Comunidade Caná

Comunidad Católica de Alianza integrada por familias en el seno de la Renovación Carismática


"Éste es mi Hijo amado” 
(Mc 9, 2-10)
-El Espíritu de Dios pronuncia estas palabras sobre nosotros-

Para llegar a sentirnos amados, debemos recorrer un camino que tiene cuatro pasos:

1º Sentirnos ELEGIDOS:

EL MUNDO elige a los mejores. Dice: “no eres nada especial”. Mira la apariencia. Vales según tienes. DIOS elige a cada ser humano. Lo llama hijo/a."Te llamo por tu nombre, eres precioso". Mira el corazón. Vales por tu condición de hijo de Dios.

Hay una lucha entre la voz de Dios y la voz del mundo. Tres medios para luchar:
1/ Desenmascarar al mundo destructor, competitivo, amigo de rivalidad... 2/ Buscar personas, lugares donde la verdad de Dios sea dicha, donde se nos recuerde nuestra identidad de elegidos. 3/ Celebrar nuestra condición de seres elegidos por Dios. Con agradecimiento y alabanza. Dejar la amargura, la queja, el pesimismo y transformarlo en gratitud, bondad, comprensión, entrañas de misericordia.

SER ELEGIDOS NOS HACE DESCUBRIR QUE LOS DEMÁS TAMBIÉN SON ELEGIDOS
El amor de Dios incluye, no excluye

2º Sentirnos BENDECIDOS:

Bendecir es “decir bien”. Importante la bendición de los padres a los hijos, de los maestros a los alumnos, de los hermanos en la Fe... Bendecir es afirmar. La bendición produce aquello que dice.Bendecir y ser bendecido son los dos extremos del mismo hilo. La bendición no es halago ni adulación. Nos protege de la adulación y del vituperio, del fracaso y del triunfo y nos pone en nuestro sitio frente a Dios.Nos pone en nuestro sitio frente a nosotros mismos que somos cambiantes de humor. Escucha la bendición que Dios pronuncia sobre ti cada día. Siente la presencia de Dios en tantos detalles. Las dificultades grandes hoy: las prisas, el estrés, la superficialidad. No nos dejan llegar a encontrarnos con Dios en este aspecto profundo.

3º Todos somos seres ROTOS:

Ha habido en nuestra vida heridas, sufrimientos, dificultades, desamores, incomprensiones que han tocado nuestro ser más profundo. Nuestro dolor es algo profundo y muy personal. Cuando alguien comparte su dolor y se abre al otro es difícil hablar porque sentimos impotencia.Cada uno debe asumir su condición de ser roto. No huír del dolor sino abrazarlo. El sufrimiento físico, psíquico o emocional está considerado un intruso que hay que evitar a toda costa. Con esto caemos en la evasión y nos alejamos de nuestra identidad: somos elegidos, bendecidos y rotos.

Dos medios para mantenernos en pie:
> Poner nuestra ruptura bajo la bendición de Dios.
> No perder energías en esconder nuestras debilidades, incapacidades, impotencias. Dios nos espera en la confesión; y en la apertura a los otros. Gracia de la oración en familia: todos débiles, imperfectos podemos pedir perdón a Dios y a los nuestros y seguir caminando.


4º ELEGIDOS, BENDECIDOS, ROTOS... para ser ENTREGADOS:

Nuestra realización más completa consiste en darnos a los demás. Nuestra capacidad de dar, nuestra ofrenda aumenta una vez que somos rotos y permitimos a Dios bendecir ese sufrimiento. Donde está tu herida está tu don. Una persona ha sufrido depresiones se conmueve y da algo de si misma a alguien que está pasando este problema.

¿Qué tenemos que dar? Nuestra vida es el mayor don. No nuestros talentos, cualidades, capacidades. No digamos: ¿qué podemos ofrecernos?, sino ¿qué podemos SER el uno para el otro? ¿quién es el que más me ayuda? El que desea compartir su vida conmigo. Este primer aspecto lleva consigo el último. Entregar nuestra muerte por los demás. Esta vida es preparación para una muerte en Cristo.
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Hemos sido ELEGIDOS, BENDECIDOS, ROTOS y ENTREGADOS
para convertirnos en PAN para los demás
-alimento espiritual que permanecerá para siempre-


