Te vuelvo a decir: estás perdiendo el tiempo. Dios te va a dar de beber mañana, hoy te está dando de beber. A la samaritana no la dijo, ven mañana.

La última propuesta que nos hacía el Papa era vivir el amor de Dios que nos hace hermanos

Nos pasa mucho y es que no nos dejamos querer. No nos dejamos querer por Dios y no nos dejamos querer por nuestros hermanos en la fe, incluso por nuestra propia esposa, esposo.

Esto es un proceso:

  1. Creer en el amor de Dios que es gratuito, no tengo que dar ni hacer nada a cambio. Puedes pensar bueno a ver si me centro un poco y empiezo a asumir esto. Escucha, no te tienes que centrar, Dios te ama aunque estés descentrado.
  2. Consentir ese amor y acogerlo. Abrirse a ese amor. Esto es muy importante porque una causa de no abrirnos totalmente al amor de Dios es el miedo. Es como aquél que dice que no se quiere enamorar porque le va a cambiar la vida, tiene miedo porque ya no va a controlar racionalmente su vida, sino que va a ser controlada por el amor. Pues sí, ábrete a ese amor de Dios precisamente para que empiece a controlar tu vida.
  3. Sentirme amado por Dios.

Cuando ya hemos llegado al final del proceso, todas las cosas cobran otra dimensión. No podemos ver nada fuera de Dios. Cuando uno se enamora, se despierta pensando en su amor, piensa en muchos momentos del día y se acuesta pensando en él. Estos pastelazos no son muy propios de mí, pero vivir el amor de Dios te lleva a esto.

 Lo más grandioso es que puedo sentirte a ti como hermano y te quiero de otra manera. No por lo que me divierto contigo o por lo que me ayudas sino por lo que eres. Es el amor, la caridad de la que habla el Papa Francisco que muestra atención y compasión por cada persona.

El último ejercicio que os propongo es: piensa en alguien que conozcas que pueda estar necesitando algo en este momento y voy a dar un paso más, como le gusta a Dios, incluso materialmente. Puede haber alguien que lo está pasando mal porque

  • Se siente solo > llámalo y ofrécete.
  • Tiene problemas > escúchalo, aconséjalo, ofrécete para rezar con él.
  • Falta de salud > mira cómo puedes hacer para acompañarlo y ora con él. Ayúdalo en lo que necesite.
  • Falta de recursos económicos > ¿puedes ayudarlo en algo en concreto? Ofreciéndole un donativo, comprándole algo que está necesitando él o sus hijos, pagándole un recibo de algún suministro.

El amor de Dios nos ha convertido en hermanos y nos tiene que mover a comportarnos como tales. Si no lo haces, estás perdiendo el tiempo.

¡Bendito sea Dios!


Exhortación a Comunidade Caná
en el 4º Domingo de Cuaresma
José Antonio Pérez
Esposo y Padre de familia
Madrid, marzo 2021


En nuestro último Encuentro de Comunidad, volvimos a vivir momentos de intimidad y fraternidad a través de las pantallas de nuestros ordenadores


En el Encuentro comunitario, uno de los temas de formación fue la obediencia. En este curso en el que estamos descubriendo la unción personal de cada uno para ponernos al servicio del Reino de Dios, no hay mejor camino que el de la obediencia. "Sean dóciles a la Palabra de Dios para saber discernir y obedecer", nos decía el papa Francisco en una de sus homilías; así que, con esta invitación, nos hemos ocupado y preocupado de cómo entendemos lo que es obedecer y a qué lugar nos lleva.

Queremos compartir con vosotros que entráis en nuestro blog, algunos puntos interesantes que fueron luz para nuestro camino en esta cuestión.

 La necesidad de purificar el significado de las palabras

Orar es escuchar esta voz amorosa. Esto es en definitiva «obedecer». La palabra «obediencia» viene del latín «ob-audire», que quiere decir escuchar con gran atención. Si no escuchamos, nos hacemos «sordos» a la voz del amor. La palabra latina para decir «sordo» es «surdus». Ser completamente sordo es ser absurdus, sí, absurdo. Cuando dejamos de oír la voz amorosa que nos habla en cada momento, nuestras vidas se convierten en vidas absurdas en las que somos arrastrados y zarandeados por el pasado y el futuro. (AQUÍ Y AHORA. Henri J. M. Nouwen)

La primera conclusión a la que llegamos es que la obediencia -escucha- nos libera de nuestra obcecación y sordera, abriendo nuestro espíritu a la Palabra de Dios que trae a nuestra vida la dirección a la Santidad. Encontrarnos con la Voluntad de Dios.

