Comunidade Caná

Comunidad Católica de Alianza integrada por familias en el seno de la Renovación Carismática

"Ayunar es la privación del bien para tomar una decisión por un bien mayor"

 

Ya que la Iglesia en este tiempo de Cuaresma nos habla mucho de ayuno, he querido meditar sobre esta palabra que nos debe llevar a una acción concreta.
 
La primera que nos viene a la cabeza es la de no comer o abstenernos de comer carne los viernes. Eso está bien; un sacerdote me explicaba hace tiempo el signo tan bonito que es el que todos los cristianos, un mismo día, se pongan de acuerdo en no comer carne, con el esfuerzo tan grande que ello puede suponer para muchos. Ya de entrada es un signo de comunión.
 
Pero yo -que soy un tragaldabas y que me encanta el pescado- digo: tiene que haber algo más... ¿Cuál es el ayuno favorable, cuál es su sentido?
 
Decía un diácono ortodoxo que “ayunar es la privación del bien para tomar una decisión por un bien mayor”. Aquí ya tendríamos una motivación porque el bien recibido es mayor que el bien dejado.
 
Últimamente estamos ayunando de muchas cosas por obligación. Ayunamos de salir a ver a nuestros amigos, de una comida familiar, de disfrutar unas vacaciones, incluso de nuestros grupos de oración, de nuestras reuniones presenciales de Comunidad. Este ayuno nos ha llevado a cambiar nuestra manera de relacionarnos, no a dejar nuestras relaciones. Así hoy yo creo que sabemos de los demás más que antes porque hoy los tenemos a golpe de click. Antes había que arreglarse, organizar a la familia, desplazarse… ¿Qué hemos hecho?, pues sencillamente, vencer nuestra inclinación natural a salir, a quedar, a cenar algo por ahí e imponernos una disciplina por un bien mayor, que es no contagiarnos ni contagiar a nuestra familia.
Los cristianos estrictamente cumplidores se conforman con dar limosna y aportar comida a los bancos de alimentos. Pero tú y yo sabemos que no solo eso nos pide el Señor. 

 

El ayuno que quiere Dios

Por eso, el ayuno nos ayuda a dominar nuestras inclinaciones, ser dueños de nosotros mismos. Decía San Pablo a los romanos que no entendía su comportamiento porque no hacía lo que quería, sino que hacía lo que aborrecía. Y después se lo explicaba diciendo que no era él el que lo hacía sino el pecado que habitaba en él. El ayuno va a dar equilibrio a nuestra vida espiritual, nos va a ayudar a poner las cosas en orden porque es muy fácil dejarnos llevar por nuestras “pasiones”.
 
Extraigo del profeta Isaías (58: 7-11) cuál es ese ayuno que quiere nuestro Dios:
- Aleja de ti la opresión
Quizá no me he dado cuenta, pero mis acciones, mi actitud o mis palabras hacen que alguien a mi lado se sienta oprimido. Porque impongo ciertas cosas | porque ya sabes que esto no me gusta | porque te he dicho muchas veces que | a lo mejor no digo nada, pero con la cara que pongo los demás ya se dan cuenta | a lo mejor te humillo con mi actitud | a lo mejor no te doy la paz que necesitas, sino que echo más leña al fuego. Esto son formas de oprimir:
- Aleja de ti el dedo acusador
El dedo acusador es una forma muy manifiesta, pero hay otras maneras de acusar mucho más sutiles: llegamos tarde por tu culpa | te dije que pasaría esto | es que no cambias. El antídoto para esto es practicar la misericordia.
- Aleja de ti la calumnia
San Gregorio decía que la calumnia nacía de la envidia. ¿Siento envidia de alguien?, no solo de la persona en cuanto a cómo es o como se relaciona, sino también de lo que sabe, de cómo lo reconocen los demás, de cómo vive, de lo que tiene, de su situación laboral, de su salud…
- Ofrece al hambriento de lo tuyo
Los cristianos estrictamente cumplidores se conforman con dar limosna y aportar comida a los bancos de alimentos. Pero tú y yo sabemos que no solo eso nos pide el Señor. Tenemos muchísima gente alrededor, algunos a los que queremos mucho, que están hambrientos de:
  • alguien para desahogarse, para compartir situaciones o problemas o, sencillamente, alguien con el que poder hablar porque se sienten solos.
  • nuestro consejo.
  • necesitan orar con nosotros.
 
