Comunidade Caná

Comunidad Católica de Alianza integrada por familias en el seno de la Renovación Carismática

¡Cristo viene a Comunidade Caná!
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     "Os anunciamos la venida de Cristo, y no sólo una, sino también una segunda que será sin duda mucho más gloriosa que la primera. La primera se realizó en el sufrimiento, la segunda traerá consigo la corona del reino. En la primera venida fue envuelto en pañales y recostado en un pesebre; en la segunda aparecerá vestido de luz. En la primera sufrió la cruz, pasando por encima de su ignominia; en la segunda vendrá lleno de poder y de gloria, rodeado de todos los ángeles.
     Por lo tanto, no nos detengamos sólo en la primera venida, sino esperemos ansiosamente la segunda. Y así como en la primera dijimos "¡bendito el que viene en nombre del Señor!", en la segunda repetiremos lo mismo cuando, junto con los ángeles, salgamos a su encuentro y lo aclamemos adorándolo y diciendo de nuevo: "¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"



    Vendrá el Salvador no para ser nuevamente juzgado, sino para convocar a juicio a quienes lo juzgaron a él. El que la primera vez se calló mientras era juzgado dirá entonces a los malvados que durante la crucifixión lo insultaron: Esto hicisteis y callé.
     En aquel tiempo vino para cumplir un designio de amor, enseñando y persuadiendo a los hombres con dulzura; pero al final de los tiempos -lo quieran o no- necesariamente tendrán que someterse a su reinado.
    Vendrá, por tanto, nuestro Señor Jesucristo desde el Cielo, vendrá glorioso en el último día. Y entonces será la consumación de este mundo, y este mundo, que fue creado al principio, será totalmente renovado".

S. Cirilo de Jerusalén




Andrés, el primer discípulo-misionero
"Andrés era uno de los que siguieron a Jesús. 
Fue a su hermano Simón y le dijo: 'Hemos encontrado al Cristo'. 
Y lo llevó a Jesús." (Jn 1, 40-42)

   Juan presenta a Andrés como "el primer llamado" (ho protoklitos), como es conocido en la tradición bizantina. Y es precisamente Andrés quien lleva a su hermano Simón a Jesús.
    "Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo que suscite discípulos y misioneros.
     Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva" (Documento de Aparecida 11).


La primera parte del ADVIENTO no se refiere al pasado, sino al futuro; no celebra lo ya acontecido, sino lo que vendrá. Recordar el pasado a veces produce nostalgia. Esperar, con esperanza cierta, un futuro de plenitud, debería dar una mayor calidad a la vida.

Según lo que esperamos y a quién esperamos, así vivimos. Quien espera, aún en medio de muchos dolores, la curación de una enfermedad, vive con mucha más alegría que quien, sin sufrir tanto, sabe que con su enfermedad tiene los días contados. Quien espera la pronta liberación, aún en medio de sufrimientos e incomodidades, vive con más alegría que quien sólo espera la muerte.

Por otra parte, cuando el Señor venga glorioso quedará clara la verdad de todas las cosas. Quedará claro que lo único que tiene futuro es el amor, la verdad, la justicia. Y que el odio, la guerra y el mal no tienen ningún futuro. Quedará claro quién es ese que vino humildemente, al que se podía rechazar, porque no quería ni podía imponerse.

Cuando el Señor venga glorioso triunfará definitivamente el bien. En este sentido, los cristianos tenemos la clave de lo que vale y de lo que no vale. ¡Qué pena perder el tiempo por lo que no vale!

Del 8 al 11 de diciembre celebramos en Madrid el Encuentro de ADVIENTO 2022 de Comunidade Caná.

             "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne" (Gn 2, 24)

Esta Palabra aparece en la Biblia cuatro veces. La primera, en el libro del Génesis. Al principio, "la Tierra era algo caótico y vacío, las tinieblas cubrían la superficie del abismo, mientras el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas". Entonces, Dios, con su Palabra, creó la luz, el firmamento, el suelo y el cielo, las plantas, los animales... Y vio que todo era bueno. Dijo entonces: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza". Algo distinto iba a surgir, porque no utilizó su Palabra creadora; tomó barro y, con sus manos, formó al hombre y luego a la mujer. Y viendo Dios que todo era muy, muy bueno, los bendijo diciéndoles: "Sed fecundos y multiplicaos".