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    Es de todos conocido el infernal encarnizamiento con que escritores y enemigos de Dios y de la sociedad trabajan por socavar el edificio social, destruyendo la indisolubilidad del Matrimonio.
    Con una fuerza de lógica que nos parece irresistible, se apoyan en la imposibilidad del hombre, dejado a sí mismo, de cumplir las obligaciones de un estado que pide una constancia de voluntad y un imperio sobre las pasiones superior a las fuerzas ordinarias de la naturaleza. Imposible refutar con éxito tal argumento, si se rechazan las enseñanzas de Jesucristo y se sustrae el Matrimonio al influjo sobrenatural de la gracia. Demostrar que la indisolubilidad del Matrimonio es una institución necesaria para la conservación de la familia y el verdadero progreso de la sociedad, es fácil; pero esto no prueba que esté, en manos del hombre dejado a sí mismo, hacerlo. ¡Cuántas cosas necesarias no puede el hombre conseguir y conservar con sus propias fuerzas!

   Estamos, pues, en presencia de uno de esos enigmas sociales cuya única solución está en el Corazón de Jesús; solución sublime y consoladora en teoría y realizable en la práctica, como la constante experiencia de diecinueve siglos lo ha ido demostrando. Lo que el corazón humano no puede encontrar en sí, la entrega perfecta a otro, la abnegación, la fidelidad inviolable, la inalterable ternura, lo concede la caridad de Corazón de Jesús a los que se unen a Él. ¡Gran Dios! ¿Es posible que la sociedad titubee todavía, después de tan largas experiencias, y en presencia de peligros que, si profana el Matrimonio, le amenazan? ¿Es posible que, cuando el Vicario de Jesucristo le recuerda, como en la célebre Encíclica de 8 de diciembre de 1864, las condiciones vitales del Matrimonio cristiano, rechace sus saludables enseñanzas como un atentado contra el moderno progreso, en vez de recibirlas con agradecimiento?
   Por lo menos nosotros, cristianos, sabemos qué hemos de pensar acerca de tan importante materia y entendemos qué es el Matrimonio sin Jesucristo y con Jesucristo. Sin Él, es una sociedad sin fundamento ni suficientes garantías de duración; yugo intolerable frecuentemente y -más frecuentemente aún- asociación puramente exterior en la que ninguna parte toman los corazones. Con Él, el vínculo sagrado que une los corazones y los purifica y santifica y aumenta sus fuerzas y mitiga sus dolores y acrecienta las alegrías del hogar doméstico haciéndolas más meritorias y los prepara para gustar en el cielo las delicias de la unión del Hijo de Dios con su Iglesia, cuya imagen viva es el mismo sacramento en este mundo.

 P. Enrique Ramière, El Corazón de Jesús y la divinización del cristiano, pág. 931
  
    Comunidade Caná es una Comunidad Católica de Alianza integrada por familias en el seno de la Renovación Carismática, corriente de gracia suscitada por el Espíritu Santo tras el Concilio Vaticano II en las diferentes confesiones cristianas. Está reconocida canónicamente por el Arzobispado de Santiago de Compostela, donde ha nacido la Comunidad.
     Actualmente, la Comunidad está formada por 11 familias de distintos lugares de España. Contamos también con familias y personas colaboradoras que nos ayudan en los proyectos comunitarios.

     Somos una comunidad de familias. El objetivo no es vivir bajo el mismo techo, sino crecer en familia: que cada familia se sienta fortalecida en su vida de fe, apoyada en las decisiones humanas que debe tomar e impulsada a caminar como familia cristiana en medio del mundo. Cada familia vive de su trabajo diario y está enraizada en un lugar determinado, integrándose en la vida parroquial y construyendo una vida humana y espiritual estable y equilibrada; tiene, por otro lado, plena autonomía para tomar las decisiones que exige su vida familiar, como comunidad que es -“Iglesia doméstica”- dentro de una comunidad mayor.