Y qué difícil es regalar nuestro tiempo a los demás. Hay un bien mayor detrás de esto y es que acercándonos a estas personas, nos acercamos al mismo Dios; recordad las bienaventuranzas, recordad “Tuve hambre y me disteis de comer”.
 
Cuando hagas esto, dice el Señor, “brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía. El Señor te guiará siempre, hartará tu alma en tierra abrasada, dará vigor a tus huesos. Serás un huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan”.
 
De todo esto, saco la conclusión de que el ayuno que me está pidiendo Dios es el ayuno de mí mismo. Recibo este mensaje de Dios: “Mírame a mí y yo te llevaré al que te necesita”. Esto es una experiencia real, cuando miras a Dios empiezas a darte cuenta de las personas que están a tu alrededor que necesitan de ti y cuando entras en este bucle, la maquinaria está en marcha: Dios te acerca a los hermanos y los hermanos te acercan a Dios. Así que podemos afirmar que el ayuno nos une más estrechamente a Dios y a los hermanos.
 

¿Cuánta sed tienes de oración?

Ayuno y oración, se nos pide en este tiempo de Cuaresma. ¿Cómo está tu oración?, no me refiero a ninguna en concreto, sino a todas. ¿Cómo está tu oración personal, tu oración conyugal, tu oración familiar y tu oración comunitaria? Todas necesarias, ninguna de ellas sustituye a otra. Te lo pregunto de otra manera: ¿cuánta sed tienes de oración personal, oración conyugal, oración familiar y oración comunitaria?
  • Si no tienes sed de la oración personal probablemente tengas que meditar cómo está tu relación con Dios.
  • Si no tienes sed de oración conyugal, probablemente tengas que meditar cómo está tu relación con tu esposa o esposo.
  • Si no tienes sed de oración familiar probablemente tengas que meditar cómo está tu relación con tus hijos.
  • Y, por último, si no tienes sed de oración comunitaria tienes que meditar cómo está tu relación con tu comunidad, con tu grupo de oración, con los amigos con los que rezas. Y si no tienes comunidad, grupo de oración o amigos con los que rezas, tienes un problema. Búscalo de inmediato.
Frecuentemente la razón que damos para justificar la falta de oración o la poca oración es la falta de tiempo. Lo cual me lleva a afirmar que precisamente lo que Dios te está pidiendo es tu tiempo, volvemos a lo de antes: ayunar de uno mismo. Curioso que Dios nos dé el don de la vida, el don del tiempo para vivirla y luego nos mendigue del tiempo que nos da. Más curiosa todavía la respuesta que nosotros le damos.
 
El ayuno va contra nuestra forma de vida, nos desinstala, implica un sacrificio, que puede ser agradable y dar frutos si lo convertimos en ofrenda a Dios. Decía San Pablo a los Corintios (4: 16-17) que “aun cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día. Pues la leve tribulación presente nos proporciona una inmensa e incalculable carga de gloria.”
 
Pues eso pido a Dios ahora en este momento para todos nosotros, una inmensa carga de gloria, un inmenso gozo de sentirnos cerca del Padre, la gran alegría de ver nuestra vida renovada y entregada a aquél que lo dio todo por mí.
 
¡Bendito sea Dios! 
 
Exhortación a  Comunidade Caná
en el 2º Domingo de Cuaresma
José Antonio Pérez
Esposo y Padre de familia
Madrid, febrero 2021


El próximo viernes 26 comienza nuestro Encuentro de Comunidad, volveremos a vivir momentos de intimidad y fraternidad a través de las pantallas de nuestros ordenadores


En el Encuentro comunitario, uno de los temas de formación será la obediencia. En este curso en el que estamos descubriendo la unción personal de cada uno para ponernos al servicio del Reino de Dios, no hay mejor camino que el de la obediencia. "Sean dóciles a la Palabra de Dios para saber discernir y obedecer", nos decía el papa Francisco en una de sus homilías; así que, con esta invitación, nos ocuparemos y preocuparemos de cómo entendemos lo que es obedecer y a qué lugar nos lleva:

  • Amar a Dios y buscar su voluntad en nuestras vidas
  • Ser obedientes a la Palabra de Dios que nos permite resistir las tormentas
  • La obediencia es nuestra respuesta al experimentar la bondad de Dios 
  • ...

