Comunidade Caná

Comunidad Católica de Alianza integrada por familias en el seno de la Renovación Carismática

 

Lee en tu Biblia este pasaje: Juan 2,1-12.
Son las bodas de Caná, donde Jesús obró su primer milagro a petición de María, su Madre. Este pasaje es como un termómetro para nosotros, padres y madres, esposos y esposas, para ver en qué lugar nos encontramos. ¿Qué podemos encontrar para nuestra vida matrimonial y familiar?

¡Alegría!

El vino, en la Biblia, es el símbolo de la alegría y de los bienes que traería el Mesías. El  protagonista de la boda de Caná es «el vino». Todo gira en torno al vino que falta y al vino nuevo cuyo origen desconoce el maestresala. Este vino que llega por la acción de Cristo es «vino bueno», que desbanca al primero. Sobre este vino gira también la conversación de la Madre de Jesús con su Hijo: al hacerle ver que el vino de la boda se ha terminado, María está señalando una carencia grave en una boda. ¿Se trata sólo una carencia física o hay algo más?

Podríamos, a la luz de esta lectura bíblica, entresacar y hacer vida en nuestra realidad actual en qué lugar nos encontramos y cuáles son nuestras dificultades, certezas, inquietudes… ¿Tenemos el vino de la alegría en nuestra familia, en nuestro matrimonio? O, tal vez, con el paso del tiempo, los acontecimientos, la vida… nuestro vino se ha consumido o, incluso, se ha avinagrado. ¿Escuchamos de nosotros “No tienen vino”?

«Haced lo que Él os diga»

En este pasaje hay unos sirvientes pendientes de lo que ocurre y de qué hay que hacer en cada momento. En nuestra vida familiar también somos siervos unos de otros. Siervo tiene que ser el esposo de la esposa y la esposa del esposo. Siervos los dos de vuestros hijos. Servidores para que todo esté a punto, para que todo funcione. Nuestra actitud debe de ser como la de los sirvientes, cuando María les dice: “Haced lo que Él os diga”.

Jesús y María están presentes en nuestra familia. El milagro se realiza a través de sus intervenciones: convertir nuestra agua en vino; transformar nuestra sed, nuestra hambre, nuestra angustia, nuestra duda, nuestros desatinos o desaciertos. No desaprovechemos la oportunidad de pedir con un corazón sencillo y humilde: “¡No tenemos vino!”.

Los invitados son todos los que se acercan a nosotros, empezando por nuestros hijos y continuando por los familiares, parientes, amigos, vecinos. Se acercan y nuestra misión es mostrarles la alegría de vivir, la alegría de la celebración, la alegría de una profunda conversión de nuestra agua en vino nuevo.

¡Convierte, Señor, nuestra agua en vino!

Por eso, hoy, recoge en tu cántaro, el más grande que tengas, toda tu agua y preséntaselo al Señor: Convierte, Señor, nuestra agua en vino.

Del libro "Haced lo que Él os diga"

Jose Louzán, Allariz - Comunidade Caná

¿Quién  tiene la «Mazal» de ser el último en la familia?

Mazal en hebreo es «suerte» con M de makom («lugar» en hebreo), Z de zman («tiempo» en hebreo) y L de liot («ser» o «estar» en hebreo).

“Entonces Samuel preguntó a Jesé: «¿No hay más muchachos?». Y le respondió: «Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño». Samuel le dijo: «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa mientras no venga»”  (1Sam 16, 11).

¿No os sucede muchas veces que entramos en un templo para la Eucaristía y todo el mundo está sentado en los últimos bancos? A mí me parece que es una forma muy humana de demostrar nuestro temor a exponernos, como Isaac, José, Benjamín o David. Si realmente nos sentimos pequeños e indignos, ¿no deberíamos pasar adelante?

Es posible que alguno -a su manera- quiera interpretar esta actitud como la de los invitados al banquete en el Evangelio de Lucas. “Cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido» (Lc 14, 10).