Si abrimos nuestro corazón a este relato de la creación, sentiremos la mano del Dios creador que ama todo lo que ha hecho: "Pues si algo odiases, no lo hubieras creado. Y ¿ cómo podría subsistir cosa que no hubieses querido? ¿cómo se conservaría si no la hubieses llamado? Mas Tú con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Señor que amas la vida" (Sb 11, 25-26). Todo lo creado... Dios lo pone a disposición del hombre y la mujer. Y, a continuación, viene esta "sentencia fundacional" que sigue estando aún hoy de plena actualidad:

"Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne" (Gn 2, 24)

Se trata de una afirmación sencilla y fácil de entender. Y, a la vez, sumamente profunda: la "denominación de origen" del matrimonio cristiano, el proyecto de Dios -desde el Principio- sobre la pareja humana. Es, por otro lado, como una fuente en la que podemos beber todos los matrimonios, tanto los recién casados como los que llevan diez, veinte o más años. La Palabra de Dios es siempre actual, viva y eficaz.
Está definición tiene tres partes:

  1. Dejará... Empieza la frase con el verbo dejar. Toda vocación cristiana, sea a la vida consagrada o al matrimonio, exige un dejar. Este "dejar" es el precio de la felicidad; la exigencia para iniciar una nueva vida, para poder hacer el camino ligeros de equipaje, sin ataduras que hipotecan la vida matrimonial El "dejar" del principio es fácil de ver; pero, en el camino, la vida familiar va a exigirnos continuas renuncias, cosas que debemos estar dispuestos a dejar... Todo para construir, para crecer, para realizar el plan de Dios y que Él pueda seguir diciendo que todo es bueno. 

  2. Se unirá su mujer, a su marido. Es esta la tarea de toda una vida: la tarea de la comunión. En ella debemos empeñarnos. Hay en el interior de la persona dos fuerzas contrapuestas... Una nos invita a la comunión, la comprensión, la cercanía, la aceptación del otro tal como es, la compasión y la ternura. Es el Espíritu de Dios que aletea desde el principio. La otra fuerza nos invita al enfrentamiento, la división, la posesividad, el autoritarismo, la rivalidad, la condena al otro. Es el espíritu del Mal.

    Cada matrimonio que trabaja y conquista esta unidad, aún en medio de dificultades e imperfecciones, representa el triunfo del bien sobre el mal, el triunfo de Dios que hace su obra en nuestro barro. Él realiza con cada matrimonio una obra de arte que es contemplada por el mundo como un milagro. 

  3. Serán una sola carne. En el sacramento del matrimonio, la forma es el consentimiento de los novios, las palabras del compromiso, el "sí, quiero"; y la materia es la persona total de los esposos, la unión de sus cuerpos hecha realidad sagrada que sella definitivamente el compromiso asumido el día de la boda. Hacerse una sola carne forma parte del proyecto maravilloso de Dios para un hombre y una mujer.

Estas tres acciones -dejar, unirse y ser una sola carne- son los pilares de una unión sólida y duradera. Al acompañar a cada pareja o matrimonio, vemos su "cojera" o fragilidad en alguno de estos "vértices" del triángulo. Dejar es el primero, pero imprescindible para avanzar hacia el segundo, que es unirse; para unirnos como matrimonio tenemos que dejar lo que nos paraliza o nos esclaviza, y ser libres para amar al otro. En la tarea de unirnos, en la intimidad, vamos pasando de ser hijos a ser esposos... Y este amor culmina con la entrega de nuestros cuerpos que dicen "sí" al amor exclusivo y fiel -a la vez que concreto y cotidiano- al esposo/a.

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ORO:

Bendigamos a Dios por la gracia poderosa del Sacramento del Matrimonio y pidámosle que Él siga a nuestro lado actualizando esta gracia, afirmando en nuestro corazón la certeza, cada vez más profunda, de que con Jesús podemos superar las pruebas y dificultades que aparecen en nuestro caminar juntos.
¡Derrama en nosotros, Señor, la alegría de esta vocación a la santidad: ser matrimonio cristiano!

 REFLEXIONO:

  • ¿Vivo mi vida matrimonial bajo la gracia de Dios o intento salir adelante solo con mis propias fuerzas?