- Orar es escuchar esta voz amorosa.
- Orar es vivir en obediencia. Vivir escuchando a Dios.

Y la segunda conclusión fue que tener, o no, una vida absurda está en nuestras manos, es una opción que nosotros elegimos, no tiene nada que ver con la suerte, con la cruz, con la tribulación, con la prueba… que haya en nuestra vida.
Nosotros elegimos, incluso en la vida de fe, nosotros elegimos, somos nosotros los que permitimos o no a Dios que haga su obra en nosotros.

Os prometemos una segunda entrega sobre este tema que tanto nos ayuda a crecer en lo humano y en lo espiritual...

 

"Bebamos la abundancia del Espíritu"  Isaías 61, 1-2

El 13 de marzo celebramos el Encuentro de Familias Invencibles: un momento de encuentro entre familias y una oportunidad de seguir aprendiendo de otros y de escuchar a Dios.


Sábado 13 de marzo

Mañana:
de 11:00  a 13:00h.
Oración, enseñanza y testimonios
 

Tarde:
de 16:30 a 18:30h.
Exhortación, Adoración al Santísimo e intercesión por las familias
Preside: Fray Ameth Moreno



"Ayunar es la privación del bien para tomar una decisión por un bien mayor"

 

Ya que la Iglesia en este tiempo de Cuaresma nos habla mucho de ayuno, he querido meditar sobre esta palabra que nos debe llevar a una acción concreta.
 
La primera que nos viene a la cabeza es la de no comer o abstenernos de comer carne los viernes. Eso está bien; un sacerdote me explicaba hace tiempo el signo tan bonito que es el que todos los cristianos, un mismo día, se pongan de acuerdo en no comer carne, con el esfuerzo tan grande que ello puede suponer para muchos. Ya de entrada es un signo de comunión.
 
Pero yo -que soy un tragaldabas y que me encanta el pescado- digo: tiene que haber algo más... ¿Cuál es el ayuno favorable, cuál es su sentido?
 
Decía un diácono ortodoxo que “ayunar es la privación del bien para tomar una decisión por un bien mayor”. Aquí ya tendríamos una motivación porque el bien recibido es mayor que el bien dejado.
 
Últimamente estamos ayunando de muchas cosas por obligación. Ayunamos de salir a ver a nuestros amigos, de una comida familiar, de disfrutar unas vacaciones, incluso de nuestros grupos de oración, de nuestras reuniones presenciales de Comunidad. Este ayuno nos ha llevado a cambiar nuestra manera de relacionarnos, no a dejar nuestras relaciones. Así hoy yo creo que sabemos de los demás más que antes porque hoy los tenemos a golpe de click. Antes había que arreglarse, organizar a la familia, desplazarse… ¿Qué hemos hecho?, pues sencillamente, vencer nuestra inclinación natural a salir, a quedar, a cenar algo por ahí e imponernos una disciplina por un bien mayor, que es no contagiarnos ni contagiar a nuestra familia.
Los cristianos estrictamente cumplidores se conforman con dar limosna y aportar comida a los bancos de alimentos. Pero tú y yo sabemos que no solo eso nos pide el Señor. 

 

El ayuno que quiere Dios

Por eso, el ayuno nos ayuda a dominar nuestras inclinaciones, ser dueños de nosotros mismos. Decía San Pablo a los romanos que no entendía su comportamiento porque no hacía lo que quería, sino que hacía lo que aborrecía. Y después se lo explicaba diciendo que no era él el que lo hacía sino el pecado que habitaba en él. El ayuno va a dar equilibrio a nuestra vida espiritual, nos va a ayudar a poner las cosas en orden porque es muy fácil dejarnos llevar por nuestras “pasiones”.
 
