Comunidade Caná

Comunidad Católica de Alianza integrada por familias en el seno de la Renovación Carismática


  Los días 18 y 19 de noviembre (2018) celebraremos en Tirán nuestro Encuentro de Comunidad. Los Encuentros comunitarios son mensuales; normalmente, de fin de semana. En todos ellos hay oración, revisión de vida, formación, participación en la Eucaristía dominical y preparación de las acciones pastorales y de evangelización que lleva a cabo la Comunidad. Los niños y jóvenes se integran en las reuniones en momentos de oración, ayudando a los adultos en actividades domésticas u organizativas y realizando actividades formativas adecuadas a su edad.

   
La Comunidad acoge la singularidad de cada familia, creando unas relaciones fraternas, aprendiendo unos de otros en la oración y el compartir humano, espiritual y material, en la línea de las primeras comunidades cristianas (Hech 2). Cada familia de la Comunidad camina como Iglesia doméstica. Nuestro modelo es la Familia de Nazaret. Hacemos oración en familia al terminar el día: Rosario, Vísperas, lectura de la Biblia acorde con los tiempos litúrgicos...

    Cada familia se compromete a rezar por las otras familias de la Comunidad y a mantener una comunicación cercana, tanto los adultos como los jóvenes y los niños, a visitarnos unos a otros y compartir de cerca nuestras dificultades y alegrías, luces y sombras... Es motivo constante de nuestro compartir, en primer lugar, nuestra propia vida -para crecer espiritualmente y dar mayor gloria a Dios- y, en segundo lugar, nuestro servicio a la Iglesia.

    Todas las familias necesitamos un espacio de intimidad y un espacio de apertura a los otros. Es importante mantener estas distancias. Cada familia ha de ir haciendo su propio camino con el Señor: camino de amor y oración, acción y contemplación, vida familiar y vida de servicio a la Iglesia. Comunidade Caná es una comunidad de comunidades.

   Propiciamos la constante formación cristiana de todos los miembros de la Comunidad. Una formación bíblica, doctrinal y espiritual que va encaminada a servir a la Iglesia, fundamentalmente en el campo de la familia. Se cuida de modo especial el trato con los sacerdotes.

   Cuando así lo pide una familia, la Comunidad trata de potenciar, apoyar y ayudar la acción evangelizadora que está realizando en el lugar donde vive. La Comunidad va creando un estilo evangelizador propio que tiene como elementos principales la oración y el testimonio.


 

     Este único servicio para la corriente de gracia que es la Renovación Carismática Católica, deseado en varias ocasiones por el Papa Francisco, llevará el nombre de CHARIS y se propone desarrollar su trabajo en beneficio de todas las expresiones de la Renovación Carismática Católica. Este organismo al servicio de todas las realidades de la Renovación Carismática Católica, CHARIS, no ejercerá alguna autoridad sobre ellas.

   Cada realidad carismática seguirá siendo lo que es, en pleno respeto a su propia identidad, y permanecerá bajo la jurisdicción de la autoridad eclesiástica de quien depende. Cada realidad carismática podrá usar libremente, para el cumplimiento de su misión, de todos los servicios que CHARIS prestará, objetivo fundamental que el nuevo organismo se propone.

     El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida procederá a nombrar el Moderador, los dieciocho miembros del Servicio Internacional de Comunión y el Asistente Eclesiástico por un primer mandato de tres años. Las personas mencionadas asumirán sus funciones en la solemnidad de Pentecostés 2019, día en el cual los estatutos de CHARIS entrarán en vigor.

Si vosotros, matrimonios cristianos, os sentís llamados a vivir vuestra vida de fe con otras familias y no sabéis cómo hacerlo, aquí tenéis una manera de empezar.


ENCUENTROS ABIERTOS, cada MES, 
a cualquier familia que quiera participar 
Niños - Jóvenes - Mayores

Casa Rectoral de la Parroquia de Tirán (Moaña)
¡No es bueno que  tu FAMILIA esté sola!