  • ¿Qué luces y alegrías encuentro en mi vida matrimonial? ¿Qué sombras hay en ella? ¿Hablamos de nuestras sombras para así avanzar juntos?

Montse y Javier - Comunidade Caná

  
       El noviazgo es el tiempo en el cual los dos están llamados a realizar un trabajo compartido sobre el amor; un trabajo en profundidad. Se descubren poco a poco el uno al otro.  El hombre ‘aprende’ acerca de esta mujer, su novia; y la mujer ‘aprende’ acerca de este hombre, su novio.      
     Desde esta perspectiva -apuntada por el Papa Francisco- hemos preparado 15 temas para ayudaros a verificar vuestro amor. Nuestra propuesta es acompañaros en este camino que tiene meta. La clave ha de ser el diálogo que estos temas, como etapas de un camino, susciten entre vosotros, los novios.

El ITINERARIO se desarrolla en ENCUENTROS MENSUALES
Estamos a vuestra disposición...
986.313.795   canacomunidade@gmail.com    636.086.986 (WhatsApp)
   
 Más detalles en este vídeo
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"Aprender a amar a alguien no es algo que se improvisa 
ni puede ser el objetivo de un breve curso 
previo a la celebración del matrimonio
(Amoris laetitia 208)



   
       Comunidade Caná está formada por familias de distintos lugares de España. Contamos también con familias y personas que colaboran con la Comunidad en diferentes servicios y misiones.
        Somos una comunidad de familias. El objetivo no es vivir bajo el mismo techo, sino crecer en familia: que cada familia se sienta fortalecida en su vida de fe, apoyada en las decisiones humanas que debe tomar e impulsada a caminar como familia cristiana en medio del mundo. Cada familia vive de su trabajo diario y está enraizada en un lugar determinado, integrándose en la vida parroquial y construyendo una vida humana y espiritual estable y equilibrada; tiene, por otro lado, plena autonomía para tomar las decisiones que exige su vida familiar, como comunidad que es -“Iglesia doméstica”- dentro de una comunidad mayor.

 
         Nuestro gran reto no consiste en resolver los incontables problemas que surgen en las familias, sino en reconocer el Don que Dios regala y hacerlo fructificar. Es un reto de dimensión divina pero que está a nuestro alcance, porque Dios mismo lo acompaña y lo hace madurar.
      La ideología de la postmodernidad niega la verdad en lo concreto de la vida de las personas: el cuerpo pierde su lenguaje y el tiempo queda fragmentado en instantes; el resultado son personas desintegradas, debilitadas y manipulables. 


     Caná acoge la singularidad de cada familia, creando unas relaciones fraternas, aprendiendo unos de otros en la oración y el compartir humano, espiritual y material, en la línea de las primeras comunidades cristianas. Cada familia de la Comunidad camina como Iglesia doméstica. Nuestro modelo es la Familia de Nazaret. 
      Cada familia se compromete a rezar por las otras familias de la Comunidad y a mantener una comunicación cercana, a visitarnos unos a otros y compartir de cerca nuestras dificultades y alegrías, luces y sombras... Es motivo constante de nuestro compartir, en primer lugar, nuestra propia vida -para crecer espiritualmente y dar mayor gloria a Dios- y, en segundo lugar, nuestra acción pastoral y evangelizadora. 



"Tres días después de que Jesús se encontrara con sus primeros discípulos, hubo una boda en Caná de Galilea. María, la Madre de Jesús, había sido invitada y también Jesús y discípulos. En aquella época, las fiestas de boda duraban casi una semana y eran muchos los invitados. Cuando estaban en mitad de la fiesta, se acabó el vino y entonces María, que se había dado cuenta enseguida, se acercó a Jesús y le dijo: «No tienen vino». Jesús le contestó: «Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti? Todavía no ha llegado mi hora». María fue a hablar con los criados y les dijo: «Haced lo que Él os diga».

Había allí seis tinajas de piedra que se utilizaban para limpiar y lavarse. Jesús les dijo a los sirvientes: «Llenad las tinajas de agua». Y los criados las llenaron hasta arriba. Entonces Jesús añadió: «Sacad ahora un poco y llevárselo a vuestro jefe». Cuando éste degustó el vino nuevo, llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo sirve al principio el mejor vino y cuando los invitados ya han bebido bastante, se saca el vino de peor calidad. Tú, sin embargo, has reservado el vino mejor para el final». Éste fue el primer signo que realizó Jesús. Sus discípulos se dieron cuenta de quién era y creyeron en Él" (Jn 2, 1-12).