Extraigo del profeta Isaías (58: 7-11) cuál es ese ayuno que quiere nuestro Dios:
- Aleja de ti la opresión
Quizá no me he dado cuenta, pero mis acciones, mi actitud o mis palabras hacen que alguien a mi lado se sienta oprimido. Porque impongo ciertas cosas | porque ya sabes que esto no me gusta | porque te he dicho muchas veces que | a lo mejor no digo nada, pero con la cara que pongo los demás ya se dan cuenta | a lo mejor te humillo con mi actitud | a lo mejor no te doy la paz que necesitas, sino que echo más leña al fuego. Esto son formas de oprimir:
- Aleja de ti el dedo acusador
El dedo acusador es una forma muy manifiesta, pero hay otras maneras de acusar mucho más sutiles: llegamos tarde por tu culpa | te dije que pasaría esto | es que no cambias. El antídoto para esto es practicar la misericordia.
- Aleja de ti la calumnia
San Gregorio decía que la calumnia nacía de la envidia. ¿Siento envidia de alguien?, no solo de la persona en cuanto a cómo es o como se relaciona, sino también de lo que sabe, de cómo lo reconocen los demás, de cómo vive, de lo que tiene, de su situación laboral, de su salud…
- Ofrece al hambriento de lo tuyo
Los cristianos estrictamente cumplidores se conforman con dar limosna y aportar comida a los bancos de alimentos. Pero tú y yo sabemos que no solo eso nos pide el Señor. Tenemos muchísima gente alrededor, algunos a los que queremos mucho, que están hambrientos de:
  • alguien para desahogarse, para compartir situaciones o problemas o, sencillamente, alguien con el que poder hablar porque se sienten solos.
  • nuestro consejo.
  • necesitan orar con nosotros.
 
Y qué difícil es regalar nuestro tiempo a los demás. Hay un bien mayor detrás de esto y es que acercándonos a estas personas, nos acercamos al mismo Dios; recordad las bienaventuranzas, recordad “Tuve hambre y me disteis de comer”.
 
Cuando hagas esto, dice el Señor, “brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía. El Señor te guiará siempre, hartará tu alma en tierra abrasada, dará vigor a tus huesos. Serás un huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan”.
 
De todo esto, saco la conclusión de que el ayuno que me está pidiendo Dios es el ayuno de mí mismo. Recibo este mensaje de Dios: “Mírame a mí y yo te llevaré al que te necesita”. Esto es una experiencia real, cuando miras a Dios empiezas a darte cuenta de las personas que están a tu alrededor que necesitan de ti y cuando entras en este bucle, la maquinaria está en marcha: Dios te acerca a los hermanos y los hermanos te acercan a Dios. Así que podemos afirmar que el ayuno nos une más estrechamente a Dios y a los hermanos.
 

¿Cuánta sed tienes de oración?

Ayuno y oración, se nos pide en este tiempo de Cuaresma. ¿Cómo está tu oración?, no me refiero a ninguna en concreto, sino a todas. ¿Cómo está tu oración personal, tu oración conyugal, tu oración familiar y tu oración comunitaria? Todas necesarias, ninguna de ellas sustituye a otra. Te lo pregunto de otra manera: ¿cuánta sed tienes de oración personal, oración conyugal, oración familiar y oración comunitaria?
  • Si no tienes sed de la oración personal probablemente tengas que meditar cómo está tu relación con Dios.
  • Si no tienes sed de oración conyugal, probablemente tengas que meditar cómo está tu relación con tu esposa o esposo.
  • Si no tienes sed de oración familiar probablemente tengas que meditar cómo está tu relación con tus hijos.
  • Y, por último, si no tienes sed de oración comunitaria tienes que meditar cómo está tu relación con tu comunidad, con tu grupo de oración, con los amigos con los que rezas. Y si no tienes comunidad, grupo de oración o amigos con los que rezas, tienes un problema. Búscalo de inmediato.
Frecuentemente la razón que damos para justificar la falta de oración o la poca oración es la falta de tiempo. Lo cual me lleva a afirmar que precisamente lo que Dios te está pidiendo es tu tiempo, volvemos a lo de antes: ayunar de uno mismo. Curioso que Dios nos dé el don de la vida, el don del tiempo para vivirla y luego nos mendigue del tiempo que nos da. Más curiosa todavía la respuesta que nosotros le damos.
 
El ayuno va contra nuestra forma de vida, nos desinstala, implica un sacrificio, que puede ser agradable y dar frutos si lo convertimos en ofrenda a Dios. Decía San Pablo a los Corintios (4: 16-17) que “aun cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día. Pues la leve tribulación presente nos proporciona una inmensa e incalculable carga de gloria.”
 