Después de nuestro Encuentro habremos descubierto mucho más. Os seguiremos contando.

 

Si tienes una gran batalla que luchar, elige con detenimiento las armas que vas a utilizar. La palabra es un arma que penetra en el otro para construirle o para destruirle. ¿A que lo has experimentado alguna vez en ti?

 

Bendecir o maldecir

Hay palabras que nos debilitan: las de crítica, las palabras de juicio, las de condena; y palabras que nos fortalecen. Las de perdón son las más poderosas (te invitamos a leer el arma del perdón).
Desde pequeños, aprendemos a mirar lo que pasa en nuestro mundo a través de cómo lo ven nuestros padres, nuestros hermanos, los abuelos, los tíos… Vamos creciendo incorporando a nuestra persona un poco de todos los que nos rodean. Y la misión de la familia es enseñar a mirar y a mirarnos a nosotros como lo que somos: hijos amados; y, desde esa mirada, podremos tener una buena mirada y una buena palabra en nuestra boca.

La palabra recoge el contenido de la mirada. Es necesario aprender a utilizar nuestras palabras para tener éxito en la vida. Hablamos de un éxito diferente a llegar alto, ganar dinero o conseguir el perfecto equilibrio. El éxito, para cualquier persona, es conocer el amor con el que ha sido creado y vivir en consecuencia a este amor. «Ama y dilo con tu vida», decía San Agustín. La bendición, por tanto, llega a nuestra familia si nuestra palabra y nuestra vida dicen lo mismo.

¿Podemos liberarnos de las palabras que nos han debilitado? ¿Podemos escapar de la soledad en que los juicios de las palabras de otros nos han encerrado?
Sí, porque el poder de la bendición es mayor que el de la maldición. El amor se auto regenera infinitamente. No es cierto que el amor muere: muerte y amor son dos palabras que no coexisten. La palabra utilizada para la verdad, es arma poderosa que alienta, impulsa y da un valor para la lucha que normalmente desconocemos, y es necesario recuperar en nosotros el bien-decir.

Hagamos la revolución de la palabra

Os proponemos a vuestra familia que comencéis una revolución. Colocar un panel en una pared; un cartel pegado en la nevera; un cuaderno en una mesa… para que todos puedan escribir en él. Poned los nombres de cada uno de los miembros de la familia por columnas, y, durante una semana, la semana de la revolución de la palabra, anotad las buenas palabras que habéis oído de los otros, poniendo el día y la hora; escribid también las malas palabras que han dicho.
Así, cada miembro tendrá una columna dividida en dos columnas más: para las palabras buenas y para las palabras malas. Serán los otros los que escriban en nuestra columna (no se puede escribir en la columna propia, claro está). Al final de la semana, sentaos a recontar las palabras. Ganará la persona que tenga más palabras de bendición en su columna; y la persona que más haya utilizado malas palabras, esas que no construyen ni animan, realizará un servicio a la familia durante la siguiente semana: bajar la basura, poner el lavavajillas, preparar el desayuno al resto… eso decidlo vosotros.
Este juego podrá ser el modo de entrenaros con el arma de la palabra. Hablad entre vosotros del bien y del mal que os hace la palabra que escucháis a diario. Y, si sois creyentes, os recordamos el poder de la Palabra de Dios. Terminar el día leyendo juntos el Evangelio, convertirá a vuestra familia en una familia fuerte ante la batalla de la vida familiar.


«El Espíritu Santo es el animador y santificador de la Iglesia, su aliento divino, el viento de sus velas. La Iglesia tiene necesidad de un perenne Pentecostés; necesita fuego en el corazón, palabra en los labios, profecía en la mirada». (Pablo VI)

«Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo» (Ef 4, 11-12).

Tener visión

La profecía no tiene nada que ver con la adivinación, con conocer las cosas ocultas.  Coloquialmente, en el ámbito terreno llamamos profeta al que adivina lo que va a suceder. Si uno predice algo y acierta, le llamamos profeta, ve el futuro, decimos. Sin embargo, nada tiene que ver esto con tener el don de profecía. Un profeta habla de parte de Dios; por lo tanto, alerta, despierta, toca el corazón con la Palabra de Dios actualizada en el hoy de nuestras vidas. 
 
