Comunidade Caná

Comunidad Católica de Alianza integrada por familias en el seno de la Renovación Carismática

“El Evangelio es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree” (Rom 1, 16)

  Solo una Iglesia evangelizada puede convertirse en una Iglesia evangelizadora; solo una Iglesia que vuelve una y otra vez al Cenáculo para recibir la fuerza del Espíritu Santo en un nuevo Pentecostés, puede convertirse en una Iglesia que evangeliza con gran poder, como la Iglesia primitiva. Sin nuevos evangelizadores no puede haber nueva evangelización; sin nuevo Pentecostés ni Espíritu Santo no hay nuevos evangelizadores ni nueva evangelización.

"Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones..." (Jl 2, 28-29).

  La Efusión del Espíritu desencadena un proceso de discipulado que se plasma en una vida con propósito; en sucesivas elecciones sobre el estado de vida, el trabajo, la economía, las relaciones… una vida entera entregada a cumplir los sueños de Dios para mí. Vivir, desde la debilidad, en el Señorío de Cristo. Porque el Encuentro con Cristo -si es auténtico- genera discípulos misioneros en comunidad.

  Un/a discípulo/a misionero/a es una persona que ha tenido un encuentro personal con Jesús, ha tomado la decisión de seguir -con todas las CONSECUENCIAS- el Evangelio de Jesús, ha caminado con otros discípulos y ha sido enviado por Jesús para compartir la Buena Noticia. Es un proceso selectivo, destinado -únicamente- a quienes han decidido seguir a Jesús y dar la vida por Él.

«Si permanecéis en mi Palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8, 32).

  Vivir en el Espíritu es, día a día, década a década, agrandar el SÍ... y reforzar muchos noes. El Señorío de Cristo implica que Él ordene mis amores, derribe mis ídolos y me abra a nuevos horizontes. "Aspiremos no a una libertad fácil y artificial, sino una libertad perfecta y verdadera. Y concedamos a Dios su libertad de actuar, una libertad que necesariamente trasciende nuestras nociones limitadas" (Mons. Erik Varden).

  En el fondo, solo hay 2 modos de vivir: VIVIR para solucionar problemas (Señor, ¡haz mi voluntad!) o VIVIR de un horizonte, enfocado en la Voluntad del Padre, en su propósito para mi vida.



El Encuentro con Cristo genera discípulos misioneros en comunidad

Hay tres fuegos que se avivan recíprocamente, alimentando el FUEGO del Espíritu Creador en mi vida real, en mi historia de salvación:

     1. El fuego de la ORACIÓN: la fuente de la que bebemos, la intimidad con Dios, el diálogo con la Trinidad -Padre, Hijo y Espíritu Santo-. No es un mero ensimismamiento y deleite interior; la oración tiene consecuencias. "No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos" (Mt 7, 21). En la oración recibimos el Poder de Dios para transformar, para tener los mismos sentimientos de Cristo y salir hacia el hermano.

     2. El fuego de la FRATERNIDAD: mi Comunidad (de pertenencia o de referencia), los hermanos en la fe con los que oro, comparto y voy a la misión. ¿Tengo una Comunidad de fe? Sí, es la Iglesia -podemos responder-. En nuestro tiempo, ha de concretarse en una comunidad más cercana, más concreta, más cotidiana y -en la mayor parte de los casos- más pequeña que la Parroquia. Hermanos que me acompañan en el camino de la fe, me animan, me corrigen... y donde descubro mis dones y carismas para la misión.

   3. El fuego de la MISIÓN: ¿a qué estoy llamado en la Iglesia y el mundo? ¿Cómo soy una piedra viva que construye el Reino de Dios? 

Porque la IGLESIA existe para EVANGELIZAR... "Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una «simple administración». Constituyámonos en todas las regiones de la Tierra en un «estado permanente de misión»" (Evangelii Gaudium 25).

  La Renovación Carismática somos un pueblo escogido donde Dios se complace en derramar su Vida, su Verdad. Somos aquel reino en el cual Dios derramó muchos, muchísimos talentos. A unos les dio 10, a otros 5, a otros 2 y a otros 1... Y les dijo: "Hacedlos fructificar". Vuelve al cabo de mucho tiempo, y quiere recoger el fruto; al ver el panorama, al escuchar las respuestas de los siervos, dice: "Habéis trabajado para vuestras casas, vuestros edificios, vuestras fincas particulares; pero no habéis hecho crecer mi reino. Los talentos no son vuestros. Lo que habéis construido no sirve para nada salvo para ser pasto de las llamas".

  Hagamos subir a la Iglesia al aposento alto para recibir la fuerza del Espíritu Santo una y otra vez. A menudo convertimos el viento huracanado de Pentecostés en aire acondicionado, al tratar de domesticar la fuerza del Espíritu. El viento huracanado siempre nos sorprende, rompiendo esquemas y seguridades propias; nos mueve a ser fieles al Señor y no buscar tanto agradar a los hombres, descubriendo una variedad de carismas que no debemos despreciar aunque nos incomoden o comprometan.

  La fuerza impetuosa del Espíritu siempre sopla como quiere y no la podemos dominar; es el poder del Espíritu quien nos hace vivir en la libertad de los hijos de Dios. Si la primera evangelización en Jerusalén fue fruto de la irrupción impetuosa del Espíritu Santo en aquel primer Pentecostés cristiano, la nueva evangelización hoy no puede ser sino consecuencia de un nuevo Pentecostés que nos haga salir de nosotros mismos para ir a las periferias del mundo y anunciar la Buena Noticia a toda la creación.