¿Quieres más información?
Eva y Nacho: egmolinos@gmail.com





      El noviazgo es el tiempo en el cual los dos están llamados a realizar un trabajo compartido sobre el amor; un trabajo en profundidad. Se descubren poco a poco el uno al otro.  El hombre ‘aprende’ acerca de esta mujer, su novia; y la mujer ‘aprende’ acerca de este hombre, su novio. 
     Desde esta perspectiva -apuntada por el Papa Francisco- hemos preparado, en la Archidiócesis de Santiago de Compostela, un ITINERARIO para NOVIOS sin fecha de boda.
        Os presentamos 15 temas para ayudar a verificar vuestro amor. Un camino que tiene meta: 
https://itinerarionovioscompostela.blogspot.com 

     Durante este curso 2018-19, el ITINERARIO se desarrolla en ENCUENTROS MENSUALES en Santiago (Parroquia de San Fernando) y Pontevedra (Parroquia de Santa María). Estamos a tu disposición para informarte o aclararte más detalles: llámanos por Tf (986.313.795) o escríbenos (canacomunidade@gmail.com).


        La clave es el diálogo que estos temas, como etapas de un camino, pueden suscitar en los novios. Aportan luz para que los novios verifiquen su amor y puedan responder a la pregunta ¿cómo sé yo que es la mujer o el hombre de mi vida?


         "Aprender a amar a alguien no es algo que se improvisa ni puede ser el objetivo de un breve curso previo a la celebración del matrimonio" (Amoris laetitia 208)



    El Retiro de Servidores de Familias Invencibles 2019 tendrá lugar en Alpedrete los días 11, 12 y 13 de eneroDios quiere hacer de nosotros un pueblo de SERVIDORES. Además de los Enlaces, hay familias que han sentido la llamada de Dios a dar un paso más en Familias Invencibles, poniéndose al servicio.
     Este RETIRO es un momento de gracia y fortaleza espiritual, buscando la comunión y la voluntad de Dios. Para ser fieles a la llamada que hemos recibido es necesario beber de la fuente, que es el mismo Dios, y llenarnos de su Espíritu Santo.


      Este curso de especialización ofrece una formación amplia en temas de familia y vida. Tiene como seña de identidad facilitar la asistencia de las familias. En este sentido, el curso se imparte en fines de semana para no interferir con las obligaciones laborales, espaciados trimestralmente y con un coste mínimo. Para favorecer la convivencia entre los participantes y la unidad familiar, se ofrece el servicio de comedor y se realizan actividades paralelas para los hijos. También hay posibilidad de alojamiento para quien lo precise.

        Comunidade Caná impartirá varias asignaturas:

  • TFF    La transmisión de la fe en la familia
  • PAF    La pastoral de las familias
  • PAV    La pastoral de la Vida
  • PVC    Psicología de la vida conyugal
  • ACV    La acogida de la vida
  • FYM    Familia y Misión


   El mundo, e incluso la Iglesia, están llenos de gente que piensa que Jesús ha venido a ser un modelo o, como máximo, a darnos fuerzas para comportarnos bien y, mediante esas buenas obras, ganarnos el cielo. Este cristianismo es demasiado infantil y nunca nos llevará a experimentar en serio el poder de la resurrección de Jesucristo. Nunca provocará en nosotros la oración de alabanza y sí una continua lluvia de peticiones a Dios. Pero lo más grave es que, aunque perdone nuestros pecados, no experimentamos la sanación y liberación de resentimientos, odios y tendencias. Sigues odiando al que te hace daño y no amarás a nadie cuando este amor te duelo. La causa de esto es que el Espíritu está bloqueado, tiene que utilizar la razón, la voluntad humana y sus esfuerzos. Tiene que rebajarse a nuestros métodos y soportar la injerencia omnímoda de nuestro yo en la relación con Dios.