La visión no es una predicción o descripción de un objetivo futuro sino un contexto para la acción en el presente, una manera de ser que cambia nuestra relación con el presente; y esto es acción del Espíritu en nosotros que nos da el querer y el poder. En palabras de Pablo a los Filipenses, "porque es Dios quien activa en vosotros el querer y el obrar para realizar su designio de amor" (Flp 2, 13).
 

¿Qué es el don de profecía?

Es una manifestación del Espíritu Santo a través de un miembro de la comunidad, que trasmite un mensaje de parte de Dios y que anima, consuela y edifica la comunidad.
No es habitual reconocer esta unción en nosotros, porque no la contemplamos como algo normal; y, sin embargo, por el Bautismo somos ungidos como sacerdotes, profetas y reyes. El Bautismo es el sacramento que nos da la nueva vida en Cristo.
Estas unciones de las que estamos hablando ahora -en concreto de la profecía- son para el anuncio del Reino de Dios. Son manifestaciones del Espíritu Santo a través de nosotros, pobres instrumentos.
Si Dios ha hecho crecer en ti esta unción, este don, de una manera especial, recuerda que no se trata de ejercer de profeta, sino de ser profeta: dejarse hacer por el Espíritu Santo en nuestras comunidades, en nuestros grupos de oración, en nuestras parroquias, en nuestras familias.
 
 El verdadero don de profecía:
  • No es equiparable a la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura. Por ello, es importante distinguir entre la proclamación de la Palabra y la palabra profética.
  • Nunca puede ir en contra de la Revelación. 
  • No es un discurso, ni una predicación o exhortación. 
  • Nos introduce en el Señorío de Jesús. 
  • Es siempre para el bien común. 
Para discernir la profecía hay tres criterios importantes: 
  1. La acogida e impacto que tiene en la Comunidad. 
  2. La valoración que de ella hace la autoridad y otros hermanos que tienen dones de profecía.
  3. Estar de acuerdo con la Revelación.
La profecía se manifiesta acorde con la personalidad del profeta y mezclada con su psicología y carácter o unción. Este es el motivo por el cual la palabra profética debe depurarse e ir buscando lo esencial, en cuanto al profeta; y, en cuanto al que escucha, debe depurarse también, para distinguir lo que puede venir de la psicología del profeta y lo que Dios me quiere decir, aún en medio de la imperfección humana. La profecía nos orienta hacia el amor, la obediencia, la humildad y el servicio.

¿Qué unción hay en ti?

Dios nos llama a cada uno; lo hace de manera diferente. Esto es lo que estamos descubriendo al reflexionar sobre este Ministerio quíntuple. Estamos recibiendo luz acerca de nuestros dones; por lo tanto, acerca de la llamada particular. Y esta llamada particular Dios necesita que sea apoyada en otros, con otros y ser así testimonio de Él. Te invitamos a que, en tu oración, le pidas a Dios reconocer tu unción para anunciar el Reino de Dios con tu vida.
 


«Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga el amor infinito e inquebrantable [de Dios]. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría». (Papa Francisco)

El amor es la fuente de la alegría

No nos cansamos de repetirlo, si somos amados, podemos amar, y el amor es la fuente de la alegría en la persona.
No es el bienestar, ni el orden, ni el perfeccionismo. Tampoco es tener lo necesario y mantener una vida equilibrada y armoniosa. Amar y ser amado es lo que hace a una persona feliz, y siendo feliz, la alegría viene a quedarse en la vida de uno.
Esta es la mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos, enseñarles la fuente de la alegría. Porque vivir alegres es una opción que uno escoge, no porque sea saludable, que lo es; no porque sea recomendable que también, sino que es la opción natural al saberse amado.
Ante cualquier dificultad, optar por estar alegre te lanza hacia adelante, te abre el camino, te despeja el horizonte. Si somos padres alegres, nuestros hijos -ya sean niños, adolescentes, jóvenes o adultos-, serán alegres. Si como hijos vemos que nuestros padres han olvidado la alegría, debemos recordarles el amor que hemos recibido de ellos y así ellos retornarán a lo importante.

¡Vivid en la alegría!