      He aquí el doble llamamiento que hemos recibido:
  Vivir en fraternidad para ser testigos de que Cristo vive y es la salvación del mundo y de las familias hoy. Nuestra espiritualidad es la propia de la Renovación en el Espíritu Santo, abierta a nuevos caminos en la espiritualidad familiar.
  Evangelizar movidos por el Espíritu; buscando siempre nuevas formas de proclamar el kerigma y anunciar el mensaje del Evangelio; en equipo y utilizando la oración, el testimonio, la música y la intercesión; sirviendo a la Iglesia Diocesana, en cercanía y colaboración con los sacerdotes y parroquias más necesitadas.
      Nuestro gran reto ante el mundo moderno no consiste en resolver los incontables problemas que surgen en las familias, sino en reconocer el Don que Dios regala y hacerlo fructificar. Es un reto de dimensión divina pero que está a nuestro alcance, porque Dios mismo lo acompaña y lo hace madurar.
     La ideología de la postmodernidad niega la verdad en lo concreto de la vida de las personas: el cuerpo pierde su lenguaje y el tiempo queda fragmentado en instantes; el resultado son personas desintegradas, debilitadas y manipulables. Como Iglesia de Cristo, Comunidade Caná está llamada a ser una pequeña luz que desenmascara esta ideología. En nuestros matrimonios y en nuestras familias aparece la verdad; no de modo abstracto, sino como la verdad del amor, un amor capaz de durar y ser fecundo. De este modo, por la acción del Espíritu Santo, nuestra pequeña Comunidad se convierte en un lugar para ofrecer, a hombres y mujeres del siglo XXI, el espacio y el tiempo del Evangelio.


    CCaná acoge la singularidad de cada familia, creando unas relaciones fraternas, aprendiendo unos de otros en la oración y el compartir humano, espiritual y material, en la línea de las primeras comunidades cristianas. Cada familia de la Comunidad camina como Iglesia doméstica. Nuestro modelo es la Familia de Nazaret. 
    Cada familia se compromete a rezar por las otras familias de la Comunidad y a mantener una comunicación cercana, tanto los adultos como los jóvenes y los niños, a visitarnos unos a otros y compartir de cerca nuestras dificultades y alegrías, luces y sombras... Es motivo constante de nuestro compartir, en primer lugar, nuestra propia vida -para crecer espiritualmente y dar mayor gloria a Dios- y, en segundo lugar, nuestra acción pastoral y evangelizadora. 


     Entre nuestras publicaciones, sobresale el libro Amar para siempre, del que hemos distribuido ya más de cinco mil ejemplares y estamos a punto de publicar una nueva edición actualizada y ampliada. Otros libros de la Comunidad son:


La Renovación Carismática en Galicia

La Renovación Carismática llegó a Galicia en el año 1975. El 19 de marzo, día de S. José, se celebró el primer Retiro en el Colegio A Salle de Santiago de Compostela. Los sacerdotes León Maxfield y Pedro Fernández vinieron a dirigirlo desde Salamanca. Asistieron hermanos de Santiago y algunos de Boiro y A Coruña. Había muchos religiosos y religiosas y bastantes jóvenes.

Aquel Retiro dio lugar al nacimiento -en la capital de Galicia- del primer Grupo de Oración, que se llamó Siquén. Al año siguiente -1976- comienzan otros dos:

  • El Grupo Shalom (A Coruña), con varias religiosas (dos Esclavas, dos Oblatas y una de la Grande Obra de Atocha), un sacerdote pasionista (Xesús Prieto) y tres jóvenes (MontseJavier y Mari Carmen).
  • El Grupo Esperanza (Vigo), con una monja jesuitina (Henar) y un estudiante del Colegio A Salle de Santiago residente en la ciudad olívica (Javier).

En el año 77 se celebra la 1ª Asamblea de Galicia, dirigida por tres de los cinco miembros de la Coordinadora Nacional. Este Encuentro servirá para impulsar el nacimiento de nuevos Grupos y para elegir la 1ª Coordinadora de Galicia, formada por Antonio Peteiro (sacerdote franciscano de Santiago que, en 1983, sería nombrado Arzobispo de Tánger), Henar Martín (Jesuitina,Vigo) Javier Rodríguez y Montse González (matrimonio, A Coruña). Al año siguiente se revisa este equipo y se le añade Jesús Sánchez (sacerdote jesuita, A Coruña).

      Comienzan a surgir nuevos Grupos:

  • El Grupo de Ourense, por medio de varios jóvenes (Rosa, Ángeles Enrique).
  • El Grupo de A Guardia, con los sacerdotes somascos Gratto y Federico.
  • El Grupo de Lugo, con la religiosa Carmen Meiriño y varios jóvenes.
  • El Grupo de Pontevedra, a través de un hermano del Grupo Esperanza (Antonio Figueras) y de la religiosa calasancia Emilia Boán.
 