  La primitiva Iglesia se movía en el Espíritu, como fuego en un cañaveral, fuera de las murallas. A la intemperie. En lucha y contemplación, lejos de las seguridades y el poder mundano. Fijos los ojos en Aquél que se hizo un tatuaje con mi nombre en Sus manos... y en Sus pies... y en Su costado. Aquél que, fuera de las murallas, murió en la Cruz por mí, entregando toda su vida por amor.

  Su presencia está ahí fuera, los dones están operativos ahí fuera, el corazón de Dios está ahí fuera... Escucha lo que te dice a ti (y a mí) el Papa Francisco en «Gaudete et exsultate» nº 15: "Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo para que sea posible, y la santidad, en el fondo, es el fruto del Espíritu Santo en tu vida". No nos aferremos a lo que tenemos; ¡lancémonos a vivir la NUEVA VIDA que Jesús nos ha ganado, lancémonos a vivir en el Espíritu!

   El Señor quiere cambiar el mundo en el Poder de su Espíritu Santo: un tsunami del Espíritu, algo inesperado, algo sorprendente, un renovado súperPentecostés. Y, cuando el Señor se mueve de esa manera, nosotros -los que antes éramos no/pueblo y ahora somos Pueblo de Dios- que hemos sido llamados por Él, hemos de estar dispuestos y en vela.

  La mejor Iglesia es la que arde... en el Fuego del Espíritu Santo

Javier y Montse - Comunidade Caná




El próximo sábado 5 de septiembre viviremos un evento muy especial.

La delegación de Primer Anuncio quiere comenzar el nuevo curso con un gran día de misión en A Coruña. Este día invitaremos a todos aquellos que tengan deseo de anunciar a Jesús y disfrutar de un día de evangelización en comunidad, siendo diócesis.

El día está diseñado para que la parte de la mañana sea más de inspiración, formación y oración y en la parte de la tarde, podamos llevar a cabo la misión en la ciudad a través de distintos métodos: Una luz en la noche, Piedras vivas o Soul Rescue. Por la noche, cerraremos la jornada con una cena tipo verbena.

El evento comenzará en el Hogar de Santa Margarita, la misión de la tarde tendrá lugar en distintos puntos de la ciudad y terminaremos con una cena tipo verbena. La comida podrá ser libre o en el propio Hogar de Santa Margarita por 15€.

El día tendrá el siguiente horario:

  • 10.00 Acogida y café
  • 10.30 Oración
  • 11.00 Enseñanza
  • 12.00 Descanso
  • 12.30 Talleres
  • 14.00 Comida
  • 16.00 Misa
  • 17.00 Equipos de evangelización
  • 18.00 Evangelización
  • 20.00 Preparar la cena verbena
  • 21.00 Cena verbena


¡Ven a compartir la alegría del Evangelio!


      El Transforma 2026 se celebrará del 25 al 28 de junio del 2026 en Santiago de Compostela. Vivimos un momento de crecimiento, iniciativas y eventos.  ¿Es crecimiento o maduración? ¿Es mero moverse o verdadera renovación?  Los métodos de evangelización funcionan, los Encuentros se multiplican, los jóvenes vuelven; pero ¿es esta la experiencia de toda la Iglesia?

       Un ENCUENTRO de liderazgo y renovación eclesial, concebido para equipos de sacerdotes, laicos y religiosos dispuestos a dejarse sorprender e interpelar.    

       Un ESPACIO innovador fruto de una red de iniciativas movidas por el amor a la Iglesia y la pasión por la misión de Jesucristo.

     Crear redes de innovación en la Iglesia, conectar evangelizadores y anticipar tendencias pastorales que concreten lo que Dios pide a través del Magisterio actual, abriendo caminos de nueva evangelización para las parroquias y las comunidades.




¿Quiénes habéis peregrinado a Jerusalén? ¿Y a Roma? ¿Y a Compostela?  

   Veamos cuál es el MONTE del s. XXI, teniendo en cuenta la razón de ser de la Iglesia (Evangelii Nuntiandi / 8-12-75 / Pablo VI): «Ella vive para evangelizar».

    Salgamos de lo habitual, de lo conocido, de lo previsible... Como Moisés, que siempre había llevado el rebaño de Jetró -durante 40 años- «más acá» del desierto; arriesguémonos a ir más allá... Y quizá, lleguemos al Pozo de Sicar, entre los montes Gerizim y Ebal, en Cisjordania, muy cerca de Nablus. Allí, en el Pozo de Jacob, tiene lugar un impresionante ENCUENTRO entre Jesús y una mujer idólatra (Jn 4, 20-26). Abiertos al Espíritu, dejemos que este diálogo prenda fuego en nuestro corazón:

      Jn 4, 20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. 21 Jesús le dijo: Mujer, créeme, llega la hora que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. 25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos enseñará todas las cosas. 26 Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.

      Jn 4, 21 «Jesús le dijo: Mujer, créeme que llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre» > > >  Mc 16, 15  «Id al mundo entero y anunciad el evangelio a toda la creación».