Estar alegres no tiene nada que ver con ser optimistas empedernidos pase lo que pase, ni siquiera se trata de mantener una sana inteligencia emocional como se nos dice tanto ahora. En realidad uno es alegre porque tiene un motivo para serlo, y ese motivo tiene que ser muy importante para que la alegría sea luz e impulso.
En la familia nos encontramos a cada paso con dificultades, algunos dirían que son algo más que dificultades, a veces son situaciones de sufrimiento y dolor, la enfermedad que aparece y se instala, la precariedad económica y laboral, las crisis en la convivencia que minan toda ilusión, frustraciones, desengaños, infidelidad… Y sin embargo la invitación es rotunda: ¡Vivid en la alegría!, una alegría que despeja cualquier dificultad, porque nace de la fuente verdadera. Pablo VI escribió: «nadie queda excluido de la alegría que reporta el Señor», y es esa la alegría verdadera que te impulsa a ser madre, padre, hijo, sin frustraciones ni resentimientos.

¡Probadlo!

Si en estos momentos tú, tu familia, necesita de la alegría, id a la fuente. «Llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser verdadero. Allí está el manantial» (Evangelii gaudium, Papa Francisco).

Esta entrada que ahora estás leyendo en este blog, forma parte de lo que hemos llamado: Armas para la batalla de la vida familiar, a saber: la bondad; el perdón; la alegría; la palabra; la escucha, y no son artículos formativos, ni profesionales, sino que queremos compartir con vosotros nuestro testimonio como familia, y animaros a utilizar estas armas porque serán buenas herramientas para vuestra vida familiar por encima de la mediocridad o de una vida aceptablemente buena. Así que os animamos. ahora que habéis llegado en vuestra lectura hasta este punto, a que en una velada familiar hagáis juntos una lista de todo lo que quedaría fuera de vuestro hogar si dais más espacio a la alegría, y algo también importante, ¿cuál es en vuestra familia la fuente de la alegría? Eligiendo bien la fuente vuestra alegría será auténtica o solo una copia poco perdurable. ¡Sed familias engendradoras de alegría!
¡Ánimo y a las armas!


La Iglesia Católica celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del 18 al 25 de enero de 2021

“Permaneced en mi amor y daréis fruto en abundancia”                                            (cf. Jn 15, 5-9)

      Ya están disponibles los materiales que preparan conjuntamente el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias

    Los obispos de la Subcomisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales y Diálogo Interreligioso  también han hecho público un mensaje en el que destacan que la unidad de la Iglesia es necesaria para acercarnos a la unidad que Cristo quiere para todos.

     En Comunidade Caná oramos y trabajamos por la unidad de todos los que hemos aceptado a Jesucristo como Señor y Salvador de nuestras vidas.

El perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Perdona, que perdonando tendrás en paz tu alma y la tendrá el que te ofendió (Madre Teresa de Calcuta)

Desde este blog hemos empezado a compartir con todos los que nos leéis acerca del poder que tienen lo que hemos llamado "las armas para la batalla" en nuestra vida familiar.

La familia es el lugar donde nacemos, crecemos, y donde aprendemos a ser la persona que estamos destinados a ser. Aprendemos a amar, porque nos han amado. Aprendemos a creer en nosotros porque han creído en nosotros. Y aprendemos a perdonar porque nos hemos sentido perdonados y aceptados con nuestros errores y dificultades.

Algunas veces esto no es así, y cuando formamos nosotros una nueva familia arrastramos a nuestro nuevo proyecto aquello que ha formado parte de nuestra familia de origen. Pues bien, es muy importante que revisemos las mochilas, y hagamos limpieza de todo lo que no nos es útil para la vida con nuestro marido o mujer, con nuestros hijos.

Llamados a crear algo nuevo

Conocimos a Blanca en el Camino de Santiago, y compartimos camino con ella durante tres días. Nuestra primera sorpresa fue descubrir que tenía 56 años... Desde luego que no los aparentaba. Fue en el último día en el que compartimos camino, cuando entendimos por qué Blanca no parecía tener esa edad, porque la verdad es que tenía canas y algunas arrugas, le dolían las rodillas a primera hora del día y necesitaba dormir en una pensión que fuera más cómoda que los albergues. Y nos dimos cuenta… Blanca parecía una chica joven ¡¡por su amplísima sonrisa!! que dejaba ver un alma serena y feliz.

