Comunidade Caná

Comunidad Católica de Alianza integrada por familias en el seno de la Renovación Carismática

  
      El noviazgo es el tiempo en el cual los dos están llamados a realizar un trabajo compartido sobre el amor; un trabajo en profundidad. Se descubren poco a poco el uno al otro.  El hombre ‘aprende’ acerca de esta mujer, su novia; y la mujer ‘aprende’ acerca de este hombre, su novio.      
          Desde esta perspectiva -apuntada por el Papa Francisco- hemos preparado 15 temas para ayudaros a verificar vuestro amor. Nuestra propuesta es acompañaros en este camino que tiene meta. La clave ha de ser el diálogo que estos temas, como etapas de un camino, susciten entre vosotros, los novios.


El ITINERARIO se desarrolla en ENCUENTROS MENSUALES
Estamos a vuestra disposición para las aclaraciones que necesitéis
986.313.795   canacomunidade@gmail.com    636.086.986 (WhatsApp)
   
 Más detalles en este vídeo
"Aprender a amar a alguien no es algo que se improvisa 
ni puede ser el objetivo de un breve curso 
previo a la celebración del matrimonio
(Amoris laetitia 208)



Archinov, el ITINERARIO DIOCESANO de Compostela 
para NOVIOS sin fecha de boda 


El genio femenino frente a seis tinajas de piedra


    Seis, y no siete, que es el número perfecto. De piedra, como las tablas de Moisés, como nuestro corazón; frías como cadáveres. Inútiles, por estar vacías, para una purificación que ni son capaces de dar. Símbolo de lo que nunca llegará a ser completo, siempre por debajo de toda expectativa profundamente humana y de cualquier anhelo del corazón. Esto es nuestra vida sin la novedad del Espíritu.

    Ante este escenario de parálisis representado por las tinajas, María intuye que la antigua alianza está en decadencia y que la antigua economía de la salvación, fundada en las prescripciones de la Ley, ha cerrado su contabilidad. Y... “pide el cambio” al único capaz de hacer nuevas todas las cosas. Percibe, claramente, las señales de alarma en un mundo que agoniza en la tristeza e invoca de su Hijo, más que un cambio en la ley de la naturaleza, un cambio en la naturaleza de la ley. 

     Solo la llena de gracia, María, iluminada por el Espíritu, ve la disolución del pequeño mundo antiguo. La Mujer Nueva, que trae la novedad y la fiesta, se anticipa y pide a Jesús un pago a cuenta sobre el vino de la nueva alianza que brotará inagotable -presente Ella también- en la hora de la cruz. Lo que parece un simple gesto de amabilidad es, en realidad, un grito de alarma para evitar la muerte del mundo: ¡No tienen vino...!



“Vosotros sois una familia escogida, un sacerdocio al servicio del Rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios, destinado a anunciar las obras maravillosas de aquel que os llamó a salir de la oscuridad y entrar en su luz admirable” 
(1Pe 2, 9)

     
Dios viene a poner en nosotros las certezas que nos construyen: mirar al horizonte que estamos llamados a vivir como Iglesias domésticas que somos y no caminar solas sino con otras familias. Reafirma una llamada para nuestra Fraternidad de Familias Invencibles a dar lo que hemos recibido y a seguir edificando con valentía, confiados en el Señor, este espacio de acogida para toda la familia y para todas las familias.
   Nuestro servicio ha estado dirigido, en los últimos meses, a reavivar las zonas y volver a los ENCUENTROS presenciales de FAMILIAS INVENCIBLES... Tras los dos Encuentros de Verano en Castellón y Ávila, hemos tenido un Encuentro en Pamplona en octubre. En marzo tendremos, Dios mediante, el Encuentro de Invierno en Madrid, y hemos propuesto a las familias de Extremadura celebrar un Encuentro en Pascua... 
      Es Jesús el Señor quien nos llama ahora a nuestro Retiro anual de Servidores. Tendrá lugar, Dios mediante, en S. Lorenzo del Escorial los días 14-16 de enero de 2022. Este RETIRO es una llamada a venir al Cenáculo, a reunirnos todos en la "estancia superior" en oración con María... para recibir la fuerza del Espíritu Santo y ser enviados, nuevamente, a anunciar la Buena Noticia a las familias.