¿Qué significa esto de «Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros» (Mc 10, 31)? Mateo nos da la pista clave: «No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo”  (Mt 20, 26).

Cada uno debemos buscar en nuestra familia, la Iglesia, la mejor manera de estar. Unas veces será detrás, otras delante; no hay una regla fija. A veces, estar detrás es una falsa humildad, una falta de servicio. Hoy en día, creo que estar delante es lo que Dios nos puede pedir muchas veces. Tenemos que ser últimos que primoreen; primeros que se sientan últimos. Por eso os propongo una dinámica muy dinámica, donde se intercambian estos papeles continuamente y nos hacen realmente estar en nuestro lugar en el momento adecuado.

DINÁMICA:

  1.  Haremos dos filas o una fila según el número de participantes. Nos vamos a colocar en fila india, y en paralelo si somos dos equipos o una familia numerosa.
  2.  Entregaremos un globo al último de la fila. A mí me gusta utilizar siempre globos, porque tienen color, y poner valentía en los temerosos (por si explotan).
  3.  Fijemos un objetivo al que llegar. Se puede utilizar crono si es sólo un equipo o competición si son dos.
  4.  A la orden de salida, el último pasará al primer lugar y entregará el globo en las manos del que quede detrás de él... y así sucesivamente. Irá moviéndose la hilera hasta llegar al punto de llegada, siempre sin que el globo caiga al suelo. En ese caso, vuelven a empezar.

Como la vida espiritual está llena de paradojas, Jesús nos dice hoy por medio del Espíritu: ocupad los primeros puestos, quiero que des un paso adelante.

  • Hagamos comunidad en nuestras Iglesias.
  • Sirvamos los primeros sabiéndonos últimos, porque el que va primero siempre es el Espíritu Santo.
  • Es tiempo de primerear, como dice el Papa (Evangelium Gaudium nº 24) y pastorear como David.

Fernando de Susana - Comunidade Caná


Las familias cristianas tenemos que aflorar nuestra vida nueva

Dicen que Santa Elena, la madre del emperador Constantino, encontró la Cruz de Cristo. Hay numerosos trocitos de esta cruz repartidos por el mundo. El “lignum crucis” más importante de Europa lo custodian los franciscanos en Santo Toribio de Liébana (y estamos en Año Jubilar Lebaniego).

Recordando la celebración de este hallazgo, en muchas localidades de Castellón -como, por ejemplo, Borriana- se engalanan cruces con flores. Lo divino y humano se entremezclan una vez más. La estación en la que florece todo y también el momento en que las familias cristianas tenemos que aflorar nuestra vida nueva renacida de la muerte.

Muchos tenemos vocación de trapero. La  imaginación se me llena de mundos posibles cuando bajo a tirar la basura de noche; sobre todo cuando descubro grandes piezas de cartón. Respiro hondo, todo suele estar en calma... y quisiera dejar también en este cubo las cruces de cada día que no me sirven. Entonces tengo mi momento bíblico en la basura… "Aunque vuestros pecados sean como escarlata,  quedarán blancos como nieve; aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como lana" (Is 1, 18).

Muchas veces me sorprendo con los hermanos que van buscando en los cubos. Son para mí un enigma. Son como los ángeles del reciclaje. El futuro está en todo lo descartado,  en todo lo que tiramos. Me llenan de inspiración y de ternura. La cruz se encontró seguramente en una escombrera donde se habían arrojado todas las cruces malgastadas de su uso.

