Comunidade Caná

Comunidad Católica de Alianza integrada por familias en el seno de la Renovación Carismática

 

Golpes que te paralizan

Hoy he comenzado a leer un nuevo libro que se titula, «El arte de recomenzar».
No sé muy bien qué nuevas ideas me va a aportar y, sin embargo, al leer el título he pensado en la tarde que viví ayer.
Miguel y yo, volvimos a encontrarnos -después de 4 años- con Sergio y María, y sus cinco hijos: Isabel, Pablo, Inés, Ana y Miguel.
Les conocimos hace 4 años. Estuvimos con ellos cenando una noche aquí en Santiago de Compostela. En aquellos momentos él estaba desahuciado por un cáncer muy malo, un linfoma.

Cuando nosotros estuvimos cenando aquella noche, hace 4 años, Miguel les compartió una Palabra de 2 Reyes. Miguel la había recibido unos días antes en oración y no sabía para quién estaba dirigida. Al escucharles esa noche en la cena, rezamos juntos y Miguel le dijo:
- Hace unos días he recibido esta Palabra y te la comparto porque creo que es para ti: Antes de que Isaías abandonase el patio central, le llegó la palabra del Señor que decía: Vuelve y di a Ezequías jefe de mi pueblo: "Así habla el Señor, el Dios de tu padre David: He escuchado tu plegaria y he visto tus lágrimas. Yo voy a curarte; al tercer día subirás al templo del Señor. Añadiré otros quince años a tu vida". (2 Re 20, 4-6a)

Pues bien, al poco tiempo el Señor le sanó del linfoma. Después de esa milagrosa sanación, por la que todos habíamos rezado, tuvo que recibir algún tratamiento duro y someterse a un trasplante de médula que le donó su hermano y su cuerpo, aún en la actualidad, necesita tratamiento, pues el linfoma le atacó muchísimo.

Estos acontecimientos en la vida de una familia, la pone a prueba. Aquello que sucede sin esperarlo, que no lo deseas y que te hace sufrir. En la familia de Sergio y de María, fue la enfermedad, y la posibilidad de una muerte más temprana de lo que uno espera. En la familia de cada uno de nosotros, también existen situaciones, acontecimientos, giros, que no estaban en nuestros planes, y que además en sí mismas, no son cosas buenas ni apetecibles: escasez o ruina económica, infertilidad, mentiras ocultas que salen a la luz, infidelidad… golpes que llegan y te paralizan.

Volver al inicio

Ayer, al hablar otra vez con Sergio y María, en el fondo de toda su conversación había algo muy sólido: sabían de quién se habían fiado. La Fe de creer que el proyecto de su familia, ellos como matrimonio, y la vida prestada de sus hijos, está, todo ello, protegido y cuidado por Dios mismo.
Y esto fue lo que volvimos a recordar Miguel y yo, después de estar con ellos ayer: que no hay que olvidar, a pesar de los acontecimientos de sufrimiento y dolor, cuál es el inicio de nuestra vida, de nuestros proyectos de vida, de nuestra vocación: “la vida se recibe de Dios, y Él cuida y ama”.

«Si traicionas el inicio, traicionas el todo. Si el todo va mal, es porque estás fuera del mapa de inicio. Si quieres recomenzar debes volver al inicio, y encontrar lo que es vital para ti. En realidad, encontrarás a Otro. Porque nadie se inicia por sí mismo. El inicio es un don que alguien nos hace. La vida, en efecto, se recibe». (El arte de recomenzar. Fabio Rosini)

 

Cada una de nuestras familias va a tener siempre, la oportunidad de recomenzar, de ir al inicio del porqué estamos juntos. Recoger las luces que hemos ido recibiendo, atender a la sabiduría aprendida, usar los dones nuevos, y… aprender el arte de Recomenzar. Verlo todo de otro modo. Y avanzar.