      Durante esta primera etapa, una buena parte de las/de los responsables son religiosos/las. Hay algunos sacerdotes y una proporción significativa de jóvenes. El Grupo Siquén llega a tener un centenar de hermanos, el Shalom pasa de treinta y el resto son menos numerosos.

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Señor, Dios Todopoderoso,
que has creado el cielo
y la tierra y el mar
y todo lo que en ellos hay :
¡Alabanza, honor y gloria
a tu Nombre por los siglos!
En Ti residen para siempre
la verdad, la santidad.
la gracia y la belleza.

Esplendor y majestad
irradia tu trono,
Fuerza y magnificencia
adornan tu santuario.
En tu palacio, todo proclama ¡Gloria!
Tú has hecho todas las cosas bellas...
Y ellas manifiestan
el esplendor de tu grandeza;
sus acentos armoniosos
resuenan en todo el Universo.

A la voz de tu trueno.
la Tierra se pone a temblar;
pero cuando el viento murmura
a través de las hojas,
cuando el manantial balbucea.
es como un reflejo de tu Gracia.
Y cuando los pájaros
hacen resonar sus cantos,
tan variados y melodiosos,
percibimos como un eco
de la música de tu voz.
Tú has hecho nacer en nuestros corazones
el deseo de celebrarte.
Tú te complaces con nuestras alabanzas
y aceptas nuestros cantos.

Tú has hecho la música
como un medio privilegiado
para expresar nuestros sentimientos.
¡Gracias por este regalo!
Queremos utilizarlo
para cantar tus alabanzas
y para revelarte
a los que viven sin esperanza.

¡Gracias por todos los salmos,
los himnos y los cánticos
compuestos por los que nos han precedido
y por nuestros contemporáneos!
¡Gracias por los dones musicales
que has dado a tu Iglesia!
Concédenos, en tu amor,
utilizarlos para tu Gloria.



Desde aquí abajo, Señor,
queremos unir nuestras alabanzas
a aquellas que hacen resonar
el coro de miles de ángeles
que te celebran en el cielo,
esperando el día glorioso
en el que entonaremos
el cántico nuevo
en compañía de los redimidos
de todos los tiempos y lugares
reunidos delante de Ti.
¡Amén!

«Familia, alegría para el mundo»


Un año más os invitamos a asistir al Encuentro de Verano, que es la principal cita anual de la Fraternidad de Familias Invencibles, en donde se convive, se divierten, se forman y oran juntas todas las Familias completas congregadas en torno al Dios Vivo y en Cristo Resucitado junto con María, nuestra Madre y Maestra. Compartimos nuestras experiencias e impresiones sobre nuestra vida familiar y vida de oración, todo ello en respuesta a aquella insistente llamada del Papa Juan Pablo II en favor de la evangelización de las familias y desde las familias.

¡Es una gracia espiritual que no debes dejar pasar!

El Encuentro de Verano quiere ser:
– Un retiro + unas vacaciones
– Un encuentro “distinto” con Dios y con los hermanos
– Una nueva relación entre padres e hijos con el Señor en medio
– Un semillero de vocaciones para la Iglesia del tercer milenio

Este año se celebrará del 8 al 12 de agosto en Galicia, en el Pazo Pías – A Ramallosa / Pontevedra.

Toda la información de la Fraternidad de Familias Invencibles y del Encuentro de Verano la encontraréis en la web: www.familiasinvencibles-rcc.org


   Benedicto XVI ha venido insistiendo repetidamente en la necesidad de una adecuada preparación al MATRIMONIO, resaltando la importancia de este sacramento que une para siempre a un hombre y una mujer sobre quienes se constituye la familia.
      El Papa emérito explica que "el derecho a casarse conlleva el derecho a celebrar un matrimonio auténtico. No se negaría por tanto un matrimonio allí donde evidentemente no existieran impedimentos para su ejercicio, es decir, se cumplieran la capacidad, la voluntad de los cónyuges y la realidad natural del matrimonio". Un serio discernimiento en este aspecto, dice, evitará que "impulsos emotivos o razones superficiales induzcan a los dos jóvenes a asumir responsabilidades que después no sabrían desempeñar". Por ello, "matrimonio y familia son instituciones que deben ser promovidas y defendidas de cualquier tipo de equívoco sobre su verdad". 
   En cuanto a la preparación para el sacramento del matrimonio -descrita ya por S. Juan Pablo II en la exhortación apostólica Familiaris Consortio-, Benedicto XVI afirma que "el objetivo inmediato de tal preparación es el de promover la libre celebración de un verdadero matrimonio". 