Aquí va mi propuesta. Cuando bajes esta noche a tirar la basura…

  1. Respira hondo, mejor un poco antes de que llegues al punto de “botar” la tuya. Busca a ver si hay unos cartones. Si ves algún hermano “reciclador”, dale las buenas noches, pregúntale por su vida. A veces hay gente buscando comida, de la que se tira en las tiendas o no.
  2. Piensa en la cantidad de personas en el mundo que viven de la basura, que llegan a crear montañas. Hay historias increíbles como la del P. Opeka. Es el momento de que recojas algunos cartones, si has tenido suerte y no están en el contenedor.
  3. Procura recoger unos «cartones dignos»: vas a hacer dos cruces con ellos. Utiliza cinta de embalar para unir pie y travesaño. Que sea una cruz un poco consistente.Tienen que caber varias personas en ella o toda la familia, así que deben medir al menos un metro de «stipes» (palo vertical).  La podéis pintar en casa, e incluso escribir el nombre de personas que están viviendo cruces.
  4. Prueba a transportarte de un lugar a otro con las cruces. No puedes tocar el suelo. Toda la familia se subirá en ella y utilizará las dos cruces para avanzar. Practica en un parque cercano. La cruz nos lleva (no es triste, puede estar pintada de colores y flores y nombres de personas que nos llenan de esperanza). Sí, es difícil y arduo el camino a veces.

Se decía en el antiguo Catecismo que, al menos, había que comulgar por Pascua Florida. Caminamos hacia la Pascua Granada, la venida del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es quien realmente puede llenar de vida nuestro camino por la cruz. Pienso en tantas personas y situaciones de cruz que son semilla de Resurrección, pero que todavía no vemos. Rezamos unos por otros, y damos gracias por el testimonio de tantas cruces vividas en Cristo.

Fernando Sánchez

Comunidade Caná - Castellón

Rezamos unos por otros, y damos gracias por el testimonio de tantas cruces vividas en Cristo

 Es bueno que nuestros niños crezcan en un hogar donde la música y la fe estén asociadas

 

 

El canto es un don que trae luz a la familia

«El canto es un don que trae luz a la familia», dice el P. Granados. Por un lado, descubre un afecto común: cantamos porque nos ha sucedido algo juntos. Algo que nos rebosa y que tiene que expresarse con algo más que palabras: ¡con canto! Y, por otro lado, permite que este afecto cree una memoria afectiva que nos ayuda a ordenar los deseos. La memoria de un cumpleaños, de un aniversario, de los villancicos en Navidad, de los cantos a la Virgen en mayo… todos esos momentos configuran un universo de afectos que llaman a la familia a actuar junta. El canto educa la alianza. En el “nosotros”, cada protagonista entiende su papel y se vincula. 

El canto trae el aroma de la confianza. En un ambiente donde se canta uno puede confiarse. Al cantar juntos algo que nos aúna, se dilata la pertenencia a una familia que me recuerda un origen y un destino grandes. ¡El canto genera ambiente!

El canto centra el afecto. Cantar trae una risa o una lágrima, ambas frutos preciosos de un gozo o una pena compartidos. Y así ayudará siempre a ese corazón a recordar que no sufre ni goza solo, ni para sí mismo. 

El canto es el tono de uno y de otro. Hasta el abuelo o el recién llegado ponen su nota, como hace un instrumento en la orquesta, o un solo, o una voz que se despliega. El canto es presencia real. Cantar es “cantar victoria” de las redes humanas sobre las virtuales. Vence la presencia, aunque sea “desafinada”. Cantar convoca la vida. Sabo­re­ar una pasta, un brindis o un baile improvisado son buenos compañeros del canto. 

Lo que aprendemos de pequeños se nos queda grabado para siempre... Cuántas veces Dios utiliza un canto grabado por la memoria infantil para hacer que un adulto vuelva a aquella primera experiencia de fe. Por otra parte, a los niños y niñas les gusta cantar por naturaleza, porque el canto crea un atmósfera de alegría que necesitamos para crecer de una manera armoniosa; el sentimiento de unidad que proporciona cantar juntos es importante ya desde la primera infancia. 