  •  El mundo entero viene a Compostela. Y vienen con sed, buscando la verdad. Vienen quebrantados, en crisis, en duelo... en una situación propicia para el ENCUENTRO con Cristo.
  •   El Camino de Santiago es un lugar superpropicio para el ANUNCIO del EVANGELIO: los eunucos y etíopes de este siglo van antes a Santiago que a Roma o a Jerusalén.
  •  Si se trata de que la Buena Nueva sea -cada vez más- BUENA BUENA y NUEVA NUEVA... ¡¡¡Hay un NUEVO MONTE!!! Pocos caminan ya hacia el Monte Sion, al Garizim, al Monte Palatino o a las siete colinas romanas... 
Una gran parte de los nuevos adoradores, los  paganos e idólatras de nuestro tiempo, en todo el mundo, caminan hacia el Monte del Gozo, en el Finisterre de Europa. 
 ¡El Reino de Dios es de quienes se arriesgan! 

Javier de Montse - Comunidade Caná



Jesús no escribió nada ni mandó a los suyos a escribir, sino a predicar y anunciar el Reino de Dios. En el Nuevo Testamento, después de los cuatro Evangelios, está el Libro de los Hechos (no de las Palabras o los Dichos) de los Apóstoles. Este libro de la Biblia coloca el acento en los hechos y no en las palabras, y pone el fundamento principal de la Iglesia en el mandato de continuar la misión de Jesucristo a través de su Espíritu. Si nos acercamos a los primeros capítulos de los Hechos, descubrimos que, después de la Ascensión del Señor al Cielo, se cumplió aquello que Él ya había anunciado y prometido a los discípulos: la venida del Espíritu Santo, el primer Pentecostés cristiano. ¿Y qué sucedió como consecuencia de esto? Dos cosas muy importantes y estrechamente unidas entre sí: surge la Iglesia en todo su esplendor, la primera comunidad cristiana, y contemplamos la primera evangelización de esa Iglesia que llega hasta los confines de la Tierra. De esto trata todo el libro de los Hechos de los Apóstoles: Espíritu Santo, Iglesia y evangelización.

Hemos de familiarizarnos más con este libro de la Biblia, que resulta apasionante, nos inspira, nos levanta y nos pone en pie, nos interpela y debe provocar hoy en nosotros una respuesta, porque tenemos la misma identidad y la misma llamada que aquella primera comunidad de discípulos misioneros. Y lo mejor de todo: tenemos al mismo Espíritu Santo que hace posible lo que ahí leemos.

El sentido de Pentecostés, dice Raniero Cantalamessa, se contiene en una frase de los Hechos de los Apóstoles: «Quedaron todos llenos del Espíritu Santo». ¿Qué quiere decir que «quedaron llenos del Espíritu Santo» y qué experimentaron en aquel momento los apóstoles? Tuvieron una experiencia arrolladora del amor de Dios; se sintieron inundados de amor, como por un océano. Lo asegura San Pablo cuando dice que «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5, 5). Todos los que hemos tenido una experiencia fuerte del Espíritu Santo confirmamos esto. El primer efecto que el Espíritu Santo produce cuando llega a una persona es hacer que se sienta amada por Dios por un amor infinito y tierno.

Tras recibir el Espíritu, “los apóstoles daban testimonio con gran poder” (Hch 4, 33). La Iglesia primitiva había sido evangelizada con la fuerza del Espíritu Santo; es decir, fue en aquel Pentecostés cuando el mismo grupo de cobardes que había estado escondido por miedo a los judíos, recibió la fuerza y el poder de lo alto que les transformó en valientes misioneros y los hizo llegar hasta los confines de la tierra para predicar a Jesucristo y anunciar el Reino de Dios. Lo que sucedió en aquella escena nos lo relata el segundo capítulo del libro de los Hechos: Pedro ha recibido la fuerza del Espíritu Santo que le empuja a hacer aquella primera proclamación pública a todos los presentes en la plaza de Jerusalén. Resulta curioso comprobar cómo una sola predicación dio un fruto de tres mil conversiones (cf. Hch 2, 41), mientras que hoy ni siquiera tres mil predicaciones consiguen apenas una sola conversión…¿Dónde está la diferencia? Los apóstoles daban testimonio con gran poder, con la fuerza del Espíritu Santo; para evangelizar con gran poder hay que ser evangelizado con gran poder. Por eso es imprescindible hablar hoy de un nuevo Pentecostés que haga posible una actual y nueva evangelización. Si hoy queremos vivir la experiencia evangelizadora de la primitiva Iglesia, antes necesitamos haber sido evangelizados con la fuerza del Espíritu. “El Evangelio es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree” (Rom 1,16). Solo una Iglesia evangelizada puede convertirse en una Iglesia evangelizadora; solo una Iglesia que vuelve una y otra vez al Cenáculo para recibir la fuerza del Espíritu Santo en un nuevo Pentecostés, puede convertirse en una Iglesia que evangeliza con gran poder, como la Iglesia primitiva. Sin nuevos evangelizadores no puede haber nueva evangelización; sin nuevo Pentecostés ni Espíritu Santo no hay nuevos evangelizadores ni nueva evangelización.

Dice el Cardenal Cantalamessa que "en Babel todos hablan la misma lengua y, en cierto momento, nadie entiende ya al otro, nace la confusión de las lenguas; en Pentecostés, cada uno habla una lengua distinta y todos se entienden. Los primeros se dicen entre sí: «Vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en el cielo, y hagámonos famosos, para no desperdigarnos por toda la faz de la tierra» (Gn 11, 4). Están animados por una voluntad de poder, quieren «hacerse famosos», buscan su gloria. En Pentecostés, en cambio, los apóstoles proclaman «las grandes obras de Dios». No piensan en hacerse un nombre, sino en hacérselo a Dios; no buscan su afirmación personal, sino la de Dios. Por eso todos los comprenden. Dios ha vuelto a estar en el centro; la voluntad de poder se ha sustituido por la voluntad de servicio, la ley del egoísmo por la del amor."