    Por eso, la mayoría de la gente ha confinado los efectos de su cristianismo en el más allá. Su religión le sirve para salvarse en el otro mundo y darle un poco de orientación en éste. Jamás, empero, ha tenido una experiencia tangible aquí, su vida no ha cambiado, no hay ningún pentecostés, ni un antes y un después. Se debate en medio de esfuerzos cansinos, se le hace pesadísima la práctica de la piedad y todo se le convierte en una carga insoportable. Por otra parte, su carne está vivísima y, como no encuentra la salvación en Dios, la busca donde puede, llenándose su vida de culpabilidad, dobleces, temores, dudas, escrúpulos y aprensiones religiosas. De esto se deriva una pérdida del sentido de la vida, la fe se agosta mortecina y todo se sustituye por otros valores de los que se espera más vida y en definitiva, más salvación.

   Cuando predomina esta forma de vivir el cristianismo se busca en las obras la justificación y la sensación de vida. Pululan por doquier reuniones, congresos, documentos, planes y pastorales. En otra línea surgen también las estrictas observancias, compromisos, lucha por la justicia, inserciones en los lugares más conflictivos y necesitados. Si no existieran los pobres habría que inventarlos. Estas cosas son simples obras. Las obras sirven para testimoniar la gracia, cuando provienen de ella, pero no para engendrarla. Pero, a veces, las obras dejan de estar conectadas con la gracia y se transforman en un fariseísmo más. En este caso se dan por supuestas muchas cosas. Se da por supuesto que se vive del Kerigma cuando, en realidad, es la simple cultura cristiana la que mantiene este engaño sin que bajo esos elementos culturales haya un mínimo de experiencia de Dios.

(Chus Villarroel - "Crecimiento en el Espíritu")



   Celebraremos -Dios mediante- la Fiesta de la Sagrada Familia el Domingo 30 de diciembre de 2018, con una EUCARISTÍA muy especial en la Catedral de Santiago. Será a las 18:00 horas. Estamos convocados por nuestro Arzobispo, D. Julián. Queremos contar con tu presencia y tu participación activa. Para ello es importante saberse los cantos; aquí los tienes: http://misadelasfamilias.blogspot.com/
    Quizá pudieras venir con tu familia y con otras familias, amigos, jóvenes, niños, gente de tu parroquia... Un modo de motivar la participación puede ser, precisamente, reunirse antes para preparar los cantos.     



Con Isabel Botía y Humberto Díaz

Colegio Reparadoras del Sagrado Corazón
Avda. Guadarrama, 38 / Majadahonda (Madrid)
9 y 10 de marzo de 2019
 Os animamos a dejar vuestros cómodos sofás, salir de vuestras casas 
y dedicarle a Dios ese fin de semana. 
Él nos espera y está deseando encontrarse con nosotros.





“Porque los dones y la llamada de Dios son irrevocables”  (Rom 11, 29)

           Me llamo Santiago y nací en el seno de una familia católica. Desde pequeño me educaron (con la mejor de la intenciones y fruto de la fe heredada) en una fe en la que había que ser bueno y rezar mucho para agradar a un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos.
            A los catorce años ingresé en el Seminario porque desde pequeño sentía deseos de ser sacerdote. Allí esa forma de ver la fe y mi relación con Dios estaba orientada hacia una vida sacerdotal que buscaba sacerdotes santos (como tienen que ser). Rezábamos, estudiábamos, asistíamos a retiros mensuales, ejercicios espirituales, hacíamos deporte, teníamos ratos de ocio y diversión… Pero en el fondo yo estaba actuando movido por mis propios esfuerzos más que apoyándome en la Gracia de Dios; ésto hizo que poco a poco me fuera cansando y perdiendo aquella ilusión que tenía desde pequeño en ser sacerdote…
            Acabé yéndome del Seminario, mintiéndome con muchas excusas para justificar mi dejadez y abandono. Una de ellas fue que me iba al servicio militar para hacer un paréntesis y tomar fuerzas de cara a volver al Seminario. Allí estuve destinado como monaguillo en la iglesia castrense. Se me hizo dura la estancia allí, la soledad (a pesar de estar rodeado de compañeros) identifiqué aquello con la idea que eso sería lo que me esperaba en el futuro si me hacía sacerdote… Un día me puse delante del sagrario y, muy enfadado, le dije al Señor: ¡Pasa de mí! Y me fui muy enfadado y triste… Era un figurante en las eucaristías… asistía, ayudaba en las celebraciones, respondía –que no rezaba-, no comulgaba, la verdad es que me daba igual, sólo cumplía con mi destino militar de monaguillo… Estaba deseando que terminase mi cautiverio e irme a mi casa.
   Finalizada la mili empecé a llevar una vida en la que Dios no tenía sitio. Durante unos dieciséis años busqué llenar mi corazón con todo tipo de cosas que cualquier joven tenía a su alcance, excepto las drogas –gracias a Dios-, y no porque no hubiera ocasiones para ello. Dios era irrelevante, incluso me había vuelto en contra de Él. En el fondo, ese resentimiento hacia el Señor era la manera que tenía yo de desplazar mis frustración porque no tenía fuerzas para haber respondido a su llamada, me revelaba, no quería ser sacerdote así, me horrorizaba la soledad, en vez de pedir su gracia me dejaba llevar por la comodidad y la pereza.
  Alguna vez asistía a misa algún domingo, sentía necesidad de Dios, pero mi pecado y mis heridas me impedían acercarme más a Dios… “¿cómo me va a perdonar Dios con todo esto que llevo a mis espaldas? ¿cómo me voy a salvar si es para mi imposible ser fiel al Señor? No hay esperanza posible para mi, soy un caso perdido…” Todo ésto me desanimaba todavía más.