Jubileo de Oro de la R.C.C.

     “Vosotros, Renovación Carismática, habéis recibido un gran don del Señor. Habéis nacido de una voluntad del Espíritu Santo como una corriente de gracia en la Iglesia y para la Iglesia.” (Papa Francisco en el Olímpico de Roma. 1-6-14)

        Nos enamoramos en la primavera del 75. Fue en una pascua juvenil, en un suburbio de A Coruña. Al poco, fuimos a Taizè y, a la vuelta, llegó a nosotros la Renovación Carismática, que daba sus primeros pasos en España.
        Nos encontramos con Jesús el Señor: un Dios vivo, cotidiano, invencible, lleno de Amor… ¡El Amor de nuestra vida en común! Y, desde la fragilidad y el atrevimiento, comenzamos esta maravillosa aventura de vivir en el Poder de su Espíritu: elegidos, bendecidos y enviados por Él. Una llamada radical -de toda la vida y para toda la vida- a ser discípulos. Y misioneros. En comunidad.
       Nuestro primer contacto fue a través de los cantos de dos monjas en la catequesis de niños. Después  formamos parte del primer Grupo de Oración que empezó a reunirse en A Coruña. Experimentamos la autenticidad de la oración y la presencia del Resucitado en medio de personas tan distintas. En el Grupo había curas, monjas, consagradas, viudas, matrimonios, jóvenes…Verdaderamente, Dios actuaba y cada semana acontecía un milagro de oración, de fraternidad y de misión.
       Permanecimos 7 años en “nuestro” Grupo Shalom; después hemos ido llevando la espiritualidad de la Renovación por los distintos destinos que hemos tenido como maestros, desde la Costa da Morte hasta la Ría de Vigo. Hoy pertenecemos al Grupo “Familia de Nazaret” de Moaña (Pontevedra). Dios nos ha regalado un don que no está de moda: permanecer en la llamada -irrevocable- que Él nos hizo.
       Ésta es nuestra 1ª invitación: ¡Perseverad! Como los primeros cristianos, de los que se dice: “Perseveraban…” (Hech 1, 14). No siempre sentiréis al Señor, no siempre tendréis experiencias estupendas… pero Él, que os ha llamado, es fiel y permanece a vuestro lado.


       El Grupo significó nuestra confirmación en la fe. Aprendimos a orar, empezamos a conocer la Palabra de Dios y a sentir deseos de formarnos. Enseguida nos eligieron servidores y, muy pronto, miembros de la Coordinadora Regional; muchas responsabilidades… que nos venían muy grandes. Por ejemplo, la palabra “discernir”. Nos preguntábamos: ¿Quién nos ayudará a discernir la voluntad de Dios? ¿Cómo vamos a saber nosotros lo que el Señor quiere para el grupo? Desde el principio había en nosotros una llamada a la Comunidad. El Grupo de Oración fue nuestra primera comunidad. Después formamos parte del Grupo de Profundización -núcleo más comprometido dentro del grupo grande-. Y, más tarde, de una Comunidad Carismática que empezó a caminar en Galicia por el año 85. Paso a paso -siempre más adelante-, aprendemos que este “caminar en el Espíritu” es siempre caminar con hermanos y ello trae consigo cruz y gloria. Y vivimos la manifestación de dones y carismas: la intercesión, la alabanza, la música, el testimonio, la predicación, la profecía… todo por Él y para Él.

      Cuarenta y dos años después, “os anunciamos que la promesa hecha a los padres Dios la ha cumplido a los hijos resucitando a Jesús” (Hech 13, 32-33). Por su gracia, vivimos la victoria de la Cruz: el gozo de una vida lograda, entregada día a día por su misericordia y su fidelidad: su vida abundante que “cubre una multitud de pecados” (1Pe 4, 8).
       He aquí nuestra 2ª invitación: No te quedes solo o sola. Si has conocido un Grupo de Oración, si has vivido un Retiro, si han orado por ti, si has tenido un primer encuentro con Dios… no te dejes llevar por la tentación del aislamiento, del individualismo o de la comodidad. Dios se manifiesta en la Comunidad. Busca la compañía de otros jóvenes, ve a lugares de oración, escucha el testimonio de los amigos de Dios. Los hermanos despiertan los sueños de la fe y nos ayudan a crecer.