Este pasaje del Evangelio es un gran tesoro del que podemos sacar fruto en cualquier situación de nuestra vida matrimonial y familiar... Vosotros, esposos, sois los esposos de aquella boda. Ahora, después de algunos años, sabéis lo que quiere decir de verdad "no tenemos vino". Recordad que Jesús responde siempre a una necesidad.

Si estáis hambrientos, sedientos, angustiados, inquietos, insatisfechos, buscando... entonces Jesús llegará a vuestros corazones, porque a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Los esposos somos -también- los sirvientes

Dentro de la vida familiar, somos siervos los unos de los otros. Siervo tiene que ser el esposo para la esposa y la esposa para el esposo. Siervos los dos de nuestros hijos.  Nuestra actitud debe ser como la de los sirvientes del pasaje, cuando María les dijo: "Haced lo que Él os diga".

¿Estáis poniendo vuestras tinajas, vuestra agua bajo la acción del Espíritu Santo o vivís  frustrados y desgastados,  haciendo y haciendo sin ver fruto? La Madre de Jesús se da cuenta de que hay dificultades: No tienen vino. Estas palabras de María son signo de lo que ha de venir en todo matrimonio a medida que pasan los años. Hay un momento en que falta el vino, la ilusión, la esperanza. María, la Madre, se anticipa. Se lo dijo ya a su hijo Jesús; ya le habló de vuestra falta de vino. Y después le dice a los sirvientes: Haced lo que Él os diga.
Ahora, pasada la boda, pasados los años, somos el esposo servidor de la esposa y la esposa servidora del esposo. Ante la falta de vino, se nos pide: llenad las tinajas de agua, ofreceos plenamente el uno al otro, no dejéis la tinaja a medias; entregaos vuestra agua, vuestra vida; daos totalmente en alma y cuerpo.

Somos nosotros los sirvientes que hemos de llenar las tinajas de agua. Después... se realiza el milagro y el agua se transforma en vino. Nuestro esfuerzo es bendecido, es tocado por Dios. El mandato es importante: ¡llenad las tinajas! No las dejéis a medias, no os conforméis con amar un poco, con dar a medias, con pasar la cuenta de lo que ponéis el uno y la otra.

Hagamos memoria:  "El amor es paciente, es servicial. El amor no es envidioso, no es jactancioso, no se engríe, no es egoísta, no se irrita, no toma en cuenta el mal. No se alegra de la injusticia, se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. todo lo espera. Todo lo soporta" (1Cor 13 4-7). Esta es la calidad del amor que viene de Dios. El amor al que hemos de aspirar. Agua, humanidad, imperfección... puestas bajo la acción del Espíritu Santo, se transforman en vida sobrenatural, en amor divino, en vino de primera calidad.

¡Daos totalmente como esposos, como padres!

Y entonces, en medio de limitaciones y pobrezas, Jesús bendice el agua y se produce el milagro: un vino mucho mejor que el de antes y más abundante. Con Jesús y María no os faltará el vino. Siempre que os sintáis faltos de algo, llenad vuestras tinajas. Y el segundo vino será mejor y más abundante que el primero: "Yo he venido para que tengan vida y vida abundante" (Jn 10, 10).

Jesús y María están presentes en cada una de nuestras familias. Son los que van a realizar el milagro de convertir nuestra agua en vino; nuestra sed, nuestra hambre, nuestra angustia, nuestra duda, nuestros desatinos... No desaprovechemos la oportunidad de pedir con un corazón sencillo y humilde. Jesús y María quieren bendecir también a los invitados, a todos los que se acercan a nosotros... Empezando por nuestros hijos y continuando por otros familiares, amigos, etc.

Señor, ¡aumenta nuestra fe! Nosotros solo podemos aportar nuestra pobreza, nuestra agua. Si confiamos en Ti, en nuestra familia se producirá el milagro que esperamos y podremos comenzar a vivir la plenitud del Amor.

Montse y Javier - Comunidade Caná

Contamos con la especial intercesión de S. Juan Pablo II


«¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura. de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce lo que hay dentro del hombre. ¡Sólo Él lo conoce!»