            Sentía que mi vida no encajaba en medio del mundo, había tenido un par de novietas pero no acaba de sentirme lleno, no tenía sentido, me faltaba algo. Empecé a buscar y esa búsqueda me llevó a reencontrarme con un sacerdote que me conocía y empezamos a quedar y hablar. En una de esas conversaciones recuerdo que le dije si a lo mejor no debería retomar el tema sacerdotal que era algo que me ilusionaba de pequeño y que aún estaba ahí, que a veces me lo planteaba. Su respuesta fue que lo primero que tenía que hacer era tener relación con el Señor, eso era lo más importante, que no corriera, que a lo mejor no era lo mío porque estando alejado de Dios era difícil poder pensar que Dios me llamase al sacerdocio…
   Empezamos a vernos con más frecuencia para charlar, me habló de la Renovación (ya conocía por un grupo de Coruña, cuyo nombre no recuerdo, al que había conocido por una convivencia que habíamos organizado en su parroquia y habíamos coincidido con ellos… si recuerdo que me habían parecido una “panda de chiflados” –fruto de la soberbia espiritual que yo padecía- en otra ocasión haciendo un vía crucis al Monte Xestoso, en Moaña, los del Grupo de Oración de San Martiño habían llegado antes que nosotros y cuando nosotros estábamos llegando a la cruz nos aplaudían y estaban cantando con guitarras y pensé para mi: ¿pero ésta gente tiene idea de lo que significa un vía crucis? ¿porqué narices nos aplauden?... Vamos que mi concepto de la Renovación no era muy positivo que digamos… Me creía superior y hasta me reía de sus miembros, ¡pobrecitos, están chiflados!
          Intentaba llevar una vida cristiana pero no acaba de arrancar, hablaba con este sacerdote él me escuchaba todas mis tribulaciones, me animaba a confesarme y acercarme a Dios, pero en el fondo yo no me dejaba ayudar del todo, quería pero no podía, había heridas internas que necesitaban ser curadas pero yo me resistía a ser ayudado, esas heridas eran más fuertes que yo y no me dejaban acercarme a Dios y pedir que me sanase y me perdonase. En el fondo el no aceptarme tal y como yo era, mi concepto de Dios exigente y justo hacían que me entristeciera y no acabara de dejarme sanar.
            Un día me invitó a que asistiese a una Asamblea de la Renovación, hasta el sábado no nos acercamos al parque de atracciones a coger las acreditaciones (a todo esto no habíamos reservado nada con lo que podría ser que no tuviéramos ninguna posibilidad de entrar, pero sí, sí había acreditaciones)… Entramos, la verdad es que estaba cortado ¿qué hacía yo allí en medio? Intentaba rezar, hacerme pasar por uno más… Menudo rollo que estaba soltando un fraile todo vestido de blanco, que decía que era del Real Madrid, a mi que soy culé, ya me empezaba a brotar la soberbia que llevo dentro, que si niveles de evangelización que no recuerdo cuáles eran… después eucaristía… recuerdo que me daba mucha vergüenza el hecho de que no podía comulgar porque no estaba en gracia de Dios, y para no pasar vergüenza en el momento de la comunión me fui a esconder en el cuarto de baño… Más enseñanzas, yo allí cansado, aburrido… Por la tarde lo de la Alabanza con cantos y bailes de aquí para allá me cabreó sobremanera, recuerdo una canción sobre un tren… y yo perplejo me decía: ¡pero si ya lo sabía, si estos tíos están chiflados!¡si es que soy tonto!... Creo que la cara de mala leche que le ponía al que esta mi lado (cuando estaban cantando lo de  Resucitó yendo y viniendo de derecha a izquierda) no se le pudo olvidar en la vida, esa cara en plan si te acercas a mi te la cargas… de hecho el pobre solo podía alabar al Señor hacia su izquierda, pues hacia su derecha me tenía a mi cabreado y con ganas de largarme de allí y de que no me tocaran las narices.
            Acabada la Alabanza vino la Adoración... Tras el numerito anterior, mi sentimiento era, bueno a ver si pasa y  nos vamos por donde hemos venido que ya he tenido bastante. Pero, al final, acabé la Adoración postrado ante Jesús, dándole gracias por ese día.