Pues eso pido a Dios ahora en este momento para todos nosotros, una inmensa carga de gloria, un inmenso gozo de sentirnos cerca del Padre, la gran alegría de ver nuestra vida renovada y entregada a aquél que lo dio todo por mí.
 
¡Bendito sea Dios! 
 
Exhortación a  Comunidade Caná
en el 2º Domingo de Cuaresma
José Antonio Pérez
Esposo y Padre de familia
Madrid, febrero 2021



      Hagamos que la oración, la misericordia y el ayuno sean los tres juntos nuestro patrocinio ante Dios, los tres juntos nuestra defensa, los tres juntos nuestra oración bajo tres formas distintas. 
      Reconquistemos con nuestro ayuno lo que perdimos por no saberlo apreciar; inmolemos con el ayuno nuestras almas, ya que éste es el mejor sacrificio que podemos ofrecer a Dios, como atestigua el salmo: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
      Hombre, ofrece a Dios tu alma, ofrécele el sacrificio del ayuno, para que sea una ofrenda pura, un sacrificio santo, una víctima viva que, sin salirse de ti mismo, sea ofrecida a Dios. No tiene excusa el que niega esto a Dios, ya que está en manos de cualquiera el ofrecerse a sí mismo. Mas, para que esto sea acepto a Dios, al ayuno debe acompañar la misericordia; el ayuno no da fruto si no es regado por la misericordia, se seca sin este riego: lo que es la lluvia para la tierra, esto es la misericordia para el ayuno. Por más que cultive su corazón, limpie su carne, arranque sus malas costumbres, siembre las virtudes, si no abre las corrientes de la misericordia, ningún fruto recogerá el que ayuna.
    Tú que ayunas, sabe que tu campo, si está en ayunas de misericordia, ayuna él también; en cambio, la liberalidad de tu misericordia redunda en abundancia para tus graneros. Mira, por tanto, que no salgas perdiendo, por querer guardar para ti, antes procura recolectar a largo plazo; al dar al pobre das a ti mismo, y lo que no dejas para los demás no lo disfrutarás tú luego.
De los Sermones de S. Pedro Crisólogo, obispo

Si tienes una gran batalla que luchar, elige con detenimiento las armas que vas a utilizar. La palabra es un arma que penetra en el otro para construirle o para destruirle. ¿A que lo has experimentado alguna vez en ti?

 

Bendecir o maldecir

Hay palabras que nos debilitan: las de crítica, las palabras de juicio, las de condena; y palabras que nos fortalecen. Las de perdón son las más poderosas (te invitamos a leer el arma del perdón).
Desde pequeños, aprendemos a mirar lo que pasa en nuestro mundo a través de cómo lo ven nuestros padres, nuestros hermanos, los abuelos, los tíos… Vamos creciendo incorporando a nuestra persona un poco de todos los que nos rodean. Y la misión de la familia es enseñar a mirar y a mirarnos a nosotros como lo que somos: hijos amados; y, desde esa mirada, podremos tener una buena mirada y una buena palabra en nuestra boca.

La palabra recoge el contenido de la mirada. Es necesario aprender a utilizar nuestras palabras para tener éxito en la vida. Hablamos de un éxito diferente a llegar alto, ganar dinero o conseguir el perfecto equilibrio. El éxito, para cualquier persona, es conocer el amor con el que ha sido creado y vivir en consecuencia a este amor. «Ama y dilo con tu vida», decía San Agustín. La bendición, por tanto, llega a nuestra familia si nuestra palabra y nuestra vida dicen lo mismo.

¿Podemos liberarnos de las palabras que nos han debilitado? ¿Podemos escapar de la soledad en que los juicios de las palabras de otros nos han encerrado?
Sí, porque el poder de la bendición es mayor que el de la maldición. El amor se auto regenera infinitamente. No es cierto que el amor muere: muerte y amor son dos palabras que no coexisten. La palabra utilizada para la verdad, es arma poderosa que alienta, impulsa y da un valor para la lucha que normalmente desconocemos, y es necesario recuperar en nosotros el bien-decir.