        ¡Para Ti toda mi música, Señor! ¡Para Ti toda mi música! Así oramos con el Salmo 100 en las Laudes del martes de la cuarta semana: “Voy a cantar la bondad y la justicia, para ti es mi música, Señor; no pondré mis ojos en intenciones viles”. Si has sido llamado/a a servir al Señor por medio de la música y el canto, lo primero y fundamental que precisas es un espíritu humilde, un corazón quebrantado y humillado. Abre tu corazón, escucha Su voz, la voz de Dios... y deja que tu vida sea una alabanza de su Gloria.

          Lo sublime: la bondad, la verdad, la belleza, no es algo etéreo, indeterminado, difuso. No es una energía o como una síntesis de todo. ¡Es Él! ¡Tiene rostro! ¡Tiene vida… y vida humana: Jesucristo se ha acercado a nosotros y nos ha acercado a la vida de Dios! Amor es nombre de persona: la Tercera Persona Divina se llama "Amor". Amor es el nombre propio del Espíritu Santo, Señor y Dador de vida. El Espíritu me descubre que mi vida espiritual no es una conquista que yo hago. El Espíritu Santo me revela a Cristo, Dios y hombre. Al hombre Cristo Jesús, mediador entre Dios y los hombres; camino, verdad y vida. Me revela que ese hombre, Jesús, elegido del Padre, ha muerto por mí, me ha redimido en su cuerpo de carne. Si crees esto y lo proclamas… ¡estás salvado! “Por pura gracia estáis salvados” (Ef 2, 5).

          Quizás hasta ahora has hecho de la salvación una cuestión de obras, de ser bueno, de portarte bien… No, hermano, hermana: la obra que Dios quiere es que proclames a Jesucristo. Esto es lo que hace feliz a Dios. Actos buenos se hacen en todas las religiones. Lo específico de la nuestra es Jesucristo. Amarle, identificarse con Él y proclamarle a Él: esta es la esencia del cristianismo. Dice Rom 10, 17: “La fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la Palabra de Cristo”.

           Si con tu música, con tu canto, anuncias a Jesucristo y proclamas que ha muerto y resucitado, y que en Él se encuentra la explicación y la plenitud del universo entero, das la mayor gloria posible a Dios. Exulta, pues, con Francisco de Asís: ¡El sentido de mi vida es cantarle y alabarle! Dios me ama a cambio de nada, me ama sin más; me amará siempre a pesar de los pesares. “Si somos infieles, Él permanece fiel porque negarse a sí mismo no puede” (2Tim 2, 13). Con mi oración, con mi canto, no podré pagar siquiera un gramo de su amor, porque hasta el canto que llamo mío es, en realidad, un regalo suyo: Dios mismo es quien canta en mí. Todo es don suyo, porque de Él, y por Él, y para Él… son todas las cosas.

Javier de Montse - Comunidade Caná

Escucha AQUÍ el tema completo


      Dios vuelve a comenzar desde Belén, desde un niño... Ahora, Dios no crea al hombre del polvo de la tierra, sino que se hace Él mismo polvo, Niño de Belén.

      Las FAMILIAS de Comunidade Caná  celebramos un ENCUENTRO muy esperado.  Desde el viernes 31, en Tirán,  CELEBRACIÓN de la NAVIDAD hasta el Domingo 2 por la tarde. Como siempre, con invitados, familiares y amigos muy especiales, de distintas edades y nacionalidades, . 
     
      Los Encuentros comunitarios son mensuales; normalmente, de fin de semana. La Comunidad acoge la singularidad de cada familia, creando unas relaciones fraternas, aprendiendo unos de otros en la oración y el compartir humano, espiritual y material, en la línea de las primeras comunidades cristianas (Hech 2). Cada familia de la Comunidad camina como Iglesia doméstica. Nuestro modelo es la Familia de Nazaret. Hacemos oración en familia al terminar el día: Rosario, Vísperas, lectura de la Biblia acorde con los tiempos litúrgicos...

     Cada familia se compromete a rezar por las otras familias de la Comunidad y a mantener una comunicación cercana, tanto los adultos como los jóvenes y los niños, a visitarnos unos a otros y compartir de cerca nuestras dificultades y alegrías, luces y sombras... Es motivo constante de nuestro compartir, en primer lugar, nuestra propia vida -para crecer espiritualmente y dar mayor gloria a Dios- y, en segundo lugar, nuestro servicio a la Iglesia.