Corazón de niño

Entregártelo todo con un corazón de niño. Abandonarse a ti. Confiarte lo que contraría a tu corazón, o a los proyectos. Rezar por quienes se nos oponen, Y después, llegar hasta gritar a veces la pena cuando se acumulan las dificultades. Usar un lenguaje fuerte y brusco, que Tú comprendes, mientras que los hombres no pueden captarlo. Confiarte una vez más y a cada instante lo que inquieta y atenaza. Y también guardar silencio.
Entonces, poco a poco, la alabanza de Tu amor se convierte en esencial. Tocad, órganos y cítaras. Flautas, cantad en mí. Voz sorda y a la vez estridente: que nada detenga la indispensable alabanza de tu amor.
(Hermano Roger, Taizé)

Inma Tamayo
Comunidade Caná
Santiago de Compostela

Si has llegado hasta el final, me encantaría saber qué te ha parecido lo que has leído.
¡Déjanos un comentario y comencemos a hablar! 

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Continúa abierta la inscripción al XXII Encuentro de Verano de Familias Invencibles que se celebrará del 11 al 14 de agosto en el Seminario Menor de Tui (Pontevedra). Comienza el jueves por la tarde y finaliza el Domingo con la comida.

Para ti, FAMILIA, que necesitas unas vacaciones, un retiro, un encuentro «distinto» con Dios y con los hermanos; una nueva relación entre padres e hijos con el Señor en medio… En este ENCUENTRO encontraréis todo eso y más.

Los Encuentros de Verano son la principal cita anual de las Familias Invencibles, donde convivimos, nos divertimos, nos formamos y oramos juntas, congregadas en torno a Cristo Resucitado junto con María, nuestra Madre y Maestra, compartiendo nuestras experiencias de vida familiar cristiana. Todo ello, en respuesta a la insistente llamada de S. Juan Pablo II en favor de la evangelización de las familias y desde las familias.

Si quieres más información, no dudes en ponerte en contacto con nosotros:

encuentrodeverano@familiasinvencibles-rcc.org

Jose y Paqui  692 115 355

FORMULARIO DE INSCRIPCIÓN

 

  
       El noviazgo es el tiempo en el cual los dos están llamados a realizar un trabajo compartido sobre el amor; un trabajo en profundidad. Se descubren poco a poco el uno al otro.  El hombre ‘aprende’ acerca de esta mujer, su novia; y la mujer ‘aprende’ acerca de este hombre, su novio.      
     Desde esta perspectiva -apuntada por el Papa Francisco- hemos preparado 15 temas para ayudaros a verificar vuestro amor. Nuestra propuesta es acompañaros en este camino que tiene meta. La clave ha de ser el diálogo que estos temas, como etapas de un camino, susciten entre vosotros, los novios.

El ITINERARIO se desarrolla en ENCUENTROS MENSUALES
Estamos a vuestra disposición...
986.313.795   canacomunidade@gmail.com    636.086.986 (WhatsApp)
   
 Más detalles en este vídeo
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"Aprender a amar a alguien no es algo que se improvisa 
ni puede ser el objetivo de un breve curso 
previo a la celebración del matrimonio
(Amoris laetitia 208)



Jesús no escribió nada ni mandó a los suyos a escribir, sino a predicar y anunciar el Reino de Dios. En el Nuevo Testamento, después de los cuatro Evangelios, está el libro de los Hechos (no de las Palabras o los Dichos) de los Apóstoles. Este libro de la Biblia coloca el acento en los hechos y no en las palabras, y pone el fundamento principal de la Iglesia en el mandato de continuar la misión de Jesucristo a través de su Espíritu. Si nos acercamos a los primeros capítulos de los Hechos, descubrimos que, después de la Ascensión del Señor al Cielo, se cumplió aquello que Él ya había anunciado y prometido a los discípulos: la venida del Espíritu Santo, el primer Pentecostés cristiano. ¿Y qué sucedió como consecuencia de esto? Dos cosas muy importantes y estrechamente unidas entre sí: surge la Iglesia en todo su esplendor, la primera comunidad cristiana, y contemplamos la primera evangelización de esa Iglesia que llega hasta los confines de la Tierra. De esto trata todo el libro de los Hechos de los Apóstoles: Espíritu Santo, Iglesia y evangelización.