Si queremos renovar y ampliar los estilos musicales en nuestra Iglesia, debemos empezar por nuestros niños y niñas

Es bueno que nuestros niños crezcan en un hogar donde la música y la fe estén asociadas; eso evitará que más tarde se vean en el dilema (con el que se encuentran muchos músicos) de tener que elegir entre Dios y la música, convertida en un ídolo, en un semidiós. El niño es más accesible que el adulto a los diversos estilos de música, a ritmos e intervalos distintos. Si queremos renovar y ampliar los estilos musicales en nuestra Iglesia, debemos empezar por nuestros niños y niñas. Ellos saben reconocer de manera natural lo que es bonito o atractivo, lo que es especial; hemos de cultivar su sensibilidad a través de la música y el canto. Por todo ello, es importante elegir cuidadosamente las canciones a través de las cuales nuestros niños y niñas van a conocer y expresar su fe. 

Una palabra clave, tanto para la música como para la fe de nuestros niños, es impregnación. Solo arraigará en nuestros niños profundamente, aquello en lo que están inmersos, en lo que viven día a día; por decirlo así, aquello que han mamado. La música y el canto, bien utilizados, pueden verdaderamente impregnarlos de fe, esperanza y amor; son un buen aceite para que el Espíritu Santo los vaya empapando. 

Al pasar por lugares de trabajo común, a Chesterton le sorprendió comprobar que cada vez se cantaba menos. Hasta que se dejó de cantar. Porque, en cierto modo, se dejó de trabajar en comunión. El trabajo individualista insemina una prisa y ansiedad por llegar rápido a un resultado. Poco importa el camino. El canto estorba, carece de sentido. Cantar es reconocer que en nuestro obrar común hay algo más grande que uno mismo y su resultado. 

En el canto hay un encuentro fecundo

¡La necesidad de recuperar la alegría del bien de la comunión! Hoy se canta poco porque se vive con poco impulso el bien de la comunión. En el canto común hay un encuentro fecundo, hay un desplegarse juntos en el que surge una belleza que no se puede imaginar en solitario. Esa sobreabundancia nos llena de alegría, pues reconocemos que en la vida hay más de lo que aparece. 

Necesitamos cantar. El gusto viene después. A veces no cantamos porque esperamos “sentirnos bien” para cantar. Pero sucede al revés: canta y reconocerás la belleza de la concordia. Y alegrándote por el canto recrearás una música nueva.

Javier de Montse - Comunidade Caná   /   El Espíritu Santo en clave de sol

 

Una dinámica para terminar la Cuaresma y practicar siempre que queramos

“No necesitan médico los sanos sino los enfermos” (Lc 5, 31)

Hoy inauguro mi participación en la web de Caná. Voy a escribir algunas ocurrencias relacionadas con la fe en la familia, su transmisión y algunas dinámicas para vivirla juntos.

La PASCUA podemos explicarla como paso, paso de Dios por nuestra vida. En este paso, siempre vamos de la oscuridad a la luz, de la esclavitud a la libertad, de la enfermedad a la vida. Seguramente no acabamos de ver nuestra oscuridad, ni nuestra tiniebla o nuestra enfermedad; no dónde Dios quiere. Muchas veces es caminando con otros como la vamos a descubrir, porque el otro nos descubre y nos confronta.

Vamos con una dinámica familiar:

  1. Lo primero que te invito es a escribir la cita bíblica en alguna cartulina. Elige el tamaño si luego quieres guardarla o dejarla en la pared o en la nevera. Esta dinámica la puedes hacer en casa. Esconde la cita… y que haya que buscarla.
  2.  Cuando ya la tengas en tus manos, la podemos leer y explicar un poco… ¿Hay alguien que no cojee de algo y necesite curarse? Seguramente todos gozarán de una salud excelente, así que no podrán encontrar al Jesús que es quien nos sana. Pero tengo una idea.
  3.  Coge un pañuelo y ata tus tobillos con alguien y proponed un recorrido por la casa o por el parque. Si te atreves, prueba con tu esposo o esposa para dar ejemplo… ¿Verdad que ya no es tan fácil? ¿Verdad que hay que coordinarse y que pierdes un poco la paciencia? ¿Verdad que el otro te estorba un poco? ¿Verdad que cuesta? Esto quiere Dios que descubras: todos tenemos “cojeras” y, cuando vamos acompañados, lo vemos enseguida.