       Medio siglo cumple esta corriente de gracia suscitada por el Espíritu Santo tras el Vaticano II en las diferentes confesiones cristianas, cristalizada en múltiples expresiones -como multiforme es el Espíritu-: grupos de oración, comunidades de alianza y de vida, escuelas de evangelización, asociaciones caritativas y de diversa índole... No hablamos de un movimiento, sino, más bien, de “la Iglesia en movimiento”. Por tanto, no se trata de si yo simpatizo, participo o “soy de la Reno”. La verdadera cuestión es: ¿Se mueve mi vida por AMOR (nombre propio de la tercera persona de la Trinidad)? ¿Sigo escuchando en mi corazón la voz del Espíritu que me llama a la conversión? No basta solo con cantar; ¡es necesario morir!       
       El Papa Francisco nos ha pedido que no perdamos la libertad del Espíritu, que no nos apoyemos demasiado en la organización, que no seamos controladores de la Gracia… Y que compartamos con toda la Iglesia el don que hemos recibido: “Espero de vosotros una evangelización con la Palabra de Dios que anuncia que Jesús está vivo y ama a todos los hombres”.
       La Efusión del Espíritu genera un proceso de discipulado que se plasma en una vida con propósito; en sucesivas elecciones sobre el estado de vida, el trabajo, la economía, las relaciones… una vida entera entregada a cumplir los sueños de Dios para mí. Vivir, desde la debilidad, en el señorío de Cristo. O santos, o… ¡nada! ¡Este es el quid! Aquí se juega el futuro de la Renovación: “Una vida cristiana enteramente consagrada a Dios, sin fundador, sin regla, sin congregación. No preocuparse por el mañana, no pretender levantar organismos reconocidos que se perpetúen con sucesores… Jesús es un Fundador que no muere nunca; por eso no necesita sucesores. Hay que dejarle hacer siempre cosas nuevas, también mañana. ¡El Espíritu Santo estará en la Iglesia mañana también!” (Raniero Cantalamessa - "La sobria embriaguez del Espíritu").
       Nuestra 3ª invitación: Estás llamado a construir el futuro. Jesús dice: “Yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5). Para ello te necesita a ti. Es verdad que encontrarás dificultades y pruebas. Pero… “¡Ánimo! Yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).


       S. Juan Pablo II empezó a hablar de Nueva Evangelización y… estamos aún en los inicios. Igual que nosotros, tú estás llamado a meterte en este “lío”. La Renovación es un medio fantástico para decir al mundo, en nombre del Señor: “Mirad que voy a hacer algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?” (Is 43, 19).
        A los cincuenta años, el reto sigue siendo: dejarnos guiar por el Espíritu, ser dóciles a su acción. Y el precio: morir a nosotros mismos, no acomodar ni domesticar al Espíritu. Porque el Espíritu Santo es viento recio, fuego abrasador; nunca aire acondicionado (Hechos de los Apóstoles, cap. 29 y ss.).
Si vosotros, matrimonios cristianos, os sentís llamados a vivir vuestra vida de fe con otras familias y no sabéis cómo hacerlo, aquí tenéis una manera de empezar.



ENCUENTROS ABIERTOS, cada MES, 
a cualquier familia que quiera participar 
Niños - Jóvenes - Mayores

Casa Rectoral de la Parroquia de Tirán (Moaña)
¡No es bueno que  tu FAMILIA esté sola!

¿Quieres más información?
Eva y Nacho: egmolinos@gmail.com




         Los miembros de Comunidade Caná tenemos un ENCUENTRO mensual de fin de semana. Además, en el caso de las familias que vivimos cerca, buscamos otros momentos para orar juntos y compartir... Le llamamos CASA de ORACIÓN: un ENCUENTRO de dos o tres horas en casa de alguna de las familias de la Comunidad. 
           