Hemos de familiarizarnos más con este libro de la Biblia, que resulta apasionante, nos inspira, nos levanta y nos pone en pie, nos interpela y debe provocar hoy en nosotros una respuesta, porque tenemos la misma identidad y la misma llamada que aquella primera comunidad de discípulos misioneros. Y lo mejor de todo: tenemos al mismo Espíritu Santo que hace posible lo que ahí leemos.

El sentido de Pentecostés, dice Raniero Cantalamessa, se contiene en una frase de los Hechos de los Apóstoles: «Quedaron todos llenos del Espíritu Santo». ¿Qué quiere decir que «quedaron llenos del Espíritu Santo» y qué experimentaron en aquel momento los apóstoles? Tuvieron una experiencia arrolladora del amor de Dios; se sintieron inundados de amor, como por un océano. Lo asegura San Pablo cuando dice que «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5, 5). Todos los que hemos tenido una experiencia fuerte del Espíritu Santo confirmamos esto. El primer efecto que el Espíritu Santo produce cuando llega a una persona es hacer que se sienta amada por Dios por un amor infinito y tierno.

Tras recibir el Espíritu, “los apóstoles daban testimonio con gran poder” (Hch 4, 33). La Iglesia primitiva había sido evangelizada con la fuerza del Espíritu Santo; es decir, fue en aquel Pentecostés cuando el mismo grupo de cobardes que había estado escondido por miedo a los judíos, recibió la fuerza y el poder de lo alto que les transformó en valientes misioneros y los hizo llegar hasta los confines de la tierra para predicar a Jesucristo y anunciar el Reino de Dios. Lo que sucedió en aquella escena nos lo relata el segundo capítulo del libro de los Hechos: Pedro ha recibido la fuerza del Espíritu Santo que le empuja a hacer aquella primera proclamación pública a todos los presentes en la plaza de Jerusalén. Resulta curioso comprobar cómo una sola predicación dio un fruto de tres mil conversiones (cf. Hch 2, 41), mientras que hoy ni siquiera tres mil predicaciones consiguen apenas una sola conversión…¿Dónde está la diferencia? Los apóstoles daban testimonio con gran poder, con la fuerza del Espíritu Santo; para evangelizar con gran poder hay que ser evangelizado con gran poder. Por eso es imprescindible hablar hoy de un nuevo Pentecostés que haga posible una actual y nueva evangelización. Si hoy queremos vivir la experiencia evangelizadora de la primitiva Iglesia, antes necesitamos haber sido evangelizados con la fuerza del Espíritu. “El Evangelio es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree” (Rom 1,16). Solo una Iglesia evangelizada puede convertirse en una Iglesia evangelizadora; solo una Iglesia que vuelve una y otra vez al Cenáculo para recibir la fuerza del Espíritu Santo en un nuevo Pentecostés, puede convertirse en una Iglesia que evangeliza con gran poder, como la Iglesia primitiva. Sin nuevos evangelizadores no puede haber nueva evangelización; sin nuevo Pentecostés ni Espíritu Santo no hay nuevos evangelizadores ni nueva evangelización.

Dice el Cardenal Cantalamessa que "en Babel todos hablan la misma lengua y, en cierto momento, nadie entiende ya al otro, nace la confusión de las lenguas; en Pentecostés, cada uno habla una lengua distinta y todos se entienden. Los primeros se dicen entre sí: «Vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en el cielo, y hagámonos famosos, para no desperdigarnos por toda la faz de la tierra» (Gn 11, 4). Están animados por una voluntad de poder, quieren «hacerse famosos», buscan su gloria. En Pentecostés, en cambio, los apóstoles proclaman «las grandes obras de Dios». No piensan en hacerse un nombre, sino en hacérselo a Dios; no buscan su afirmación personal, sino la de Dios. Por eso todos los comprenden. Dios ha vuelto a estar en el centro; la voluntad de poder se ha sustituido por la voluntad de servicio, la ley del egoísmo por la del amor."