A las 12 de la mañana del viernes, recordamos la hora por las campanas de una Iglesia que sonaban en ese momento, nuestro tercer día de camino, Blanca nos contó lo de su madre. ¡Menuda historia tan terrible! No nos podíamos imaginar cómo vivir cuando la persona que te ha llevado en su vientre, te ha recibido en sus brazos… en lugar de darte amor y ternura, te ofrece indiferencia, y te rechaza como hija.

Y cuando tenía 19 años, conocí a Jorge, mi marido, -nos contó Blanca- me miró con tanto amor, que me enamoró. Y… me enseñó su secreto, que es mi lema en la vida. Jorge, que tiene unos padres que le quieren, que le han ayudado y apoyado en todo momento, un día me contó como su abuelo Nicolás, que había vivido la guerra y conocido el horror de haber disparado en el frente, y seguro, matado a más de una persona, no paró hasta buscar el remedio que le aliviase su dolor, que no le abandonaba ni de día ni de noche. Y lo encontró: El perdón". No supimos toda la historia del abuelo Nicolás… Fue en ese momento, 12 del mediodía -las campanas estaban sonando-, cuando Blanca se paró y nos dijo: "Al principio, cuando me propuse perdonar, no lo conseguía hacer; me ha llevado tiempo, y ahora no puedo parar de perdonar, es un hábito, es algo natural, es mi propósito, sé que no tengo que esperar a desear perdonar lo que me hace daño en mi vida, simplemente tomo la decisión de hacerlo. Un día, mi hijo, me dijo, Mamá pide ayuda, lo tuyo no es normal, pero le vi salir de la habitación sonriendo de oreja a oreja, y pensé, le estoy dejando una buena herencia".

No hay futuro para ninguna familia sin perdón

A pesar del amor, de la buena voluntad, de la bondad… en el matrimonio, en la familia, nos vamos a hacer daño. Algún día surge una herida que nos sorprende, una prueba, un disgusto, una torpeza, una desilusión; algo que no esperábamos del otro y que nos duele profundamente, precisamente porque viene de las personas en quienes hemos puesto nuestra vida.

¡El amor tiene una capacidad infinita de recuperación!

El nacimiento de Jesús es la novedad que cada año nos permite nacer interiormente de nuevo y encontrar en Él la fuerza para afrontar cada prueba

 

…afrontar cada prueba, esto es lo que necesitamos en nuestra familia. De todo lo que creemos necesitar, de todo lo que hacemos acopio en estos días, aún en medio de la pandemia y de los confinamientos, lo que verdaderamente necesitamos es la tranquilidad de sabernos amados y un corazón capaz de amar.
Y lo demás, son añadidos.

Por eso este año, el Papa Francisco, nos decía: “Este es el corazón indestructible de nuestra esperanza, el núcleo candente que sostiene la existencia: más allá de nuestras cualidades y de nuestros defectos, más fuerte que las heridas y los fracasos del pasado, que los miedos y la preocupación por el futuro, se encuentra esta verdad: somos hijos amados. Y el amor de Dios por nosotros no depende y no dependerá nunca de nosotros: es amor gratuito, pura gracia”.

Familia, vivamos en Esperanza toda prueba que estemos pasanso. La Esperanza se topa de frente siempre con la mirada de Dios, y su mirada, más aún, su mismo Espíritu que nos traspasa, dice: …porque para Dios nada hay imposible.

“Puso toda nuestra salvación en el pesebre de un establo y no tiene miedo a nuestra pobreza. ¡Dejemos que su misericordia transforme nuestras miserias!” (Papa Francisco)

¡Créelo!

Mensaje completo del Papa Francisco en la Vigilia de Navidad

 «Vigilaos a vosotros mismos, para que vuestros corazones no estén ofuscados» (Lc 21, 34a)


Al inicio del Adviento, al inicio de diciembre, nuestra comunidad vuelve a reunirse. Los Encuentros de comunidad en estos momentos son muy diferentes a los Encuentros presenciales, todo un reto para mantenernos fiel a la llamada con alegría y gozo, aun con las dificultades que se presentan. Aunque, utilizar la palabra dificultad, es no ser fiel a la verdad, porque simplemente estamos utilizando otros medios, medios técnicos que todos tenemos en casa, así que damos gracias a Dios por la abundancia de oportunidades que nos da para vivir la fraternidad.