Conclusión:
Dios quiere sanarte, pero tienes que ver tu cojera y, sobre todo, quiere verte caminando con otros, para que limes el mal genio, tu individualismo… Y, si eres adolescente, no des el único protagonismo a tus hormonas; pon un poco de amor y deja que marque el ritmo  tu hermana pequeña… o la abuela.

Fernando
Comunidade Caná - Castellón
 
«Muchas veces es caminando con otros como vamos a descubrir nuestra oscuridad, porque el otro nos descubre y nos confronta»

 Llamados a ser héroes: “Las familias tenemos que cortar con todo lo que nos hace daño”

Dios, otras familias y las ideas claras: este es el antídoto contra el veneno que el enemigo y el mundo tratan de inocular en nuestras familias. Hablamos con varias de ellas que están en pleno combate y ya han librado– y ganado– algunas batallas.

 

Por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.


 “Los padres son los verdaderos héroes de este siglo, no los superhéroes de Disney o de Marvel. Aquellos que se casan, engendran hijos y persisten en transformar el mundo de hoy son unos titanes. Y en Occidente son pocos y están cada vez más arrinconados”, afirma Javier de Montse, fundador junto a su mujer Montse de Javier y otro matrimonio de la Comunidad de Caná, el origen de la fraternidad de Familias Invencibles.

Padres de tres hijos y abuelos ya de varios nietos, cada uno atesora 40 años de experiencia como profesores de Infantil y Primaria, además de varias décadas preparando juntos itinerarios para novios y acompañando a personas con situaciones familiares difíciles.

“¿Queremos de verdad que nuestros hijos vivan una vida plenamente humana y cristiana? ¿En serio?”, pregunta Javier.  “Pues entonces seamos arriesgados y tomemos decisiones para cortar con todo aquello que el mundo ve normal pero que en realidad nos hace daño”, contesta él mismo.

    “En estos tiempos de barbarie tenemos que  tomar las riendas de la educación de los hijos para seguir transmitiendo el fuego del bien”

No hay medias tintas. O el padre y la madre adoptan esta actitud  “o ya estás dejando que sobre tu vida y tu familia decidan el colegio, el ambiente, la televisión y los amigos”, añade Montse, su mujer, que deja en el aire varios interrogantes concretos:  “¿Qué hacemos el sábado y el domingo papá y mamá? ¿Cómo acostamos a los hijos por las noches? ¿Se vive la trascendencia en casa o no? ¿Está Dios en casa, sale Jesús en nuestras conversaciones durante la cena?”.

Para Montse, “hay muchas familias que se dicen cristianas, pero sus criterios son mundanos. Están aburguesadas. Lo que prima en ellas es el interés personal, el bienestar, la economía… A la hora de elegir los estudios se enfocan solo en las salidas laborales. Eso son claves mundanas, no cristianas. ¿Se habla demasiado de dinero en casa? Eso al final acaba haciendo daño a los hijos, porque les hace ver el mundo y la vida de una manera que no es la que tiene Dios”. En este tipo de familias, “la fe es algo que se deja para el colegio o para la parroquia, y eso es claramente insuficiente”.

El fuego de la verdad

En contrapartida, hay padres que tienen las ideas claras y no dudan en actuar si es necesario. Como Francisco Lizarán y Caridad Miranda, que con nueve hijos entre 3 y 19 años vieron cómo en su colegio  “empezaron a imponer a los niños lecturas que promovían la ideología de género y el cambio de sexo, y hasta algún profesor les animaba a experimentar sexualmente en el baño”. Al final decidieron cambiarles de centro, y conscientes de que la actual cultura audiovisual “cada vez les adoctrina más en el ideario LGTBIQ y en la frivolidad, nosotros les ofrecemos películas y series antiguas donde no se alteran como en las de ahora nuestros valores”.