Cada uno de los bautizados necesitamos un Pentecostés personal que nos haga experimentar el poder del Espíritu Santo que da testimonio de Jesucristo resucitado. Cuando presentamos la moral cristiana sin Cristo, caemos en el moralismo; cuando celebramos la liturgia antes de haber experimentado lo que conmemoramos, se transforma en ritualismo; cuando presentamos la doctrina de la fe a quienes no han nacido de nuevo, del agua y del Espíritu (Jn 3, 5), se produce con facilidad lavado de cerebro o dogmatismo. Solo quien haya experimentado antes en carne propia que el kerygma, la Buena Noticia de Jesucristo, es “fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree”, puede evangelizar. Porque únicamente los testigos anuncian y convencen.

“El Pueblo de Dios, por la constante acción del Espíritu en él, se evangeliza continuamente a sí mismo” (Evangelii gaudium, 139). “En cualquier forma de evangelización, la iniciativa es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu. La verdadera novedad es la que Dios mismo misteriosamente quiere producir, la que Él inspira, la que Él provoca, la que Él orienta y acompaña de mil maneras” (Evangelii gaudium, 12).

El capítulo quinto de esta Exhortación Apostólica del papa Francisco está dedicado íntegramente a la primacía que el Espíritu Santo tiene hoy para nosotros. Se titula “Evangelizadores con Espíritu”. Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo. En Pentecostés, el Espíritu hace salir de sí mismos a los Apóstoles y los transforma en anunciadores de las grandezas de Dios […]. Ninguna motivación será suficiente si no arde en los corazones el fuego del Espíritu […]. Él es el alma de la Iglesia evangelizadora […]. Invoco una vez más al Espíritu Santo; le ruego que venga a renovar, a sacudir, a impulsar a la Iglesia en una audaz salida fuera de sí para evangelizar a todos los pueblos […]. Para mantener vivo el ardor misionero hace falta una decidida confianza en el Espíritu Santo, porque Él «viene en ayuda de nuestra debilidad» (Rom 8, 26) […]. No hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente, nos impulse hacia donde Él quiera. Él sabe bien lo que hace falta en cada época y en cada momento. ¡Esto se llama ser misteriosamente fecundos! (Evangelii gaudium, 259; 261; 280). 

Es preciso volver a las fuentes y crear en nuestras realidades eclesiales la cultura de Pentecostés, porque una Iglesia que profundiza en su naturaleza pentecostal será una Iglesia esencialmente misionera y en salida permanente. Hagamos subir a la Iglesia al aposento alto para recibir la fuerza del Espíritu Santo una y otra vez. A menudo convertimos el viento huracanado de Pentecostés en aire acondicionado, al tratar de domesticar la fuerza del Espíritu. El viento huracanado siempre nos sorprende, rompiendo esquemas y seguridades propias; nos mueve a ser fieles al Señor y no buscar tanto agradar a los hombres, descubriendo una variedad de carismas que no debemos despreciar aunque nos incomoden o comprometan. La fuerza impetuosa del Espíritu siempre sopla como quiere y no la podemos dominar; es el poder del Espíritu quien nos hace vivir en la libertad de los hijos de Dios. Si la primera evangelización en Jerusalén fue fruto de la irrupción impetuosa del Espíritu Santo en aquel primer Pentecostés cristiano, la nueva evangelización hoy no puede ser sino consecuencia de un nuevo Pentecostés que nos haga salir de nosotros mismos para ir a las periferias del mundo y anunciar la Buena Noticia a toda la creación.

Javier de Montse - Comunidade Caná 


"Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo para que sea posible, y la santidad, en el fondo, es el fruto del Espíritu Santo en tu vida" («Gaudete et exsultate» nº 15).