...que vuestros corazones no estén ofuscados 

Es un toque de atención. No pongamos trabas a las bendiciones de Dios. No estorbemos a su gracia que se derrama en abundancia. Es cierto que los canales por los que se derrama su Gracia en nuestras familias son muy diversos, a través de la paz, de la tranquilidad... y también nos llega a través de la tribulación y de la prueba. Y ante las diferentes circunstancias que estamos viviendo, Dios, al inicio de este Adviento, nos dice: «Vigilaos a vosotros mismos, para que vuestros corazones no estén ofuscados». Desatasquemos los corazones y presentemos nuestra vida ante Dios con sencillez, Él la colma de su amor.

En este ENCUENTRO de COMUNIDAD, que viviremos vía Zoom desde el sábado día 5 hasta el martes día 8, continuaremos trabajando los diferentes dones que nos da Dios para anunciar el Evangelio. Estos días profundizaremos en el don de enseñanza y en el de profecía.

No perdamos el tiempo, ¡es Adviento!


Porque AÍNDA NON é Nadal !

> Un pequeno canto que trae o miolo de cada DOMINGO de ADVENTO <



     El 8 de diciembre de 2018, la Santa Sede erigió un organismo que constituiría un nuevo y único servicio internacional para la corriente de gracia que es la Renovación Carismática Católica. Este único servicio, deseado en varias ocasiones por el Papa Francisco, lleva el nombre de CHARIS, y se propone desarrollar su trabajo en beneficio de todas las expresiones de la Renovación Carismática Católica. El propio Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida procedió a nombrar al Moderador, a los dieciocho miembros del Servicio Internacional de Comunión y al Asistente Eclesiástico.

    El 19 de enero de 2019, en Madrid, nos reunimos representantes de distintas realidades carismáticas de España, con el objetivo de comprometernos firmemente con el deseo del Papa Francisco iniciando el nuevo y único servicio español para la corriente de gracia. Las expresiones carismáticas participantes en este encuentro fueron: RCCE, RCCeE, Comunidad Fe y Vida, Comunidad de Siervos de Cristo Vivo, Fraternidad de Familias Invencibles, Comunidade Caná, Comunidad de Alianza Israel y Escuela de Evangelización de San Andrés. Los asistentes firmamos, en nombre y representación de las realidades carismáticas participantes, un acta constitutiva del Servicio Nacional de Comunión en España y se acordó formar una comisión con 5 miembros para dinamizar el camino de implantación de CHARIS en España.

 


    La comisión acordó convocar un Encuentro para el día 23 de noviembre de 2019, invitando a todas las expresiones carismáticas que conocían y aquellas que habían manifestado su deseo de participar en la implantación de CHARIS en España, con el objeto de conocerse, orar juntos y tomar las primeras decisiones importantes para organizar el nuevo único servicio para esta corriente de gracia en España.  A esta reunión asistió también el Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (CEAS), D. Luis Manuel Romero Sánchez. Participamos 35 miembros de 16 expresiones carismáticas: RCCE, RCCeE, Comunidad Fe y Vida, Comunidad de Siervos de Cristo Vivo, Fraternidad de Familias Invencibles, Comunidade Caná, Comunidad de Alianza Israel, Escuela de Evangelización San Andrés, Comunidad Chemin Neuf, Comunidad Tabor, Comunidad Jesús Resucitado, Comunidad carismática de adoración y alabanza Cristo vive, Asociación Koinonía Juan Bautista, Casa de oración María Hija de Sión, Fraternidad en el Espíritu Santo y Comunidad Nueva Vida. Tras una votación de las realidades presentes, salió el Servicio Nacional de Comunión para España, compuesto por 7 integrantes (Oscar Puebla, Lázaro Iparraguirre, Mª Carmen Rosa, Montse González, Lourdes Magallón, Alejandro Bo y Mª Carmen Rubio). 



  Este año de pandemia, ante la imposibilidad de tener un Encuentro presencial, el SNC convoca a las diversas expresiones carismáticas de España a un Encuentro por Zoom el 5 de diciembre de 2020Tendremos con nosotros a Pepe Prado Flores, miembro del Servicio Internacional de Comunión de CHARIS.


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APÓSTOL: Impulsa en la fe; invita a mirar las cosas de arriba, no las de la Tierra; muestra el camino; llama a la acción.