«El futuro de la humanidad se fragua en la familia»

 

“La Tierra no tiene ninguna tristeza que el Cielo no pueda curar”. Eso dice Santo Tomás Moro. En la eternidad, al final de la historia de la Humanidad, el canto permanecerá como una de las ocupaciones de los huéspedes del cielo. Así lo describe Ap 5, 9-10. Los 24 ancianos cantan un canto nuevo en honor del Cordero: “Tú eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos”. Más adelante, nos cuenta cómo los 144.000 redimidos adoran a Dios por medio del canto: “La victoria es de nuestro Dios que está sentado en el trono y del Cordero”. Y todos los ángeles adoran a Dios cantando: “La alabanza, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fuerza son de nuestro Dios” (Ap 7, 10-12). En Ap 15, 2-3 se nos relata cómo los que habían vencido a la bestia estaban en pie sobre el mar de cristal con las arpas de Dios y cantaban el cántico de Moisés y el cántico del Cordero.

 
Siempre cantemos “desde” el Cielo

Nosotros cantamos aquí en la Tierra: cantamos en la liturgia, en la oración comunitaria, en nuestra oración personal. El canto es oración, es un medio de comunicación entre Dios y nosotros… ¡Miremos al canto del Cielo para que nuestro canto sea un canto mucho más grande, mucho más profundo, tenga un valor mucho mayor! Os invito a que siempre cantemos “desde” el Cielo; que nuestra mente se ponga allí, en la asamblea de los santos. No importa dónde cante, para quién cante, con quién cante; no importa que las cosas salgan mejor o peor… Nuestro canto, unido al canto del Cielo, es siempre un canto de victoria: unirme en espíritu al canto de victoria que entonan en el Cielo, con júbilo eterno, los ángeles y los santos mientras contemplan a Dios cara a cara. Porque el canto que cantamos aquí es solo un anticipo de lo que va a ser nuestra ocupación definitiva; por lo tanto, prefiguremos aquí lo que haremos allí por toda la eternidad: cantar a Dios.

 
Santa Faustina Kowalska nos dice: “Hoy fui al Cielo en el espíritu y vi cómo las criaturas dan sin cesar alabanza y gloria a Dios. Vi cuán grande es la felicidad en Dios que funde a todas las criaturas, haciéndolas felices… Y, así, toda la gloria y alabanza que brota de su felicidad vuelven a la fuente, entran en las profundidades de Dios contemplando la vida interior del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo a quien nunca podrán comprender o abarcar. Esta fuente de la felicidad es inmutable en su esencia, pero siempre es nueva brotando felicidad para todas sus criaturas”.

 
“Qué cosa más dulce y sencilla: estar allí para siempre cantando con los ángeles y los santos: Santo, Santo, Santo” (San Felipe Neri). Porque la predicación y la evangelización cesarán… pero la música, la adoración a Dios, ¡continuará!

Javier de Montse - Comunidade Caná

Escucha AQUÍ el tema completo


    “¡No erijáis vuestros propios planes pastorales bajo la norma de lo que le está permitido actuar al Espíritu Santo!” (Benedicto XVI)

       ¡Estamos en un tiempo nuevo: el tiempo de Aquel que hace nuevas todas las cosas! ¡Aleluya! La acción de Dios tiene lugar -cada vez más inopinadamente- “en el campo” (Num 11, 27). Hay últimos que son primeros…
       El Espíritu surge, a menudo, al margen de los ámbitos que controlamos. Las nuevas realidades eclesiales dependen del dinamismo del Espíritu Santo y se liberan de todo exclusivismo. "Nuestra racionalización pastoral sistemática y planificada corre el riesgo de ahogar los aguijones pastorales que suscita el Espíritu Santo" (Mons Dominique Rey).
     Si nuestra predicación y nuestra acción pastoral no provocan un despertar en el pueblo, no llevan a las personas a tener un cambio de vida y a ser verdaderos discípulos de Jesús... hemos de analizar con profundidad si en lo que trabajamos es, básicamente, en llenar los templos aunque la gente siga vacía de Jesús.