Cada uno de los bautizados necesitamos un Pentecostés personal que nos haga experimentar el poder del Espíritu Santo que da testimonio de Jesucristo resucitado. Cuando presentamos la moral cristiana sin Cristo, caemos en el moralismo; cuando celebramos la liturgia antes de haber experimentado lo que conmemoramos, se transforma en ritualismo; cuando presentamos la doctrina de la fe a quienes no han nacido de nuevo, del agua y del Espíritu (Jn 3, 5), se produce con facilidad lavado de cerebro o dogmatismo. Solo quien haya experimentado antes en carne propia que el kerygma, la Buena Noticia de Jesucristo, es “fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree”, puede evangelizar. Porque únicamente los testigos anuncian y convencen.

“El Pueblo de Dios, por la constante acción del Espíritu en él, se evangeliza continuamente a sí mismo” (Evangelii gaudium, 139). “En cualquier forma de evangelización, la iniciativa es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu. La verdadera novedad es la que Dios mismo misteriosamente quiere producir, la que Él inspira, la que Él provoca, la que Él orienta y acompaña de mil maneras” (Evangelii gaudium, 12).

El capítulo quinto de esta Exhortación Apostólica del papa Francisco está dedicado íntegramente a la primacía que el Espíritu Santo tiene hoy para nosotros. Se titula “Evangelizadores con Espíritu”. Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo. En Pentecostés, el Espíritu hace salir de sí mismos a los Apóstoles y los transforma en anunciadores de las grandezas de Dios […]. Ninguna motivación será suficiente si no arde en los corazones el fuego del Espíritu […]. Él es el alma de la Iglesia evangelizadora […]. Invoco una vez más al Espíritu Santo; le ruego que venga a renovar, a sacudir, a impulsar a la Iglesia en una audaz salida fuera de sí para evangelizar a todos los pueblos […]. Para mantener vivo el ardor misionero hace falta una decidida confianza en el Espíritu Santo, porque Él «viene en ayuda de nuestra debilidad» (Rom 8, 26) […]. No hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente, nos impulse hacia donde Él quiera. Él sabe bien lo que hace falta en cada época y en cada momento. ¡Esto se llama ser misteriosamente fecundos! (Evangelii gaudium, 259; 261; 280). 

Es preciso volver a las fuentes y crear en nuestras realidades eclesiales la cultura de Pentecostés, porque una Iglesia que profundiza en su naturaleza pentecostal será una Iglesia esencialmente misionera y en salida permanente. Hagamos subir a la Iglesia al aposento alto para recibir la fuerza del Espíritu Santo una y otra vez. A menudo convertimos el viento huracanado de Pentecostés en aire acondicionado, al tratar de domesticar la fuerza del Espíritu. El viento huracanado siempre nos sorprende, rompiendo esquemas y seguridades propias; nos mueve a ser fieles al Señor y no buscar tanto agradar a los hombres, descubriendo una variedad de carismas que no debemos despreciar aunque nos incomoden o comprometan. La fuerza impetuosa del Espíritu siempre sopla como quiere y no la podemos dominar; es el poder del Espíritu quien nos hace vivir en la libertad de los hijos de Dios. Si la primera evangelización en Jerusalén fue fruto de la irrupción impetuosa del Espíritu Santo en aquel primer Pentecostés cristiano, la nueva evangelización hoy no puede ser sino consecuencia de un nuevo Pentecostés que nos haga salir de nosotros mismos para ir a las periferias del mundo y anunciar la Buena Noticia a toda la creación.

Javier de Montse - Comunidade Caná 

       Es preciso volver a las fuentes: una Iglesia que profundiza en su naturaleza pentecostal será una Iglesia esencialmente misionera y en salida permanente. Hagamos subir a la Iglesia al aposento alto para recibir la fuerza del Espíritu Santo una y otra vez. A menudo convertimos el viento huracanado de Pentecostés en aire acondicionado, al tratar de domesticar la fuerza del Espíritu. El viento huracanado siempre nos sorprende, rompiendo esquemas y seguridades propias; nos mueve a ser fieles al Señor y no buscar tanto agradar a los hombres, descubriendo una variedad de carismas que no debemos despreciar aunque nos incomoden o comprometan. La fuerza impetuosa del Espíritu siempre sopla como quiere y no la podemos dominar; es el poder del Espíritu quien nos hace vivir en la libertad de los hijos de Dios. Si la primera evangelización en Jerusalén fue fruto de la irrupción impetuosa del Espíritu Santo en aquel primer Pentecostés cristiano, la nueva evangelización hoy no puede ser sino consecuencia de un nuevo Pentecostés que nos haga salir de nosotros mismos para ir a las periferias del mundo y anunciar la Buena Noticia a toda la creación.
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     Tras recibir el Espíritu, “los apóstoles daban testimonio con gran poder” (Hch 4, 33). La Iglesia primitiva había sido evangelizada con la fuerza del Espíritu Santo; es decir, fue en aquel Pentecostés cuando el mismo grupo de cobardes que había estado escondido por miedo a los judíos, recibió la fuerza y el poder de lo alto que les transformó en valientes misioneros y los hizo llegar hasta los confines de la tierra para predicar a Jesucristo y anunciar el Reino de Dios. Lo que sucedió en aquella escena nos lo relata el segundo capítulo del libro de los Hechos: Pedro ha recibido la fuerza del Espíritu Santo que le empuja a hacer aquella primera proclamación pública a todos los presentes en la plaza de Jerusalén. Resulta curioso comprobar cómo una sola predicación dio un fruto de tres mil conversiones (cf. Hch 2, 41), mientras que hoy ni siquiera tres mil predicaciones consiguen apenas una sola conversión…¿Dónde está la diferencia? Los apóstoles daban testimonio con gran poder, con la fuerza del Espíritu Santo; para evangelizar con gran poder hay que ser evangelizado con gran poder. Por eso es imprescindible hablar hoy de un nuevo Pentecostés que haga posible una actual y nueva evangelización. Si hoy queremos vivir la experiencia evangelizadora de la primitiva Iglesia, antes necesitamos haber sido evangelizados con la fuerza del Espíritu. “El Evangelio es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree” (Rom 1, 16). Solo una Iglesia evangelizada puede convertirse en una Iglesia evangelizadora; solo una Iglesia que vuelve una y otra vez al Cenáculo para recibir la fuerza del Espíritu Santo en un nuevo Pentecostés, puede convertirse en una Iglesia que evangeliza con gran poder, como la Iglesia primitiva. Sin nuevos evangelizadores no puede haber nueva evangelización; sin nuevo Pentecostés ni Espíritu Santo no hay nuevos evangelizadores ni nueva evangelización.