Como toda la Renovación Carismática, Comunidade Caná hemos recibido del Santo Padre esta triple misión: la de compartir con toda la Iglesia la experiencia del Bautismo en el Espíritu Santo, la de trabajar por la unidad de los cristianos y la de servir a los pobres.

Por ello celebramos la Solemnidad de Pentecostés con una VIGILIA ECUMÉNICA, para servir "a la unidad del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, comunidad de los creyentes en Jesucristo. Esto es muy importante, porque el Espíritu Santo es Aquel que realiza la unidad en la Iglesia, pero también es el que hace la diversidad” (Papa Francisco a CHARIS y a toda la Renovación Carismática, 8 de junio de 2019).

No nos aferremos a lo que tenemos... ¡lancémonos a vivir la nueva vida que Jesús nos ha ganado, lancémonos a vivir en el Espíritu! El Señor quiere cambiar el mundo en el Poder de su Espíritu Santo; va a derramar un tsunami del Espíritu, algo inesperado, algo sorprendente: un Nuevo Pentecostés. Y, cuando el Señor se mueve de esa manera, nosotros -los que antes éramos no/pueblo y ahora somos Pueblo de Dios- que hemos sido llamados por Él… hemos de estar dispuestos y en vela.


   La música y el canto actúan como lo que podríamos llamar un "catalizador espiritual". En química, un catalizador es una sustancia en presencia de la cual otras reaccionan, es decir, se combinan con mayor facilidad y rapidez. De modo semejante, la música ungida por el Espíritu potencia otras manifestaciones del mismo y único Espíritu, como la profecía, la palabra inspirada, la sanación o la curación interior. Unas veces el canto prepara, limpia, crea un silencio profundo en la asamblea para que el Señor pueda ser escuchado; otras, es el mismo canto el que contiene el mensaje profético, la Palabra del Señor.

  El canto también es usado por el Señor para tocar nuestros corazones, para derramar su amor en heridas que, a veces, ni siquiera conocemos pero que nos atenazan interiormente. Y así el Espíritu entra en lo más profundo de nosotros y nos sana interiormente, utilizando la música para llevarnos a la conversión, a la reconciliación, a la paz.

  Quien no haya vivido todo esto no podrá apreciar como es debido los dones y carismas del Espíritu. Sólo cuando se tiene experiencia del modo como el Espíritu Santo actúa en muchas ocasiones, se puede empezar a reconocerlo y apreciarlo. Domingo Bertrand, jesuita francés, dice: "El Espíritu Santo es desconcertante. Tan desconcertante que quien no se haya desconcertado frente a su acción, es porque no lo conoce".

  Dice un proverbio persa que "la influencia de la música sobre el alma radica precisamente en potenciar aquello que encuentra" (Hossein Nasr, Seyyed). El destacado psicoterapeuta Josep Martí hace esta reflexión:

  «Desde un punto de vista vivencial, la música es mucho más que la pieza musical en sí, es decir, que el estímulo sonoro. Esto que denominamos la experiencia musical en una situación concreta es el resultado de la combinación interactiva de diversos elementos: el producto musical en sí, el contexto y el mismo individuo. Pero además, por lo que se refiere al individuo, hay tres aspectos que también resultan determinantes en la relación que en un momento dado se produce entre la persona y el estímulo musical: su disposición anímica, su propia historia musical y su grado de expectativas.

  El contenido ritual en las prácticas musicales es siempre muy importante. Música y ritual se encuentran íntimamente amalgamados. El hecho de tener en cuenta los comportamientos rituales resulta imprescindible para conocer la significación de los acontecimientos musicales. Hay acciones que hacen cosas y acciones que dicen cosas. Y los rituales dan sentido o, más bien, otorgan un determinado sentido a las manifestaciones culturales que acompañan. La música, como cualquier otro producto de la cultura, tiene una doble dimensión: la fáctica y la simbólica. La fáctica se corresponde con el valor que se le otorga por lo que es. como realidad física. El valor simbólico es aquel que se le adscribe por aquello que representa y que se expresa mediante el ritual» (ANTROPOLOGÍA y MUSICOTERAPIA - Contribuciones de la antropología de la música a la musicoterapia. Josep Martí Pérez, PhD).