Hagamos la revolución de la palabra

Os proponemos a vuestra familia que comencéis una revolución. Colocar un panel en una pared; un cartel pegado en la nevera; un cuaderno en una mesa… para que todos puedan escribir en él. Poned los nombres de cada uno de los miembros de la familia por columnas, y, durante una semana, la semana de la revolución de la palabra, anotad las buenas palabras que habéis oído de los otros, poniendo el día y la hora; escribid también las malas palabras que han dicho.
Así, cada miembro tendrá una columna dividida en dos columnas más: para las palabras buenas y para las palabras malas. Serán los otros los que escriban en nuestra columna (no se puede escribir en la columna propia, claro está). Al final de la semana, sentaos a recontar las palabras. Ganará la persona que tenga más palabras de bendición en su columna; y la persona que más haya utilizado malas palabras, esas que no construyen ni animan, realizará un servicio a la familia durante la siguiente semana: bajar la basura, poner el lavavajillas, preparar el desayuno al resto… eso decidlo vosotros.
Este juego podrá ser el modo de entrenaros con el arma de la palabra. Hablad entre vosotros del bien y del mal que os hace la palabra que escucháis a diario. Y, si sois creyentes, os recordamos el poder de la Palabra de Dios. Terminar el día leyendo juntos el Evangelio, convertirá a vuestra familia en una familia fuerte ante la batalla de la vida familiar.


«El Espíritu Santo es el animador y santificador de la Iglesia, su aliento divino, el viento de sus velas. La Iglesia tiene necesidad de un perenne Pentecostés; necesita fuego en el corazón, palabra en los labios, profecía en la mirada». (Pablo VI)

«Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo» (Ef 4, 11-12).

Tener visión

La profecía no tiene nada que ver con la adivinación, con conocer las cosas ocultas.  Coloquialmente, en el ámbito terreno llamamos profeta al que adivina lo que va a suceder. Si uno predice algo y acierta, le llamamos profeta, ve el futuro, decimos. Sin embargo, nada tiene que ver esto con tener el don de profecía. Un profeta habla de parte de Dios; por lo tanto, alerta, despierta, toca el corazón con la Palabra de Dios actualizada en el hoy de nuestras vidas. 
 
La visión no es una predicción o descripción de un objetivo futuro sino un contexto para la acción en el presente, una manera de ser que cambia nuestra relación con el presente; y esto es acción del Espíritu en nosotros que nos da el querer y el poder. En palabras de Pablo a los Filipenses, "porque es Dios quien activa en vosotros el querer y el obrar para realizar su designio de amor" (Flp 2, 13).
 

¿Qué es el don de profecía?

Es una manifestación del Espíritu Santo a través de un miembro de la comunidad, que trasmite un mensaje de parte de Dios y que anima, consuela y edifica la comunidad.
No es habitual reconocer esta unción en nosotros, porque no la contemplamos como algo normal; y, sin embargo, por el Bautismo somos ungidos como sacerdotes, profetas y reyes. El Bautismo es el sacramento que nos da la nueva vida en Cristo.
Estas unciones de las que estamos hablando ahora -en concreto de la profecía- son para el anuncio del Reino de Dios. Son manifestaciones del Espíritu Santo a través de nosotros, pobres instrumentos.
Si Dios ha hecho crecer en ti esta unción, este don, de una manera especial, recuerda que no se trata de ejercer de profeta, sino de ser profeta: dejarse hacer por el Espíritu Santo en nuestras comunidades, en nuestros grupos de oración, en nuestras parroquias, en nuestras familias.
 
 El verdadero don de profecía:
  • No es equiparable a la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura. Por ello, es importante distinguir entre la proclamación de la Palabra y la palabra profética.
  • Nunca puede ir en contra de la Revelación. 
  • No es un discurso, ni una predicación o exhortación. 
  • Nos introduce en el Señorío de Jesús. 
  • Es siempre para el bien común. 
Para discernir la profecía hay tres criterios importantes: 
  1. La acogida e impacto que tiene en la Comunidad. 
  2. La valoración que de ella hace la autoridad y otros hermanos que tienen dones de profecía.
  3. Estar de acuerdo con la Revelación.
La profecía se manifiesta acorde con la personalidad del profeta y mezclada con su psicología y carácter o unción. Este es el motivo por el cual la palabra profética debe depurarse e ir buscando lo esencial, en cuanto al profeta; y, en cuanto al que escucha, debe depurarse también, para distinguir lo que puede venir de la psicología del profeta y lo que Dios me quiere decir, aún en medio de la imperfección humana. La profecía nos orienta hacia el amor, la obediencia, la humildad y el servicio.

¿Qué unción hay en ti?