“En estos tiempos de oscuridad y barbarie, tomar las riendas de la educación de nuestros hijos puede ser la única manera de lograr la restauración de la familia y de seguir transmitiendo el fuego de la tradición, del bien, de la verdad y la belleza”, asegura Paloma Estorch, madre de cinco hijos en la tierra y de dos en el Cielo, autora del blog Paideia en familia .

Ella y Carlos, su marido, optaron hace varios años por el homeschooling, una alternativa educativa “en la que hemos descubierto que la escuela no está fuera, sino que se halla en nuestro hogar”, afirma.

Hoy asesoran a numerosos padres que quieren tomar distancia con el ambiente ante  “el grado de adoctrinamiento que está llegando a las escuelas en España y en todo el mundo”. Y tras años de experiencia afirman con orgullo que este modo de educar ha hecho a sus hijos “hombres seguros de sí mismos, excelentes personas, firmes en la fe, y con una actitud madura y crítica ante el momento histórico que les ha tocado vivir”.

Son precisamente la comunidad y la amistad con familias afines otras herramientas con las que cuentan los padres para salvar a la próxima generación, porque  “este combate no lo podemos ganar solos”, afirma Javier de Montse. Por eso, desde siempre se han rodeado de familias con inquietudes comunes, al mismo tiempo que han acogido en casa a personas con dificultades. “Antes que ver una película de dibujos animados, nuestros hijos han visto la realidad, y han comprobado cómo ante esta realidad sus padres se unen entre sí y se agarran a Dios”, concluye.

Salvar al Niño

Una de las mayores tentaciones en las que podría caer una familia que quiera proteger su hogar es la de recluirse y perder la esperanza, pero “el miedo es lo contrario a la fe, y es la herramienta del enemigo”, afirma Javier de Montse. “Hoy el miedo ha aumentado en la sociedad: a perder el trabajo, a la guerra, a quedarnos sin gas, al COVID… Cada generación tiene sus miedos, pero a lo único que debemos tener miedo es a perder nuestra fe y a que se diluya en el ambiente”, explica.

Para ilustrarlo, pone el ejemplo de san José, que tras la aparición del ángel en sueños tomó al Niño y a su Madre y se los llevó a Egipto: “Salieron con lo que tenían, sin medios, no les hacía falta nada más porque confiaban en Aquel de quien viene toda paternidad. Lo único que tienen que hacer las familias de hoy es salvar al Niño, salvar tu fe, custodiar lo que Dios quiere para tu casa, y de ahí vendrá todo lo demás”. 

Algunas claves

  • Estilo de vida auténtico: “Vivir de forma más natural, con menos comodidades y sin tanta tecnología. Los esposos son el centro de la familia, su esponsalidad es su tesoro. Recurrir a Aquel que está en medio de los dos”, Javier de Montse.
  • Coherencia en el criterio para padres e hijos: “Si mis hijos no pueden ver una película, nosotros tampoco. Hemos de ser creativos para proponer alternativas atractivas para los hijos. ¿Educamos en la comodidad o en la comunidad?”, Montse de Javier.
  • Primero el porqué y luego el cómo: “Puede que haya dificultades, ganas de tirar la toalla y muchas noches oscuras, pero el camino se va recorriendo poco a poco, con pasitos de bebé. Y, como decía Viktor Frankl, ‘el que tiene un porqué para vivir encontrará casi siempre el cómo’”, Paloma Estorch.
  • Confianza total en Dios: “Las fuerzas para resistir las encontramos en la oración y viviendo la fe en comunidad. Dialogamos con nuestros hijos y ponemos en manos del Señor todo lo que vivimos. Eso es fundamental para lanzarte a tomar decisiones que te sobrepasan”, Francisco y Caridad. 
Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión,
la revista de suscripción gratuita 
más leída por las familias católicas de España.