      La Efusión del Espíritu genera un proceso de discipulado que se plasma en una vida con propósito; en sucesivas elecciones sobre el estado de vida, el trabajo, la economía, las relaciones… una vida entera entregada a cumplir los sueños de Dios para mí. Vivir, desde la debilidad, en el Señorío de Cristo.

    “El Pueblo de Dios, por la constante acción del Espíritu en él, se evangeliza continuamente a sí mismo” (Evangelii gaudium, 139). “En cualquier forma de evangelización, la iniciativa es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu. La verdadera novedad es la que Dios mismo misteriosamente quiere producir, la que Él inspira, la que Él provoca, la que Él orienta y acompaña de mil maneras” (Evangelii gaudium, 12). El capítulo quinto de esta Exhortación Apostólica del papa Francisco está dedicado íntegramente a la primacía que el Espíritu Santo tiene hoy para nosotros. Se titula “Evangelizadores con Espíritu”. Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo. En Pentecostés, el Espíritu hace salir de sí mismos a los Apóstoles y los transforma en anunciadores de las grandezas de Dios […]. Ninguna motivación será suficiente si no arde en los corazones el fuego del Espíritu […]. Él es el alma de la Iglesia evangelizadora […]. Invoco una vez más al Espíritu Santo; le ruego que venga a renovar, a sacudir, a impulsar a la Iglesia en una audaz salida fuera de sí para evangelizar a todos los pueblos […]. Para mantener vivo el ardor misionero hace falta una decidida confianza en el Espíritu Santo, porque Él «viene en ayuda de nuestra debilidad» (Rom 8, 26) […]. No hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente, nos impulse hacia donde Él quiera. Él sabe bien lo que hace falta en cada época y en cada momento. ¡Esto se llama ser misteriosamente fecundos! (Evangelii gaudium, 259; 261; 280). 

Javier de Montse - Comunidade Caná


    “¡No erijáis vuestros propios planes pastorales bajo la norma de lo que le está permitido actuar al Espíritu Santo!” (Benedicto XVI)
       ¡Estamos en un tiempo nuevo: el tiempo de Aquel que hace nuevas todas las cosas! ¡Aleluya! La acción de Dios tiene lugar -cada vez más inopinadamente- “en el campo” (Num 11, 27). Hay últimos que son primeros…
       El Espíritu surge, a menudo, al margen de los ámbitos que controlamos. Las nuevas realidades eclesiales dependen del dinamismo del Espíritu Santo y se liberan de todo exclusivismo. "Nuestra racionalización pastoral sistemática y planificada corre el riesgo de ahogar los aguijones pastorales que suscita el Espíritu Santo" (Mons Dominique Rey).
     Si nuestra predicación y nuestra acción pastoral no provocan un despertar en el pueblo, no llevan a las personas a tener un cambio de vida y a ser verdaderos discípulos de Jesús... hemos de analizar con profundidad si en lo que trabajamos es, básicamente, en llenar los templos aunque la gente siga vacía de Jesús.



    "Y corrieron a dar aviso a Moisés: Eldad y Medad profetizan en el campo. Entonces respondió Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, y dijo: Señor mío Moisés, impídeselo. Y Moisés le contestó: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá que todo el pueblo del Señor fuera profeta, que el Señor pusiera su Espíritu sobre ellos.”  (Num 11, 27-29) 



     Algunas propuestas de acción, en el aquí y ahora, para no estorbar el florecimiento de pequeñas comunidades vivas al estilo de los Hechos de los Apóstoles:

  • Ir donde va la gente; enfocarnos e invertir allí. Echarnos, como Iglesia, al Camino. No construir nuevos templos ni complejos parroquiales. Dejar a las autoridades civiles que restauren y conserven el patrimonio y los monumentos religiosos...
  • Aderezar nuestras Iglesias Diocesanas con aceite y vino, pasarlas por el Fuego y vaciarlas en el Camino de Santiago. 
  • Adelgazar drásticamente los organigramas. Es tiempo de una buena poda para esa gran hojarasca de Delegaciones, Secretariados... y tantas estructuras y nombramientos (nombro y miento) que oscurecen la fuerza del Evangelio, llegando a suplantar el combate espiritual y la primacía de la gracia.
  • Volver al Principio (en el Principio no fue así…), al punto 0 (Tú has venido a la orilla…) en los Seminarios y otras instituciones.