       Después de aquella experiencia, empecé a asistir a misa los domingos, un tanto a escondidas; me daba vergüenza en casa que supieran que iba a misa, procuraba quedar más con mi amigo sacerdote para charlar… pero todavía quedaban cosas en mi interior que sanar, cosas que me impedían acercarme del todo al Señor y sobre todo recibirle… , lo mío era como el Guadiana, que aparece y desaparece, mi trato con el señor estaba marcado por mi falta de esperanza y de fe. Pasó un tiempo y el Señor me dio la Gracia de la valentía para confesarme, reconocerme pecador y reconciliarme con él…
        Fue un momento de una gran alegría, a partir de ahí pude recibir al Señor con más frecuencia, y empezar a tratar de discernir mi futuro como sacerdote arropado por un grupo de sacerdotes, con una dirección espiritual frecuente, y por la oración de mucha gente querida que sabía que estaba en este proceso de discernimiento.
        En todo este tiempo estaba pidiéndole al Señor fuerzas para caminar, que yo no podía, le decía que me sanase de todo aquello que me apartaba de Él… tenía miedo a la soledad, en la oración fui descubriendo que no tenía que tener miedo… y me empecé a sentir lleno de paz.
          Con la oración y el acompañamiento espiritual fui teniendo más claro cada día estas palabras:  “No temas, el Señor es el dueño de tu soledad y tu vida, Él toma tu Soledad por ti”, en ese momento descubrí que aquello era así, no estaba solo, el Señor me hizo ver que él tomaba mi soledad por mi, ahora SÉ que está vivo y resucitado y que ha actuado en mi vida que es mi Señor y mi Salvador, y que con la ayuda de su Gracia todo lo puedo, que Dios tiene sus tiempos. Al final de este proceso he tomado la decisión de volver al Seminario, muy contento  y por ello  puedo decir: ¡¡¡GLORIA A DIOS!!!

    Como una epidemia (individualismo), aumenta el número de individuos humanos -también cristianos; incluso pastores, religiosos, sacerdotes, obispos...- aparentemente conectados entre sí, pero existencialmente solos y aislados, sin desarrollar su capacidad para estar y encontrarse en el otro, para la intimidad y la generatividad, para relacionarse “saliendo del propio amor, querer e interés” (S. Ignacio de Loyola).
    Vivir en COMUNIDAD (eso es vivir cristianamente) resulta hoy contracultural, verdaderamente revolucionario: es vivir desviviéndose por el otro«Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mi no puede ser discípulo mio. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.» (Lc 14, 26-33). Somos la revolución: el compromiso y la tarea, concretos, de entregar la vida, toda la vida, por Amor.