Este curso estamos desarrollando en nuestra comunidad el  Ministerio quíntuple. ¿Cómo llama a cada uno el Señor para trabajar en el Reino de Dios? Si acudimos a la Escritura, Pablo nos habla de cada una de las unciones específicas: «Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo». (Efesios 4, 11-12)

Si vemos la manera, el estilo, las palabras que utilizamos cada uno de nosotros, descubriremos que una misma misión, un mismo servicio, cada uno lo realiza desde una de estas unciones: apóstol, profeta, maestro, pastor, evangelista. Esto es lo que está en nuestras entrañas, en nuestra identidad de Hijos de Dios.

El descubrimiento de estos dones que se complementan, nos dará “el poder que viene del Espíritu Santo”,así como unas relaciones más espirituales. Conocer los dones que tenemos es fundamental para crecer espiritualmente. Dios hace una llamada común que todos compartimos: anunciar el Evangelio. Y una llamada específica: cada uno tiene un llamamiento único que descubrir y seguir. Cada uno lleva el Reino de Dios allí dónde Dios le ha llamado.

¿Cuál es tu característica principal? ¿Con qué dones te ha diseñado Dios? Descubriéndolo podrás avanzar con alegría y responder a la llamada.

La unción de APÓSTOL

La palabra griega “apóstalos” significa uno que es enviado, un mensajero especial.
Los apóstoles son pioneros, abren el camino y lo preparan para que otros lo sigan. Los apóstoles ejercen la unción para predicar las verdades del Reino. Una señal inequívoca de un apóstol es la habilidad dada por el Señor para animar la creación de nuevas comunidades, adiestrando líderes e impartiendo dones: “Pues tengo ganas de veros, para comunicaros algún don espiritual que os fortalezca” (Rom 1, 11). 

El apóstol aborda retos que se suponen imposibles... Sin embargo, el inconveniente del apóstol es que no atiende las necesidades de su comunidad. No tiene ese don. Necesita a su lado otros que hagan esa tarea. Suele ocurrir que sus hermanos ven sus dones y milagros, pero sienten que allí no hay cuidados, afecto, empatía.

Tenemos un ejemplo bíblico muy claro cuando el Pueblo de Dios se queja en el desierto a Moisés, ¿Por qué nos has traído aquí? Vamos a morir de hambre y de sed... Eres un loco, un lunático, nos pones en peligro...

 MINISTERIO QUÍNTUPLE



Dios te invita a la libertad. Él no hace de ti un ser pasivo. Por su Espíritu Santo, Dios habita en ti; pero no te sustituye, al contrario, despierta en ti energías insospechadas (Hermano Roger, Taizé)

 

«Los compromisos pronunciados hacen de nosotros el signo concreto, visible, de algo que nos sobrepasa a nosotros mismos, el signo de Cristo presente en el mundo. Viviéndolo, buscamos que Cristo sea accesible». En nuestra comunidad acabamos de pronunciar ante los hermanos y ante Dios un compromiso de Alianza, -en nuestro pasado encuentro comunitario de octubre, al inicio del curso, renovamos nuestra Alianza anual-, y aunque no todos los días nos vamos a sentir capaces de responder a este compromiso, Dios es quien está haciendo su obra en nosotros y Él nos llama a ser comunidad para ser signo en medio del mundo de Él.

Dios nos dice a cada uno de nosotros, cristianos: «Vuestro mundo os mira, queriendo verme a mí. No ven el combate que hay detrás, las fragilidades, pero lo que perciben es cierto, perciben mi presencia en vosotros. ¡Continuad!, -nos dice Dios-. ¡Estad expectantes! Escuchad la voz de mi Espíritu que murmura día y noche en vosotros y que os libera de todo lo que os impide avanzar».

Y así comenzamos en Caná el mes de noviembre, con un Encuentro de Comunidad los días 13, 14 y 15. Lo vamos a vivir online, y tanto el sábado por la mañana, como el Domingo, otras familias se van a conectar con nosotros para rezar y compartir la enseñanza. La Alianza recién renovada nos reclama una vida espiritual comunitaria más fuerte, y la oración comunitaria y el compartir es el único camino: «Así es como se camina hacia la comunidad: un alma, un corazón, un espíritu, un cuerpo».