   El mundo, e incluso la Iglesia, están llenos de gente que piensa que Jesús ha venido a ser un modelo o, como máximo, a darnos fuerzas para comportarnos bien y, mediante esas buenas obras, ganarnos el cielo. Este cristianismo es demasiado infantil y nunca nos llevará a experimentar en serio el poder de la resurrección de Jesucristo. Nunca provocará en nosotros la oración de alabanza y sí una continua lluvia de peticiones a Dios. Pero lo más grave es que, aunque perdone nuestros pecados, no experimentamos la sanación y liberación de resentimientos, odios y tendencias. Sigues odiando al que te hace daño y no amarás a nadie cuando este amor te duelo. La causa de esto es que el Espíritu está bloqueado, tiene que utilizar la razón, la voluntad humana y sus esfuerzos. Tiene que rebajarse a nuestros métodos y soportar la injerencia omnímoda de nuestro yo en la relación con Dios.

    Por eso, la mayoría de la gente ha confinado los efectos de su cristianismo en el más allá. Su religión le sirve para salvarse en el otro mundo y darle un poco de orientación en éste. Jamás, empero, ha tenido una experiencia tangible aquí, su vida no ha cambiado, no hay ningún pentecostés, ni un antes y un después. Se debate en medio de esfuerzos cansinos, se le hace pesadísima la práctica de la piedad y todo se le convierte en una carga insoportable. Por otra parte, su carne está vivísima y, como no encuentra la salvación en Dios, la busca donde puede, llenándose su vida de culpabilidad, dobleces, temores, dudas, escrúpulos y aprensiones religiosas. De esto se deriva una pérdida del sentido de la vida, la fe se agosta mortecina y todo se sustituye por otros valores de los que se espera más vida y en definitiva, más salvación.

   Cuando predomina esta forma de vivir el cristianismo se busca en las obras la justificación y la sensación de vida. Pululan por doquier reuniones, congresos, documentos, planes y pastorales. En otra línea surgen también las estrictas observancias, compromisos, lucha por la justicia, inserciones en los lugares más conflictivos y necesitados. Si no existieran los pobres habría que inventarlos. Estas cosas son simples obras. Las obras sirven para testimoniar la gracia cuando provienen de ella; pero no para engendrarla. A veces, las obras dejan de estar conectadas con la gracia y se transforman en un fariseísmo más. En este caso, se dan por supuestas muchas cosas.... Se da por supuesto que se vive del Kerigma cuando, en realidad, es la simple cultura cristiana la que mantiene este engaño sin que bajo esos elementos culturales haya un mínimo de experiencia de Dios.

(Chus Villarroel - "Crecimiento en el Espíritu")


 

      La Iglesia existe para evangelizar hasta los confines de la Tierra. Esta es su misión, su sentido primordial, y no mantener el consumo de cultos. Sin embargo, hay países -como el nuestro, sin ir más lejos- en los que los recursos humanos y materiales no están enfocados fundamentalmente a esta misión, sino a sostener, muy a duras penas, lo que tenemos: instituciones, comportamientos, lenguaje, dinero, tiempo, formación, delegaciones, cargos... orientados a gestionar la decadencia.
    Se trata de salir, sí; pero no para buscar gente con la que volver a llenar los templos. Se trata de salir para quedarse fuera, donde está la gente, a la intemperie, en pequeñas comunidades de discípulos misioneros en camino, viviendo en el Espíritu... al estilo de los Hechos de los Apóstoles. Hijos Pródigos llamados a ser como el Padre Misericordioso, entregando la vida entera por amor.




      No hay revelación conocible fuera de la vida y el testimonio de quienes la transmiten. Lo que testimonia quién es Dios y el sentido de la revelación es la vida de los cristianos. Porque el cristiano no se define meramente por lo que cree sino por cómo vive aquello que cree. Esto es lo que decía Kierkegaard, un cristiano danés del siglo XIX: “La tontería en la que vivimos -como si fuera ser cristiano- no es en absoluto lo que Cristo y el Nuevo Testamento entienden por ser cristiano. Creer es aventurarse tan decisivamente como sea posible para un hombre, rompiendo con todo aquello en lo que naturalmente tiene su vida.”