  Algunos terapeutas, como Nordoff Robbins -que habla de «ser en la música»- o Priestley -que ha profundizado sobre lo que llama «música interna»- llegan a afirmar que no simplemente escuchamos o hacemos música, sino que «somos» música: lo que una persona canta, toca o disfruta escuchando «es» la persona misma, se asienta sobre una matriz sonora inconsciente.

  En este sentido, destacan lo nuclear de la música en la persona con una frase muy particular: «Lo que suena... ¡es!». Mary Priestley describe la "música interna" como el clima emocional prevalente detrás de la estructura de los pensamientos; no es la musicalidad ni el potencial musical de una persona, sino el núcleo de su psique, de sus ser interior.

  Por otro lado, hemos de resaltar, especialmente, el valor de la voz humana como el primero y más maravilloso de los instrumentos musicales. Si el sonido puede ayudar en la salud, qué importante será utilizar la voz como un instrumento sanador, para desbloquear y armonizar los bloqueos y desequilibrios físicos y emocionales.

  En la enfermedad, Dios nos visita, nos habla, nos llama a la santidad. La sanación es un modo que tiene Dios para hacernos participar ya de su vida abundante; y la santidad es nuestra misión: convertirnos en santos y hacer a otros más santos. Es Jesús el Señor, muerto y resucitado; es la Palabra de Dios la que sana física y espiritualmente. Y ahí está la música, al servicio de la Palabra... La Palabra hecha canto nos da la capacidad de interiorizar las verdades santas. Toda la inspiración melódica cristiana -inspiración del Espíritu Santo- se pone al servicio de la Palabra. Y cantando con la unción del Espíritu un texto del Evangelio, un himno de San Pablo, un Salmo o un cántico de Isaías, el Señor actúa con poder y su Palabra hace lo que dice: convierte, libera, transforma, sana. La música pone alas a la Palabra y se convierte en un arma de luz y verdad que vence toda tiniebla. Mediante la Palabra hecha canto, el poder del Espíritu Santo se abre camino para actuar en el corazón de quien le necesita. Así se refuerza el poder evangelizador de la Palabra. Y el canto se vuelve instrumento de justicia, vínculo de corazones, reunión de almas divididas, reconciliación de discordias, calma de los resentimientos e himno de la concordia. La música, servidora de la Palabra, allana el camino de Aquel que siempre llega a sanar y a restaurar.

Javier de Montse - Comunidade Caná 


Este NOME debe ser publicado para que brille, non pode quedar escondido. Pero non pode ser predicado cun corazón manchado ou unha boca impura, senón que debe ser colocado e amosado nun vaso escollido. Por isto di o Señor, referíndose ao Apóstolo: Este é un vaso que me escollín eu para que leve o meu nome aos xentiles, aos reis e aos fillos de Israel. Un vaso -di- que me escollín, como aqueles vasos escollidos en que se expón á venda unha bebida de agradable sabor, para que o brillo e esplendor do recipiente invite a beber dela; para que leve -di- o meu nome.

En efecto, do mesmo xeito que un campo, cando se acende lume nel, queda limpo de todas as silveiras e espiñas secas e inútiles, e así como, ao saír o sol e disiparse as tebras, se esconden os asaltantes, os delincuentes nocturnos e os que entran a roubar nas casas, así a predicación de Paulo aos pobos, semellante ao fragor dun gran trono ou a un lume que irrompe con forza ou á luz dun sol que nace esplendoroso, destruía a infidelidade, aniquilaba a falsidade, facía alumear a verdade, como cando a cera se derrete á calor dun lume ardente.