      Todas las familias necesitamos un espacio de intimidad y un espacio de apertura a los otros. Es importante mantener estas distancias. Cada familia ha de ir haciendo su propio camino con el Señor: camino de amor y oración, acción y contemplación, vida familiar y vida de servicio a la Iglesia. Comunidade Caná es una comunidad de comunidades.

     Propiciamos la formación cristiana de todos los miembros de la Comunidad. Una formación bíblica, doctrinal y espiritual que va encaminada a servir a la Iglesia, fundamentalmente en el campo de la familia. Se cuida de modo especial el trato con los sacerdotes.

      Cuando así lo pide una familia, la Comunidad trata de potenciar, apoyar y ayudar la acción evangelizadora que está realizando en el lugar donde vive. La Comunidad va creando un estilo evangelizador propio que tiene como elementos principales la oración y el testimonio.




   Contemplamos el Misterio del Dios hecho carne muy unidos a vosotros, nuestros compañeros de camino, amigos y colaboradores de Comunidade Caná: familias con las que compartimos Encuentros y aventuras; novios y matrimonios a los que acompañamos; hermanos y hermanas en la oración y el apostolado; sacerdotes, pastores y responsables implicados con nosotros en una conversión pastoral... ¡Todos, discípulos-misioneros en comunidad!

   Nuestro Dios viene a nosotros, allí donde se encuentra cada uno. Viene a reinar, a triunfar, a salvar. ¡Viene a hacer posible lo imposible!
   Jesús viene, se pone delante de nuestros ojos, de nuestra situación, y nos dice: Tú (y pronuncia nuestro nombre), ¿qué quieres que haga por ti? ¿De qué quieres que te salve? Quizá, si no contestamos a esta pregunta de forma concreta, Dios se va a otro y le hace la misma pregunta. 
     Conocemos la obra de Dios; la hemos experimentado muchas veces. Pero esta Navidad, este presente, este hoy... es distinto de otros. Con razón tantos dicen: ¡Otra navidad, no! Han escrito navidad con minúscula, han empequeñecido la fiesta. Son los mismos que han empequeñecido la vida, lo cotidiano.
                    
"Danos ojos de niño
que nos salven de la rutina.
que nos hagan ver esas pruebas
que parecen no tener salida
con la confianza de un niño.
Enciende de luz todos nuestros horizontes,
enciende de generosidad nuestras manos.
Concédenos vivir encendidos."
(Ermes Ronchi)

    Que, en esta Navidad, contestemos al Señor y a su pregunta...

«Vino a los suyos... y los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio el poder de ser hijos de Dios» (Jn 1, 11-12)



ALÉGRATE por haber sido tocado por Dios desde el día de tu Bautismo. Eres hijo suyo y, además, en Belén te demostrará una vez más su gran amor: JESÚS.

ALÉGRATE
en medio de las contrariedades. Sonríe, aunque a veces, estés llorando por dentro.

ALÉGRATE aunque la suerte no te sonría. Dios te acompaña y, tarde o temprano, te dará respuesta.

ALÉGRATE
porque Dios sale a tu encuentro. Se hace hombre por salvarnos, para que le veamos, para romper las distancias existentes entre la tierra y el cielo.

ALÉGRATE para infundir alegría a nuestro mundo. El pesimismo no se combate con más kilos de tristeza y, por el contrario, sí con una buena dosis de alegría cristiana.

ALÉGRATE aunque, aparentemente, no consigas los efectos deseados. Tampoco Dios, en Belén, se hizo sentir con mucho éxito sino todo lo contrario.

ALÉGRATE en el trabajo. Que se note que eres cristiano. Que irradies la alegría de la próxima Navidad: Dios en medio de nosotros.

ALÉGRATE porque, como Juan Bautista, también tú puedes ser pregonero del nacimiento de Cristo, de su fuerza y de su Palabra.

ALÉGRATE esperando en Dios y, sobre todo, trabajando y optando por su inminente llegada: ¡El Señor está cerca!

¡¡¡ ALÉGRATE !!!    Y, lejos de pretender que cambien los demás, cambia un poco tú. Que el Señor, cuando llegue, encuentre por lo menos tu camino limpio y bien preparado para su nacimiento.