 

En los últimos días de agosto, nuestras mentes previsoras, comienzan a dirigir su atención al nuevo curso que comienza. Navegando por internet nos vamos a encontrar muchos decálogos sobre cómo hacer el inicio de curso de manera eficiente e incluso divertida y cómo afrontar los nuevos retos, los cambios, los nuevos inicios…

Escribe Fabio Rosini, en el libro que ya sabéis que estoy leyendo: «Cuando aceptamos conjugar, unir la Palabra de Dios con nuestra vida, descubro que se desencadena una potencia extraordinaria, y comenzamos a reencontrarnos dentro de la obra de Dios, comenzamos a descubrir que somos una declinación de su Palabra» (El arte de recomenzar, Fabio Rosini).

Cada una de las familias que formamos parte de esta comunidad: Comunidade Caná, damos fe, que esto que escribe Fabio, es verdad. Y esta verdad es la que nos ayuda, en nuestra vida familiar, a crear una identidad y unos valores que desarrollan esa potencia extraordinaria de la que habla Fabio.

En unos días, vuestra familia, estará inserta en la vorágine del retorno al colegio y a los trabajos. Y os proponemos 3 herramientas para recomenzar vuestras vidas familiares:

  • Orad, juntos, al terminar el día. Empeñaros en conseguir tan solo 5 minutos de encuentro, donde poner ante la presencia de Dios, en el salón de casa, los vivido por cada uno, ese día, y agradecer a Dios todo lo recibido. 
  • Celebrad, juntos, la Eucaristía. A veces por las múltiples actividades e incluso servicios, permitimos que cada miembro de la familia ir a la Eucaristía de manera independiente. Es de mucha gracia para nuestras familias y da mucho testimonio, acudir juntos. 
  • Buscad a otras familias para vivir en fidelidad a la Palabra de Dios y así, no perderos los tesoros que recibimos de Dios. No caminéis solos.

El discernimiento para el nuevo curso

Vale la pena pedir el discernimiento del cielo. Por discernimiento entendemos esa dinámica que guía interiormente a quien vive en presencia del Señor, como el Señor Jesús está en la presencia del Padre. Discernimiento es la orientación profunda del ser. No es una elección singular, sino que subsste en todas las opciones. Es el alimento de la vida nueva que el Señor Jesús ha inaugurado en la carne humana. (Fabio Rosini)

No tenemos discernimiento sobre la voluntad de Dios porque hayamos leído un libro o porque hayamos asistido a centenares de catequesis, sino porque «olemos» al Padre en las cosas, puesto que lo conocemos. El discernimiento no es una habilidad. Es una identidad redimida puesta en acto, es la relación de los hijos con el Padre que deviene sensibilidad, vista aguda, oído atento. (Fabio Rosini)

Os deseamos a todas vosotras, familias con el reto de comenzar un nuevo curso:
esta sensibilidad (que conseguís orando -juntos- en casa); esta vista aguda (que la familia desarrolla en la celebración -juntos- de la Eucaristía); y este oído atento (que ayuda a obtenerlo, caminar con otros, compartir con otras familias que viven las mismas alegrías y las mismas dificultades que vosotros).

¡Buen inicio de curso!

Inma Tamayo
Comunidade Caná
Santiago de Compostela

Y, tú, que has leído todo lo anterior, ¿tienes otras herramientas, para comenzar el curso?
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Golpes que te paralizan

Hoy he comenzado a leer un nuevo libro que se titula, «El arte de recomenzar».
No sé muy bien qué nuevas ideas me va a aportar y, sin embargo, al leer el título he pensado en la tarde que viví ayer.
Miguel y yo, volvimos a encontrarnos -después de 4 años- con Sergio y María, y sus cinco hijos: Isabel, Pablo, Inés, Ana y Miguel.
Les conocimos hace 4 años. Estuvimos con ellos cenando una noche aquí en Santiago de Compostela. En aquellos momentos él estaba desahuciado por un cáncer muy malo, un linfoma.