      Con la pandemia, mucha gente se ha dado cuenta de que no tenemos en absoluto el control sobre nuestra vida o nuestro mundo, y sólo Dios es un referente firme; muchas personas han empezado a rezar y a hacerse preguntas serias sobre la vida y la muerte... Como si Él hubiese dado un puñetazo en la mesa y hubiese dicho: ¡no tenéis el control! Es una proclamación de Su soberanía.
      Hasta ahora nos habíamos dedicado a mantener, empleando en ello los recursos del Señor. Justo al revés de su mandato: "Id y haced discípulos". Habíamos dedicado la mayor parte de nuestros recursos al templo y a lo que se realiza dentro del templo... Y ahora, con la pandemia, el Señor toma las riendas y nos sacude: "No podéis ir al templo; sed Iglesia sin templo". En Pentecostés fue preciso el Poder de lo Alto para hacernos salir de ser nosotros el centro de gravedad. Y ahora... ¡también! Aprovechemos el "tiempo covid". Vivámoslo como un kairós, el tiempo de Dios, un nuevo Pentecostés en el que el Poder de Dios para la misión está fuera de las cuatro paredes. 
      ¡Hemos de volver al Principio! No se trata de salir porque las iglesias se han quedado vacías y hemos de buscar gente para llenarlas de nuevo... Se trata de vivir en camino, como la primitiva Iglesia, al pairo del Espíritu, en lucha y contemplación, lejos de las seguridades y el poder mundano. Fijos los ojos en Aquél que se hizo un tatuaje con mi nombre en Sus manos, y en Sus pies, y en Su costado. Aquel que, fuera de las murallas, murió en la Cruz por mí, entregando toda su vida por amor. A la intemperie. 
     Y es que, para tener vida abundante y eterna -la verdadera "Nueva Normalidad" que anhelamos-, hemos de vencer el miedo y salir de donde estábamos, para ir (ahora que tanto deseamos abrazar a alguien) a echarnos en brazos de Jesús. Y preguntarle para qué estamos vivos (ahora que sabemos que nuestra normalidad era mentira) y decirle que necesitamos que se haga en nosotros su Reino. Frente a virus y pandemias, ¡alabanza y alianza! "Ahoguemos el virus en el mar de la alabanza; opongamos a la pandemia, la doxología. Unámonos a toda la Iglesia que en el Gloria de la Misa proclama: 'Te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias por tu inmensa gloria'. ¡Ninguna súplica, solo alabanza en esta oración" (Raniero Cantalamessa).
    ¡Por Dios, no volvamos a la vieja normalidad! Con el COVID-19, la experiencia cristiana no puede continuar igual. Esto no es un mal sueño ni un castigo del Señor. ¡Él no quiere que todo vuelva a ser como antes! La auténtica Nueva Normalidad es la Vida en el Señorío de Cristo. Y le decimos a todo el que nos quiera escuchar... que la Historia la lleva el Señor Jesús.

     Rasgos distintivos de la primera evangelización que emprendieron Pablo y sus compañeros (Bernabé, Silas, Timoteo…)

Los Hechos de los Apóstoles -cap. 13 al 19- narran los dos primeros viajes misioneros de Pablo y sus compañeros

1. Son enviados a la misión por una comunidad que ora y se abre a la acción del Espíritu Santo.

2. La dignidad de la persona humana es el centro de esta primera evangelización (14,8; 16,16…). En medio de un mundo cruel y despiadado, Pablo y sus compañeros son testigos del amor de Dios con sus gestos y sus palabras, con su trato amable, con su humildad, con su alegría, con su paz… 

3. La fe que predican es Jesucristo mismo; no simplemente una doctrina que se contrapone a otras religiones o doctrinas. A Jesús lo hacen presente a través del Espíritu que se manifiesta en las comunidades que se van creando. Comunidades vivas que perseveraban en la fe. Pablo les recordaba que tenían que atravesar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios (leer 15,22-23).

4. La Iglesia va creciendo como familia porque la familia se convierte en una Iglesia doméstica. La escena de Pablo y Silas con la familia del carcelero nos lo deja bien claro (Hech 16). Tenemos que tener en cuenta que Jesús no dice nada nuevo sobre el matrimonio y la familia, dice que es algo que viene del Dios de la vida, y por eso nos remite al principio de la creación. Y esto es así en esta cultura romana tan violenta e inmisericorde. Para los pobres la familia era su mayor riqueza, y la gente de buena voluntad buscaba refugio en la familia.
· ITINERARIO VIRTUAL ·

    Como un  peregrino más,  S.  Juan  Pablo  II  realizó  a  pie, en 1989,  los  últimos cien metros del Camino. Era su segunda visita a Santiago. Siete años antes, el martes 9 de noviembre de 1982, se había convertido en el primer Papa en peregrinar a Compostela en un Año Santo.

    Decía este caminante polaco: “Siendo aún un joven sacerdote, aprendí a amar el amor humano y dedicar todas las fuerzas a la búsqueda de un «amor hermoso». Porque el amor es hermoso. Hombres y mujeres, en el fondo, buscan siempre la belleza del amor, quieren que su amor sea bello".

CAMINO de SANTIAGO virtual 2021


 

      La Iglesia existe para evangelizar hasta los confines de la Tierra. Esta es su misión, su sentido primordial, y no mantener el consumo de cultos. Sin embargo, hay países -como el nuestro, sin ir más lejos- en los que los recursos humanos y materiales no están enfocados fundamentalmente a esta misión, sino a sostener, muy a duras penas, lo que tenemos: instituciones, comportamientos, lenguaje, dinero, tiempo, formación, delegaciones, cargos... orientados a gestionar la decadencia.
       Se trata de salir, sí; pero no para buscar gente con la que volver a llenar los templos. Se trata de salir para quedarse fuera, donde está la gente, a la intemperie, en pequeñas comunidades de discípulos misioneros en camino, viviendo en el Espíritu... al estilo de los Hechos de los Apóstoles. Hijos Pródigos llamados a ser como el Padre Misericordioso, entregando la vida entera por amor.


      No hay revelación conocible fuera de la vida y el testimonio de quienes la transmiten. Lo que testimonia quién es Dios y el sentido de la revelación es la vida de los cristianos. Porque el cristiano no se define meramente por lo que cree sino por cómo vive aquello que cree. Esto es lo que decía Kierkegaard, un cristiano danés del siglo XIX: “La tontería en la que vivimos -como si fuera ser cristiano- no es en absoluto lo que Cristo y el Nuevo Testamento entienden por ser cristiano. Creer es aventurarse tan decisivamente como sea posible para un hombre, rompiendo con todo lo que él naturalmente ama, para salvar su vida, rompiendo con aquello en lo que naturalmente tiene su vida.”