 «En nombre de Jesús Nazareno, echa a andar» (Hch 3, 1-7)

 


«Pedro y Juan subían al templo a la hora de la oración, hacia las tres de la tarde. Había allí un hombre, paralítico de nacimiento, a quien todos los días llevaban y colocaban junto a la puerta Hermosa del templo para pedir limosna a todos los que entraban. Al ver que Pedro y Juan iban a entrar en el templo, les pidió limosna. Pedro y Juan lo miraron fijamente y le dijeron :

- Míranos.
Él los miró esperando recibir algo de ellos. Pedro le dijo:
- No tengo plata ni oro; pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar.

Y tomándolo de la mano derecha lo levantó. En el acto, sus pies y sus tobillos se fortalecieron. Se puso en pie de un salto y comenzó a andar».

El mendigo que pide limosna representa a nuestras familias. Las familias que conocemos, que nos rodean, que viven en la pobreza de la falta de espiritualidad, la avaricia, la confusión, el desorden... Y nos representa también a nosotros, en la medida en que estamos inmersos en el mundo y contagiados de él: adormecidas nuestras conciencias, con materialismos e ídolos, y con cojeras humanas y espirituales. La Palabra dice que este hombre era cojo. Su cojera trae como consecuencia la pobreza en la que vive. Y pide... algo. Nosotros también podemos estar pidiendo algo: una receta, un consuelo, un desahogo, una solución a alguna dificultad.

Pedro y Juan son los apóstoles que están llenos del Espíritu Santo. Nosotros hoy, queremos ser Pedro y Juan para todos vosotros. Y deciros: ¡Miradnos!. Sólo somos un matrimonio como vosotros, llenos de imperfecciones. No tenemos dinero, no somos superiores. Ni tenemos la solución a vuestros problemas. Pero os damos lo que poseemos: en nombre de Jesús de Nazaret, ¡poneos a andar!

En nombre de Jesús el Señor, ¡adelante! Recobra fuerzas para seguir, para continuar. No te quedes paralizado. No vivas decepcionado o frustrado en tus expectativas de cara a tu familia. Hay mucho camino por delante y Dios está contigo.

“Y tomándole de la mano derecha le hizo incorporarse”. Al instante, se fortalecieron sus piernas y sus tobillos, se puso en pie de un salto y comenzó a andar. Luego, entró con ellos en el Templo por su propio pie, saltando y alabando a Dios.

Podemos destacar en la actuación de Pedro y Juan dos cosas: 

  1. Una mirada distinta -espiritual- sobre este hombre cojo.
  2. Una cercanía especial, también corporal: “le cogió de la mano”.

Esta Palabra tiene como objetivo fortalecernos en la fe. Y hacer que, definitivamente, demos un salto. El salto que dio el mendigo de este episodio. Dejar de ser mendigos de las cosas de este mundo, recogiendo migajas... para pasar a ser apóstoles, enviados en su Nombre a dar lo que Dios mismo nos ha dado a nosotros. No nos dice el pasaje qué fue de aquel mendigo, pero lo imaginamos. Su vida sería un dar testimonio de las maravillas de Dios y dejar atónitos y asombrados a los que le conocían de antes.

Hemos sido llamados a una vocación preciosa y trascendental: ser familias cristianas que con su testimonio de vida le dicen al mundo que son obra de un Dios vivo, un Dios que sigue actuando hoy en medio de su pueblo.

Enviados en su Nombre a dar lo que Dios mismo nos ha dado a nosotros

Señor, Tú lo sabes todo, Tú conoces toda nuestra vida, nuestras necesidades, las veces que hemos mendigado ayuda, comprensión, amor... y nuestras frustraciones por no conseguirlo. Tú vienes hoy a cogernos de la mano, a mirarnos de una manera nueva.

Queremos dejarnos mirar por Ti, que Tú nos sanes. Y dar también nosotros un salto, ponernos en pie y caminar para siempre a tu lado.
Así sea.

Preguntas para la reflexión de la Palabra:

  • ¿Cómo está mi familia? ¿Está débil y coja como el mendigo o está fuerte y afianzada en Jesús como Pedro y Pablo, y se siente llamada a anunciar su nombre?
  •  En base a la respuesta anterior, ¿qué tengo que hacer?