    "Y corrieron a dar aviso a Moisés: Eldad y Medad profetizan en el campo. Entonces respondió Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, y dijo: Señor mío Moisés, impídeselo. Y Moisés le contestó: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá que todo el pueblo del Señor fuera profeta, que el Señor pusiera su Espíritu sobre ellos.”  (Num 11, 27-29) 



     Algunas propuestas de acción, en el aquí y ahora, para no estorbar el florecimiento de pequeñas comunidades vivas al estilo de los Hechos de los Apóstoles:

  • Ir donde va la gente; enfocarnos e invertir allí. Echarnos, como Iglesia, al Camino. No construir nuevos templos ni complejos parroquiales. Dejar a las autoridades civiles que restauren y conserven el patrimonio y los monumentos religiosos...
  • Aderezar nuestras Iglesias Diocesanas con aceite y vino, pasarlas por el Fuego y vaciarlas en el Camino de Santiago
  • Adelgazar drásticamente los organigramas. Es tiempo de una buena poda para esa gran hojarasca de Delegaciones, Secretariados... y tantas estructuras y nombramientos (nombro y miento) que oscurecen la fuerza del Evangelio, llegando a suplantar el combate espiritual y la primacía de la gracia.
  • Volver al Principio (en el Principio no fue así…), al punto 0 (Tú has venido a la orilla…) en los Seminarios y otras instituciones.

 Llamados a ser héroes: “Las familias tenemos que cortar con todo lo que nos hace daño”

Dios, otras familias y las ideas claras: este es el antídoto contra el veneno que el enemigo y el mundo tratan de inocular en nuestras familias. Hablamos con varias de ellas que están en pleno combate y ya han librado– y ganado– algunas batallas.

 

Por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.


 “Los padres son los verdaderos héroes de este siglo, no los superhéroes de Disney o de Marvel. Aquellos que se casan, engendran hijos y persisten en transformar el mundo de hoy son unos titanes. Y en Occidente son pocos y están cada vez más arrinconados”, afirma Javier de Montse, fundador junto a su mujer Montse de Javier y otro matrimonio de la Comunidad de Caná, el origen de la fraternidad de Familias Invencibles.

Padres de tres hijos y abuelos ya de varios nietos, cada uno atesora 40 años de experiencia como profesores de Infantil y Primaria, además de varias décadas preparando juntos itinerarios para novios y acompañando a personas con situaciones familiares difíciles.

“¿Queremos de verdad que nuestros hijos vivan una vida plenamente humana y cristiana? ¿En serio?”, pregunta Javier.  “Pues entonces seamos arriesgados y tomemos decisiones para cortar con todo aquello que el mundo ve normal pero que en realidad nos hace daño”, contesta él mismo.

    “En estos tiempos de barbarie tenemos que  tomar las riendas de la educación de los hijos para seguir transmitiendo el fuego del bien”

No hay medias tintas. O el padre y la madre adoptan esta actitud  “o ya estás dejando que sobre tu vida y tu familia decidan el colegio, el ambiente, la televisión y los amigos”, añade Montse, su mujer, que deja en el aire varios interrogantes concretos:  “¿Qué hacemos el sábado y el domingo papá y mamá? ¿Cómo acostamos a los hijos por las noches? ¿Se vive la trascendencia en casa o no? ¿Está Dios en casa, sale Jesús en nuestras conversaciones durante la cena?”.

Para Montse, “hay muchas familias que se dicen cristianas, pero sus criterios son mundanos. Están aburguesadas. Lo que prima en ellas es el interés personal, el bienestar, la economía… A la hora de elegir los estudios se enfocan solo en las salidas laborales. Eso son claves mundanas, no cristianas. ¿Se habla demasiado de dinero en casa? Eso al final acaba haciendo daño a los hijos, porque les hace ver el mundo y la vida de una manera que no es la que tiene Dios”. En este tipo de familias, “la fe es algo que se deja para el colegio o para la parroquia, y eso es claramente insuficiente”.

El fuego de la verdad

En contrapartida, hay padres que tienen las ideas claras y no dudan en actuar si es necesario. Como Francisco Lizarán y Caridad Miranda, que con nueve hijos entre 3 y 19 años vieron cómo en su colegio  “empezaron a imponer a los niños lecturas que promovían la ideología de género y el cambio de sexo, y hasta algún profesor les animaba a experimentar sexualmente en el baño”. Al final decidieron cambiarles de centro, y conscientes de que la actual cultura audiovisual “cada vez les adoctrina más en el ideario LGTBIQ y en la frivolidad, nosotros les ofrecemos películas y series antiguas donde no se alteran como en las de ahora nuestros valores”.