Nueva Evangelización para la Nueva Normalidad

¿Qué es un think tank? 
Es un laboratorio de ideas en el que personas expertas o con experiencia dialogan sobre un tema específico para generar contenidos, divulgarlos, despertar consciencia y generar influencia. 
¿Por qué Antioquía? 
 Antioquía: Una Iglesia con Visión HECHOS 8,1 “Saulo aprobaba su muerte. Aquel día se desató una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, a excepción de los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria.” Iglesia misionera conformada por Profetas y Maestros (Hechos 13, 1) nacida en medio de algo “fuera del control” de los apóstoles. Desde esta Iglesia se llevaría el evangelio a los confines de la tierra. Por primera vez se nos llamó cristianos.

De Iglesia en salida... a Iglesia a la intemperie

Lázaro, ¡SAL fuera! (Jn 11, 43)
Si la SAL se vuelve sosa, ¿con qué la salaréis? (Mc 9, 50)
ID al mundo entero y anunciad el Evangelio (Mc 16, 15)

   No se trata de salir porque las iglesias se han quedado vacías y hemos de buscar gente para llenarlas de nuevo. Se trata de vivir en camino, como la primitiva Iglesia, al pairo del Espíritu, en lucha y contemplación, lejos de las seguridades y el poder mundano. Fijos los ojos en Aquél que se hizo un tatuaje con mi nombre en Sus manos, y en Sus pies, y en Su costado. Aquel que, fuera de las murallas, murió en la Cruz por mí, entregando toda su vida por amor. A la intemperie.


   "La única relación verdadera que se puede tener con Cristo es la contemporaneidad. Relacionarse con un difunto, es una relación estética: su vida ha perdido el aguijón, no afecta a la mía; me permite admirarlo y me deja vivir a mi aire. La cuestión de la contemporaneidad de Cristo es decisiva para la salvación. 

    Y, en efecto, los mayores problemas de la Iglesia europea han comenzado permitiendo que se redujese a Jesucristo a un mito: algo que durante muchos siglos ha servido como muleta para la conciencia moral de la humanidad, la cual, hoy en día, puede caminar por sí misma. Llegados a este punto, Cristo se convierte en una idea mía o, en la mejor de las hipótesis, en un recuerdo de algo que ha acontecido en el pasado.

     Siempre es posible anunciar a Cristo sea cual sea la situación social en la que se viva. No es necesaria ninguna preparación específica para el anuncio de Cristo sino haberse encontrado con Él."
(Angelo Escola)
     
     Actuamos como si pudiésemos controlar a Dios, contenerlo en una caja; pero la Gloria sale de los confines físicos del templo y nunca vuelve... hasta que el Siervo de YhWh entra en persona. ¿Y quién puede mantenerse en pie cuando aparece?  
    Su presencia está ahí fuera, los dones están operativos ahí fuera, el corazón de Dios está ahí fuera... Se trata de hacer discípulos y construir la comunidad, no de mantener edificios, gestionar programas y sostener el culto.

    No hay revelación conocible fuera de la vida y el testimonio de quienes la transmiten. Lo que testimonia quién es Dios y el sentido de la revelación es la vida de los cristianos. Porque el cristiano no se define meramente por lo que cree sino por cómo vive aquello que cree. Esto es lo que decía Kierkegaard, un cristiano danés del siglo XIX: “La tontería en la que vivimos -como si fuera ser cristiano- no es en absoluto lo que Cristo y el Nuevo Testamento entienden por ser cristiano. Creer es aventurarse tan decisivamente como sea posible para un hombre, rompiendo con todo lo que él naturalmente ama, para salvar su vida, rompiendo con aquello en lo que naturalmente tiene su vida.”

    La Vida en el Espíritu no tiene tope. Es nueva e imprevisible. Siempre “más adelante”. De un Grupo de Oración que camina en esta Vida, surgen múltiples procesos a grupos de profundización, ministerios, comunidades, acciones y asociaciones caritativas, de servicio, de formación, de evangelización… La primitiva Iglesia se movía en el Espíritu, como fuego en un cañaveral, fuera de las murallas. A la intemperie. 
Renovación Carismática, ¡vuelve al principio!

¡Los Hechos de los Apóstoles continúan!


     El “VII Encuentro de formación, sensibilización y animación misionera”, organizado por el EMVE (Equipo Misionero Vicenciano de Evangelización), se celebra en Sevilla, del 17-19 de enero de 2020, en la Casa Provincial de las Hijas de la Caridad de la Provincia España-Sur. 
      Comunidade Caná presenta el tema FAMILIA y MISIÓN.

       Este Encuentro tiene tres objetivos: 
1) Ante el reto de la evangelización, tomar conciencia de que, desde nuestro carisma propio, estamos embarcados en una tarea común y llamados a dar una respuesta renovada a la realidad del mundo de hoy. 
2) Abrir caminos hacia la Misión compartida en la Familia Vicenciana. 
3) Profundizar en los retos y desafíos que la Misión hoy en día plantea a la parroquia.

     Está abierto a todos los que se sientan llamados por la misión, a los que, de alguna manera, forman parte del EMVE, a los que sean agentes de evangelización en los distintos lugares donde trabajen y, por supuesto, a los miembros de las ramas de la Familia Vicenciana.