“Porque los dones y la llamada de Dios son irrevocables”  (Rom 11, 29)

           Me llamo Santiago y nací en el seno de una familia católica. Desde pequeño me educaron (con la mejor de la intenciones y fruto de la fe heredada) en una fe en la que había que ser bueno y rezar mucho para agradar a un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos.
            A los catorce años ingresé en el Seminario porque desde pequeño sentía deseos de ser sacerdote. Allí esa forma de ver la fe y mi relación con Dios estaba orientada hacia una vida sacerdotal que buscaba sacerdotes santos (como tienen que ser). Rezábamos, estudiábamos, asistíamos a retiros mensuales, ejercicios espirituales, hacíamos deporte, teníamos ratos de ocio y diversión… Pero en el fondo yo estaba actuando movido por mis propios esfuerzos más que apoyándome en la Gracia de Dios; ésto hizo que poco a poco me fuera cansando y perdiendo aquella ilusión que tenía desde pequeño en ser sacerdote…
            Acabé yéndome del Seminario, mintiéndome con muchas excusas para justificar mi dejadez y abandono. Una de ellas fue que me iba al servicio militar para hacer un paréntesis y tomar fuerzas de cara a volver al Seminario. Allí estuve destinado como monaguillo en la iglesia castrense. Se me hizo dura la estancia allí, la soledad (a pesar de estar rodeado de compañeros) identifiqué aquello con la idea que eso sería lo que me esperaba en el futuro si me hacía sacerdote… Un día me puse delante del sagrario y, muy enfadado, le dije al Señor: ¡Pasa de mí! Y me fui muy enfadado y triste… Era un figurante en las eucaristías… asistía, ayudaba en las celebraciones, respondía –que no rezaba-, no comulgaba, la verdad es que me daba igual, sólo cumplía con mi destino militar de monaguillo… Estaba deseando que terminase mi cautiverio e irme a mi casa.
   Finalizada la mili empecé a llevar una vida en la que Dios no tenía sitio. Durante unos dieciséis años busqué llenar mi corazón con todo tipo de cosas que cualquier joven tenía a su alcance, excepto las drogas –gracias a Dios-, y no porque no hubiera ocasiones para ello. Dios era irrelevante, incluso me había vuelto en contra de Él. En el fondo, ese resentimiento hacia el Señor era la manera que tenía yo de desplazar mis frustración porque no tenía fuerzas para haber respondido a su llamada, me revelaba, no quería ser sacerdote así, me horrorizaba la soledad, en vez de pedir su gracia me dejaba llevar por la comodidad y la pereza.
  Alguna vez asistía a misa algún domingo, sentía necesidad de Dios, pero mi pecado y mis heridas me impedían acercarme más a Dios… “¿cómo me va a perdonar Dios con todo esto que llevo a mis espaldas? ¿cómo me voy a salvar si es para mi imposible ser fiel al Señor? No hay esperanza posible para mi, soy un caso perdido…” Todo ésto me desanimaba todavía más.