Dios nos llama a cada uno; lo hace de manera diferente. Esto es lo que estamos descubriendo al reflexionar sobre este Ministerio quíntuple. Estamos recibiendo luz acerca de nuestros dones; por lo tanto, acerca de la llamada particular. Y esta llamada particular Dios necesita que sea apoyada en otros, con otros y ser así testimonio de Él. Te invitamos a que, en tu oración, le pidas a Dios reconocer tu unción para anunciar el Reino de Dios con tu vida.
 


«Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga el amor infinito e inquebrantable [de Dios]. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría». (Papa Francisco)

El amor es la fuente de la alegría

No nos cansamos de repetirlo, si somos amados, podemos amar, y el amor es la fuente de la alegría en la persona.
No es el bienestar, ni el orden, ni el perfeccionismo. Tampoco es tener lo necesario y mantener una vida equilibrada y armoniosa. Amar y ser amado es lo que hace a una persona feliz, y siendo feliz, la alegría viene a quedarse en la vida de uno.
Esta es la mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos, enseñarles la fuente de la alegría. Porque vivir alegres es una opción que uno escoge, no porque sea saludable, que lo es; no porque sea recomendable que también, sino que es la opción natural al saberse amado.
Ante cualquier dificultad, optar por estar alegre te lanza hacia adelante, te abre el camino, te despeja el horizonte. Si somos padres alegres, nuestros hijos -ya sean niños, adolescentes, jóvenes o adultos-, serán alegres. Si como hijos vemos que nuestros padres han olvidado la alegría, debemos recordarles el amor que hemos recibido de ellos y así ellos retornarán a lo importante.

¡Vivid en la alegría!

Estar alegres no tiene nada que ver con ser optimistas empedernidos pase lo que pase, ni siquiera se trata de mantener una sana inteligencia emocional como se nos dice tanto ahora. En realidad uno es alegre porque tiene un motivo para serlo, y ese motivo tiene que ser muy importante para que la alegría sea luz e impulso.
En la familia nos encontramos a cada paso con dificultades, algunos dirían que son algo más que dificultades, a veces son situaciones de sufrimiento y dolor, la enfermedad que aparece y se instala, la precariedad económica y laboral, las crisis en la convivencia que minan toda ilusión, frustraciones, desengaños, infidelidad… Y sin embargo la invitación es rotunda: ¡Vivid en la alegría!, una alegría que despeja cualquier dificultad, porque nace de la fuente verdadera. Pablo VI escribió: «nadie queda excluido de la alegría que reporta el Señor», y es esa la alegría verdadera que te impulsa a ser madre, padre, hijo, sin frustraciones ni resentimientos.

¡Probadlo!

Si en estos momentos tú, tu familia, necesita de la alegría, id a la fuente. «Llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser verdadero. Allí está el manantial» (Evangelii gaudium, Papa Francisco).

Esta entrada que ahora estás leyendo en este blog, forma parte de lo que hemos llamado: Armas para la batalla de la vida familiar, a saber: la bondad; el perdón; la alegría; la palabra; la escucha, y no son artículos formativos, ni profesionales, sino que queremos compartir con vosotros nuestro testimonio como familia, y animaros a utilizar estas armas porque serán buenas herramientas para vuestra vida familiar por encima de la mediocridad o de una vida aceptablemente buena. Así que os animamos. ahora que habéis llegado en vuestra lectura hasta este punto, a que en una velada familiar hagáis juntos una lista de todo lo que quedaría fuera de vuestro hogar si dais más espacio a la alegría, y algo también importante, ¿cuál es en vuestra familia la fuente de la alegría? Eligiendo bien la fuente vuestra alegría será auténtica o solo una copia poco perdurable. ¡Sed familias engendradoras de alegría!
¡Ánimo y a las armas!


La Iglesia Católica celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del 18 al 25 de enero de 2021

“Permaneced en mi amor y daréis fruto en abundancia”                                            (cf. Jn 15, 5-9)

      Ya están disponibles los materiales que preparan conjuntamente el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias

    Los obispos de la Subcomisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales y Diálogo Interreligioso  también han hecho público un mensaje en el que destacan que la unidad de la Iglesia es necesaria para acercarnos a la unidad que Cristo quiere para todos.

     En Comunidade Caná oramos y trabajamos por la unidad de todos los que hemos aceptado a Jesucristo como Señor y Salvador de nuestras vidas.