“En estos tiempos de oscuridad y barbarie, tomar las riendas de la educación de nuestros hijos puede ser la única manera de lograr la restauración de la familia y de seguir transmitiendo el fuego de la tradición, del bien, de la verdad y la belleza”, asegura Paloma Estorch, madre de cinco hijos en la tierra y de dos en el Cielo, autora del blog Paideia en familia .

Ella y Carlos, su marido, optaron hace varios años por el homeschooling, una alternativa educativa “en la que hemos descubierto que la escuela no está fuera, sino que se halla en nuestro hogar”, afirma.

Hoy asesoran a numerosos padres que quieren tomar distancia con el ambiente ante  “el grado de adoctrinamiento que está llegando a las escuelas en España y en todo el mundo”. Y tras años de experiencia afirman con orgullo que este modo de educar ha hecho a sus hijos “hombres seguros de sí mismos, excelentes personas, firmes en la fe, y con una actitud madura y crítica ante el momento histórico que les ha tocado vivir”.

Son precisamente la comunidad y la amistad con familias afines otras herramientas con las que cuentan los padres para salvar a la próxima generación, porque  “este combate no lo podemos ganar solos”, afirma Javier de Montse. Por eso, desde siempre se han rodeado de familias con inquietudes comunes, al mismo tiempo que han acogido en casa a personas con dificultades. “Antes que ver una película de dibujos animados, nuestros hijos han visto la realidad, y han comprobado cómo ante esta realidad sus padres se unen entre sí y se agarran a Dios”, concluye.

Salvar al Niño

Una de las mayores tentaciones en las que podría caer una familia que quiera proteger su hogar es la de recluirse y perder la esperanza, pero “el miedo es lo contrario a la fe, y es la herramienta del enemigo”, afirma Javier de Montse. “Hoy el miedo ha aumentado en la sociedad: a perder el trabajo, a la guerra, a quedarnos sin gas, al COVID… Cada generación tiene sus miedos, pero a lo único que debemos tener miedo es a perder nuestra fe y a que se diluya en el ambiente”, explica.

Para ilustrarlo, pone el ejemplo de san José, que tras la aparición del ángel en sueños tomó al Niño y a su Madre y se los llevó a Egipto: “Salieron con lo que tenían, sin medios, no les hacía falta nada más porque confiaban en Aquel de quien viene toda paternidad. Lo único que tienen que hacer las familias de hoy es salvar al Niño, salvar tu fe, custodiar lo que Dios quiere para tu casa, y de ahí vendrá todo lo demás”. 

Algunas claves

  • Estilo de vida auténtico: “Vivir de forma más natural, con menos comodidades y sin tanta tecnología. Los esposos son el centro de la familia, su esponsalidad es su tesoro. Recurrir a Aquel que está en medio de los dos”, Javier de Montse.
  • Coherencia en el criterio para padres e hijos: “Si mis hijos no pueden ver una película, nosotros tampoco. Hemos de ser creativos para proponer alternativas atractivas para los hijos. ¿Educamos en la comodidad o en la comunidad?”, Montse de Javier.
  • Primero el porqué y luego el cómo: “Puede que haya dificultades, ganas de tirar la toalla y muchas noches oscuras, pero el camino se va recorriendo poco a poco, con pasitos de bebé. Y, como decía Viktor Frankl, ‘el que tiene un porqué para vivir encontrará casi siempre el cómo’”, Paloma Estorch.
  • Confianza total en Dios: “Las fuerzas para resistir las encontramos en la oración y viviendo la fe en comunidad. Dialogamos con nuestros hijos y ponemos en manos del Señor todo lo que vivimos. Eso es fundamental para lanzarte a tomar decisiones que te sobrepasan”, Francisco y Caridad. 
Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión,
la revista de suscripción gratuita 
más leída por las familias católicas de España.

 

En los últimos días de agosto, nuestras mentes previsoras, comienzan a dirigir su atención al nuevo curso que comienza. Navegando por internet nos vamos a encontrar muchos decálogos sobre cómo hacer el inicio de curso de manera eficiente e incluso divertida y cómo afrontar los nuevos retos, los cambios, los nuevos inicios…

Escribe Fabio Rosini, en el libro que ya sabéis que estoy leyendo: «Cuando aceptamos conjugar, unir la Palabra de Dios con nuestra vida, descubro que se desencadena una potencia extraordinaria, y comenzamos a reencontrarnos dentro de la obra de Dios, comenzamos a descubrir que somos una declinación de su Palabra» (El arte de recomenzar, Fabio Rosini).