El levaba por todas as partes o Nome de Xesús, coas súas palabras, coas súas cartas, cos seus milagres e exemplos. Loaba sempre o Nome de Xesús, e chamábao na súa súplica. O Apóstolo levaba este nome como unha luz, aos xentiles, aos reis e aos fillos de Israel, e con el alumeaba ás nacións, proclamando por todas as partes aquelas palabras: A noite vai pasando, o día está enriba; deixemos, pois, as obras das tebras e vistámonos das armas da luz. Andemos como en pleno día, con dignidade. Mostraba a todos a lámpada que arde e que alumea sobre o candeeiro, anunciando en todo lugar a Xesucristo, e este crucificado. De aí que a Igrexa, esposa de Cristo, apoiada sempre no seu testemuño, se alegre, dicindo co salmista: Meu Deus, instruíchesme dende a miña xuventude, e ata hoxe relato as túas marabillas, é dicir, que as relataba sempre. A isto mesmo exhorta o salmista, cando di: Cantade ao Señor, bendicide o seu nome, proclamade día tras día a súa salvación, é dicir, proclamade a Xesús, o Salvador enviado por Deus.
San Bernardino de Siena, presbítero (Sermón 49, Sobre o glorioso Nome de Xesucristo)


    Tenemos un camino que recorrer hasta Pentecostés. es un camino que se recorre con la escucha, la súplica, la petición del Espíritu Santo y la Palabra que la Iglesia nos pone cada día. Una Palabra llena de promesas, alegría, paz, esperanza, fe, amor, confianza, morada, unión; promesas que encierran una gran Promesa: "Cuánto más vuestro Padre os dará el Espíritu Santo..." (Lc 1, 13). He aquí el paso sublime y arduo: pasar de pedir cosas, a pedir y desear el Espíritu Santo; pasar de algo, a Alguien que está deseando darnos su Vida, su Presencia. Pasar del afán por las muchas cosas ("Marta, Marta, tú te afanas..." Lc 10, 41), a la única necesaria. "Vuestro Padre ya sabe lo que necesitáis" (Mt 6, 32). 

    Entonces, simplemente, hagámonos presentes al Padre, aceptemos el encuentro. El está ya contando nuestros cabellos, nuestras lágrimas... Y nosotros, sus hijos, nos tenemos que alegrar con el Padre que nos lo ha dado todo en el Hijo. En este camino hacia la venida del Espíritu Santo es preciso hacernos niños contentos y confiados. ¡Ya basta de argumentos, de explicaciones, de intercambiar ideas! ¡Intercambiemos alegría: la sencillez y la alegría de los cristianos! La Iglesia necesita gente contenta. Se busca un hombre feliz, una mujer feliz con su boca llena de bendición, de acción de gracias, de alabanza como el Magníficat o el Benedictus

    La imagen de este camino a Pentecostés es la de un niño que corre con los brazos extendidos porque ha visto que su papá se acerca; corre alegre hasta él porque sabe que el papá lo cogerá en brazos y lo levantará; y, desde ese lugar, contemplará el mundo... ¡Sin miedo, en brazos de su Padre!

 

Mini Retiro para Matrimonios, organizado por Comunidade Caná junto al P. Abel Pino

El día de la boda prometemos algo que supera nuestras fuerzas humanas, por eso Dios hace una alianza perpetua con nosotros, y con la gracia del sacramento avanzamos y superamos crisis. 

El sábado 14 de mayo os invitamos a vivir un Retiro solo para vosotros:

  • 2 horas de respiro para reavivar vuestra esponsalidad, la gracia poderosa del Sacramento del Matrimonio: Adoración Eucarística - Reconciliación - Intercesión. 
  • De 16:30 a 18:30h., con la posibilidad de unirse a la Eucaristía Dominical (19:00h.).
  • Parroquia del Corazón de María (Vigo). Cuidaremos con esmero a vuestros hijos (de 0 a 10 años).
  •  Aclaramos vuestras dudas por Tf o whatsapp 636 086 986 (Montse y Javier). 
 
· ITINERARIO VIRTUAL ·

    Como un  peregrino más,  S.  Juan  Pablo  II  realizó  a  pie, en 1989,  los  últimos cien metros del Camino. Era su segunda visita a Santiago. Siete años antes, el martes 9 de noviembre de 1982, se había convertido en el primer Papa en peregrinar a Compostela en un Año Santo.