Cuando nosotros estuvimos cenando aquella noche, hace 4 años, Miguel les compartió una Palabra de 2 Reyes. Miguel la había recibido unos días antes en oración y no sabía para quién estaba dirigida. Al escucharles esa noche en la cena, rezamos juntos y Miguel le dijo:
- Hace unos días he recibido esta Palabra y te la comparto porque creo que es para ti: Antes de que Isaías abandonase el patio central, le llegó la palabra del Señor que decía: Vuelve y di a Ezequías jefe de mi pueblo: "Así habla el Señor, el Dios de tu padre David: He escuchado tu plegaria y he visto tus lágrimas. Yo voy a curarte; al tercer día subirás al templo del Señor. Añadiré otros quince años a tu vida". (2 Re 20, 4-6a)

Pues bien, al poco tiempo el Señor le sanó del linfoma. Después de esa milagrosa sanación, por la que todos habíamos rezado, tuvo que recibir algún tratamiento duro y someterse a un trasplante de médula que le donó su hermano y su cuerpo, aún en la actualidad, necesita tratamiento, pues el linfoma le atacó muchísimo.

Estos acontecimientos en la vida de una familia, la pone a prueba. Aquello que sucede sin esperarlo, que no lo deseas y que te hace sufrir. En la familia de Sergio y de María, fue la enfermedad, y la posibilidad de una muerte más temprana de lo que uno espera. En la familia de cada uno de nosotros, también existen situaciones, acontecimientos, giros, que no estaban en nuestros planes, y que además en sí mismas, no son cosas buenas ni apetecibles: escasez o ruina económica, infertilidad, mentiras ocultas que salen a la luz, infidelidad… golpes que llegan y te paralizan.

Volver al inicio

Ayer, al hablar otra vez con Sergio y María, en el fondo de toda su conversación había algo muy sólido: sabían de quién se habían fiado. La Fe de creer que el proyecto de su familia, ellos como matrimonio, y la vida prestada de sus hijos, está, todo ello, protegido y cuidado por Dios mismo.
Y esto fue lo que volvimos a recordar Miguel y yo, después de estar con ellos ayer: que no hay que olvidar, a pesar de los acontecimientos de sufrimiento y dolor, cuál es el inicio de nuestra vida, de nuestros proyectos de vida, de nuestra vocación: “la vida se recibe de Dios, y Él cuida y ama”.

«Si traicionas el inicio, traicionas el todo. Si el todo va mal, es porque estás fuera del mapa de inicio. Si quieres recomenzar debes volver al inicio, y encontrar lo que es vital para ti. En realidad, encontrarás a Otro. Porque nadie se inicia por sí mismo. El inicio es un don que alguien nos hace. La vida, en efecto, se recibe». (El arte de recomenzar. Fabio Rosini)

 

Cada una de nuestras familias va a tener siempre, la oportunidad de recomenzar, de ir al inicio del porqué estamos juntos. Recoger las luces que hemos ido recibiendo, atender a la sabiduría aprendida, usar los dones nuevos, y… aprender el arte de Recomenzar. Verlo todo de otro modo. Y avanzar.

Corazón de niño

Entregártelo todo con un corazón de niño. Abandonarse a ti. Confiarte lo que contraría a tu corazón, o a los proyectos. Rezar por quienes se nos oponen, Y después, llegar hasta gritar a veces la pena cuando se acumulan las dificultades. Usar un lenguaje fuerte y brusco, que Tú comprendes, mientras que los hombres no pueden captarlo. Confiarte una vez más y a cada instante lo que inquieta y atenaza. Y también guardar silencio.
Entonces, poco a poco, la alabanza de Tu amor se convierte en esencial. Tocad, órganos y cítaras. Flautas, cantad en mí. Voz sorda y a la vez estridente: que nada detenga la indispensable alabanza de tu amor.
(Hermano Roger, Taizé)

Inma Tamayo
Comunidade Caná
Santiago de Compostela

Si has llegado hasta el final, me encantaría saber qué te ha parecido lo que has leído.
¡Déjanos un comentario y comencemos a hablar! 

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