Cada una de las familias que formamos parte de esta comunidad: Comunidade Caná, damos fe, que esto que escribe Fabio, es verdad. Y esta verdad es la que nos ayuda, en nuestra vida familiar, a crear una identidad y unos valores que desarrollan esa potencia extraordinaria de la que habla Fabio.

En unos días, vuestra familia, estará inserta en la vorágine del retorno al colegio y a los trabajos. Y os proponemos 3 herramientas para recomenzar vuestras vidas familiares:

  • Orad, juntos, al terminar el día. Empeñaros en conseguir tan solo 5 minutos de encuentro, donde poner ante la presencia de Dios, en el salón de casa, los vivido por cada uno, ese día, y agradecer a Dios todo lo recibido. 
  • Celebrad, juntos, la Eucaristía. A veces por las múltiples actividades e incluso servicios, permitimos que cada miembro de la familia ir a la Eucaristía de manera independiente. Es de mucha gracia para nuestras familias y da mucho testimonio, acudir juntos. 
  • Buscad a otras familias para vivir en fidelidad a la Palabra de Dios y así, no perderos los tesoros que recibimos de Dios. No caminéis solos.

El discernimiento para el nuevo curso

Vale la pena pedir el discernimiento del cielo. Por discernimiento entendemos esa dinámica que guía interiormente a quien vive en presencia del Señor, como el Señor Jesús está en la presencia del Padre. Discernimiento es la orientación profunda del ser. No es una elección singular, sino que subsste en todas las opciones. Es el alimento de la vida nueva que el Señor Jesús ha inaugurado en la carne humana. (Fabio Rosini)

No tenemos discernimiento sobre la voluntad de Dios porque hayamos leído un libro o porque hayamos asistido a centenares de catequesis, sino porque «olemos» al Padre en las cosas, puesto que lo conocemos. El discernimiento no es una habilidad. Es una identidad redimida puesta en acto, es la relación de los hijos con el Padre que deviene sensibilidad, vista aguda, oído atento. (Fabio Rosini)

Os deseamos a todas vosotras, familias con el reto de comenzar un nuevo curso:
esta sensibilidad (que conseguís orando -juntos- en casa); esta vista aguda (que la familia desarrolla en la celebración -juntos- de la Eucaristía); y este oído atento (que ayuda a obtenerlo, caminar con otros, compartir con otras familias que viven las mismas alegrías y las mismas dificultades que vosotros).

¡Buen inicio de curso!

Inma Tamayo
Comunidade Caná
Santiago de Compostela

Y, tú, que has leído todo lo anterior, ¿tienes otras herramientas, para comenzar el curso?
¡¡¡Compártelas con nosotros!!!

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El genio femenino frente a seis tinajas de piedra


    Seis, y no siete, que es el número perfecto. De piedra, como las tablas de Moisés, como nuestro corazón; frías como cadáveres. Inútiles, por estar vacías, para una purificación que ni son capaces de dar. Símbolo de lo que nunca llegará a ser completo, siempre por debajo de toda expectativa profundamente humana y de cualquier anhelo del corazón. Esto es nuestra vida sin la novedad del Espíritu.

    Ante este escenario de parálisis representado por las tinajas, María intuye que la antigua alianza está en decadencia y que la antigua economía de la salvación, fundada en las prescripciones de la Ley, ha cerrado su contabilidad. Y... “pide el cambio” al único capaz de hacer nuevas todas las cosas. Percibe, claramente, las señales de alarma en un mundo que agoniza en la tristeza e invoca de su Hijo, más que un cambio en la ley de la naturaleza, un cambio en la naturaleza de la ley. 

     Solo la llena de gracia, María, iluminada por el Espíritu, ve la disolución del pequeño mundo antiguo. La Mujer Nueva, que trae la novedad y la fiesta, se anticipa y pide a Jesús un pago a cuenta sobre el vino de la nueva alianza que brotará inagotable -presente Ella también- en la hora de la cruz. Lo que parece un simple gesto de amabilidad es, en realidad, un grito de alarma para evitar la muerte del mundo: ¡No tienen vino...!