            Sentía que mi vida no encajaba en medio del mundo, había tenido un par de novietas pero no acaba de sentirme lleno, no tenía sentido, me faltaba algo. Empecé a buscar y esa búsqueda me llevó a reencontrarme con un sacerdote que me conocía y empezamos a quedar y hablar. En una de esas conversaciones recuerdo que le dije si a lo mejor no debería retomar el tema sacerdotal que era algo que me ilusionaba de pequeño y que aún estaba ahí, que a veces me lo planteaba. Su respuesta fue que lo primero que tenía que hacer era tener relación con el Señor, eso era lo más importante, que no corriera, que a lo mejor no era lo mío porque estando alejado de Dios era difícil poder pensar que Dios me llamase al sacerdocio…
   Empezamos a vernos con más frecuencia para charlar, me habló de la Renovación (ya conocía por un grupo de Coruña, cuyo nombre no recuerdo, al que había conocido por una convivencia que habíamos organizado en su parroquia y habíamos coincidido con ellos… si recuerdo que me habían parecido una “panda de chiflados” –fruto de la soberbia espiritual que yo padecía- en otra ocasión haciendo un vía crucis al Monte Xestoso, en Moaña, los del Grupo de Oración de San Martiño habían llegado antes que nosotros y cuando nosotros estábamos llegando a la cruz nos aplaudían y estaban cantando con guitarras y pensé para mi: ¿pero ésta gente tiene idea de lo que significa un vía crucis? ¿porqué narices nos aplauden?... Vamos que mi concepto de la Renovación no era muy positivo que digamos… Me creía superior y hasta me reía de sus miembros, ¡pobrecitos, están chiflados!
          Intentaba llevar una vida cristiana pero no acaba de arrancar, hablaba con este sacerdote él me escuchaba todas mis tribulaciones, me animaba a confesarme y acercarme a Dios, pero en el fondo yo no me dejaba ayudar del todo, quería pero no podía, había heridas internas que necesitaban ser curadas pero yo me resistía a ser ayudado, esas heridas eran más fuertes que yo y no me dejaban acercarme a Dios y pedir que me sanase y me perdonase. En el fondo el no aceptarme tal y como yo era, mi concepto de Dios exigente y justo hacían que me entristeciera y no acabara de dejarme sanar.
            Un día me invitó a que asistiese a una Asamblea de la Renovación, hasta el sábado no nos acercamos al parque de atracciones a coger las acreditaciones (a todo esto no habíamos reservado nada con lo que podría ser que no tuviéramos ninguna posibilidad de entrar, pero sí, sí había acreditaciones)… Entramos, la verdad es que estaba cortado ¿qué hacía yo allí en medio? Intentaba rezar, hacerme pasar por uno más… Menudo rollo que estaba soltando un fraile todo vestido de blanco, que decía que era del Real Madrid, a mi que soy culé, ya me empezaba a brotar la soberbia que llevo dentro, que si niveles de evangelización que no recuerdo cuáles eran… después eucaristía… recuerdo que me daba mucha vergüenza el hecho de que no podía comulgar porque no estaba en gracia de Dios, y para no pasar vergüenza en el momento de la comunión me fui a esconder en el cuarto de baño… Más enseñanzas, yo allí cansado, aburrido… Por la tarde lo de la Alabanza con cantos y bailes de aquí para allá me cabreó sobremanera, recuerdo una canción sobre un tren… y yo perplejo me decía: ¡pero si ya lo sabía, si estos tíos están chiflados!¡si es que soy tonto!... Creo que la cara de mala leche que le ponía al que esta mi lado (cuando estaban cantando lo de  Resucitó yendo y viniendo de derecha a izquierda) no se le pudo olvidar en la vida, esa cara en plan si te acercas a mi te la cargas… de hecho el pobre solo podía alabar al Señor hacia su izquierda, pues hacia su derecha me tenía a mi cabreado y con ganas de largarme de allí y de que no me tocaran las narices.
            Acabada la Alabanza vino la Adoración... Tras el numerito anterior, mi sentimiento era, bueno a ver si pasa y  nos vamos por donde hemos venido que ya he tenido bastante. Pero, al final, acabé la Adoración postrado ante Jesús, dándole gracias por ese día.

       Después de aquella experiencia, empecé a asistir a misa los domingos, un tanto a escondidas; me daba vergüenza en casa que supieran que iba a misa, procuraba quedar más con mi amigo sacerdote para charlar… pero todavía quedaban cosas en mi interior que sanar, cosas que me impedían acercarme del todo al Señor y sobre todo recibirle… , lo mío era como el Guadiana, que aparece y desaparece, mi trato con el señor estaba marcado por mi falta de esperanza y de fe. Pasó un tiempo y el Señor me dio la Gracia de la valentía para confesarme, reconocerme pecador y reconciliarme con él…
        Fue un momento de una gran alegría, a partir de ahí pude recibir al Señor con más frecuencia, y empezar a tratar de discernir mi futuro como sacerdote arropado por un grupo de sacerdotes, con una dirección espiritual frecuente, y por la oración de mucha gente querida que sabía que estaba en este proceso de discernimiento.
        En todo este tiempo estaba pidiéndole al Señor fuerzas para caminar, que yo no podía, le decía que me sanase de todo aquello que me apartaba de Él… tenía miedo a la soledad, en la oración fui descubriendo que no tenía que tener miedo… y me empecé a sentir lleno de paz.
          Con la oración y el acompañamiento espiritual fui teniendo más claro cada día estas palabras:  “No temas, el Señor es el dueño de tu soledad y tu vida, Él toma tu Soledad por ti”, en ese momento descubrí que aquello era así, no estaba solo, el Señor me hizo ver que él tomaba mi soledad por mi, ahora SÉ que está vivo y resucitado y que ha actuado en mi vida que es mi Señor y mi Salvador, y que con la ayuda de su Gracia todo lo puedo, que Dios tiene sus tiempos. Al final de este proceso he tomado la decisión de volver al Seminario, muy contento  y por ello  puedo decir: ¡¡¡GLORIA A DIOS!!!