    Decía este caminante polaco: “Siendo aún un joven sacerdote, aprendí a amar el amor humano y dedicar todas las fuerzas a la búsqueda de un «amor hermoso». Porque el amor es hermoso. Hombres y mujeres, en el fondo, buscan siempre la belleza del amor, quieren que su amor sea bello".

CAMINO de SANTIAGO virtual 2021





El canto nuevo 
 "¡Sed vosotros mismos el canto que vais a cantar!" (S. Agustín)

El canto en nuestras asambleas cristianas, tan lleno de riquezas, carecería de valor y de consistencia si no estuviese animado por el cántico interior del corazón del cual es expresión y donde tiene su fuente. El culto agradable a Dios brota del corazón. El canto en espíritu y en verdad enlaza la oración con la vida. Nuestra música es para expresar el Amor con todo el corazón y con toda el alma.

Además del canto expresado por nuestros labios, existe un cántico interior que resuena en lo profundo del corazón humano. "Sin voz también es posible cantar, con tal de que resuene interiormente el espíritu. Pues cantamos no para los hombres sino para Dios, que puede escuchar nuestros corazones y penetrar en la intimidad de nuestra alma" (S. Juan Crisóstomo). El cántico interior no está en oposición con el canto vocal; al contrario, es el alma y el verdadero contenido de éste. "¡ Alabemos al Señor nuestro Dios no solamente con la voz, sino también con el corazón... La voz que va dirigida a los hombres es el sonido; la voz para Dios es el afecto" (S. Agustín).

En la liturgia, el canto exterior calla a menudo para la proclamación de la Palabra, para las oraciones y para el silencio sagrado; pero el cántico interior no debe cesar jamás. En concreto, en el salmo responsorial el/la salmista nos pone la Palabra de Dios en los oídos y en los labios; la escuchamos y participamos con la antífona. Mientras el oído escucha al salmista, el corazón debe continuar cantando internamente.



La terminación de la asamblea y de sus cantos no debe hacer callar ese cántico interior. Pues no basta con cantar las alabanzas de Dios; hace falta la vida. San Agustín nos dice: "Sed vosotros mismos el canto que vais a cantar". "Os exhorto, hermanos, a alabar a Dios. Pero alabad con todo lo que sois, es decir, que no sólo alabe a Dios vuestra lengua y vuestra voz, sino también vuestra conciencia, vuestra vida, vuestras obras... Por tanto, hermanos, no os preocupéis simplemente de la voz cuando alabáis a Dios; alabadle totalmente: que cante la voz, que cante la vida, que canten las obras". "¿Quieres que la alabanza resulte agradable a tu Dios? No juntes al buen canto la estridencia de tus malas costumbres. Los que alabáis, ¡vivid bien!. La alabanza de los impíos ofende a Dios. El se fija más en tu vida que en el sonido de tu voz".

El canto de la vida ha de unirse al canto de los labios. No sólo para que de ese modo sea la alabanza de toda la persona, sino para que se pueda experimentar verdaderamente aquello que se dice en el canto. De nuevo nos enseña Agustín : "No podréis experimentar qué verdadero es lo que cantáis si no empezáis a obrar lo que cantáis. Empezad a obrar y veréis lo que estoy diciendo. Entonces fluyen las lágrimas a cada palabra. Entonces se canta el salmo y el corazón hace lo que se canta en el salmo. . Porque los oídos de Dios atienden al corazón del hombre. Muchos son atendidos estando sus bocas en silencio y otros muchos no son escuchados a pesar de sus grandes clamores".

La Palabra de Dios cantada continúa presente en la vida del cristiano. Si el cántico interior no se apaga, los cantos seguirán resonando fuera de los muros de las iglesias como un eco vivo y una prolongación espiritual de nuestra oración en nuestras vidas.

Más enseñanzas para el Ministerio de Música en el libro "El Espíritu Santo en clave de sol"