«Haced lo que Él os diga»
Comunidade Caná

 

Desde la resurrección de Jesús, los cristianos “perseveraban unánimes en la oración, con algunas mujeres, con María, la madre de Jesús, y sus hermanos” (Hch 1, 14). Cuando los cristianos nos reunimos para orar, se manifiesta la fuerza de Dios a través del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones... y se hacen visibles sus frutos. La oración comunitaria nos edifica y crea relaciones fraternas más sólidas, porque compartimos una misma fe.

En toda asamblea litúrgica o reunión de oración ha de existir un equilibrio entre la palabra, el canto y el silencio. De este último, dice Fernando Palacios, un gran pedagogo musical: "En música, él es el rey; todos acatan su ley". Es verdad, el silencio da sentido y valor al canto y a la palabra. El silencio es, por un lado, un momento específico de la celebración; pero, por otro, es también una cualidad de la celebración, una realidad espiritual en donde la palabra y la música encuentran un ambiente propicio y eficaz. Dice L. Deiss: "El silencio no hace ni crea una celebración litúrgica. Los cristianos no nos reunimos para saborear juntos un silencio comunitario logrado a la perfección. Sin embargo, toda celebración debe dar lugar al silencio y se trata de un elemento de primera importancia".

A veces, nos piden preparar o animar alguna celebración comunitaria: Vigilia, Acto penitencial, Adoración, Vía Crucis, Acto mariano, un tiempo de oración con jóvenes, una oración con catequistas... Todos estos momentos son de oración comunitaria. En algunos de ellos, la estructura ya está fijada y solo tenemos que darle vida, unción, avivar el don de piedad y que no sea una oración leída. En otros actos, debemos crear una estructura. El objetivo siempre es buscar que no sea una oración personal vivida en un templo con otros, estando juntos corporalmente pero lejos espiritualmente, sino que sea una verdadera oración de la comunidad creyente.

Recordamos que hay 3 elementos -como tres pilares- sobre los que construimos la oración comunitaria: palabra, silencio, música. Vamos a detenernos en la importancia de la palabra... La oración debe empezar con una motivación o exhortación: unas palabras del animador que nos ayuden a situarnos en lo que vamos a vivir. Son importantes estas palabras, porque ayudan a que nos sintamos incluidos, y no excluidos: ¡Ah, esto es de este grupo, aquí todos saben de qué va esto! En un acto comunitario: todos tienen que sentirse ACOGIDOS, sentir que todos vamos a ser participantes y no espectadores. Y estas palabras deben transmitir que lo que vamos a vivir es un encuentro comunitario con Dios.

La Palabra de Dios debe ser el centro de la oración. Ella es la fuente. Es muy importante elegir bien esta Palabra; incluso pueden ser varias, para que pueda ser como semilla que cae sobre el grupo. Esta Palabra no es leída, sino proclamada, y después necesita un silencio en el corazón y un “eco”: volver a leer algunos versículos, para que vayan abriendo nuestros corazones. Es Palabra viva, espada que entra en nuestra alma y nos da vida. Para discernir esta Palabra se tendrá en cuenta el tiempo litúrgico y el sentido de la oración: celebrativa, penitencial, etc.

Otro momento que debe quedar claro es la participación espontánea de los asistentes al encuentro de oración. El que dirige  debe motivar este momento, dar paso, impulsar. Pueden sucederse momentos de alabanza, de eco sobre el salmo, de peticiones, de acción de gracias... Así, vemos que hay una relación íntima entre la PALABRA y nuestras palabras. Nuestras palabras pobres deben ayudar a entenderle a Él, a mirarle a Él, a acogerle a Él. Y hacernos sentir un pueblo unido que reza como un solo cuerpo. No son oraciones personales simplemente, sino que somos Su pueblo.

El que anima la oración debe estar atento para ver si son necesarias otras indicaciones breves y precisas, que no rompen en ningún momento el ambiente de oración sino que son ayuda para todos. Estamos haciendo la función que hacen los perrillos que ayudan al Pastor a recoger a las ovejas y que no se desvíen. Pero las ovejas no se quedan mirando al perrillo, miran al Pastor. Y nunca hacernos protagonistas. Debemos evitar meditaciones largas o teóricas.

Recapitulamos, pues, cuatro momentos en los que la palabra es importante:

  1. Inicio de la oración, saludo, motivación, instrucciones. 
  2. Palabra de Dios proclamada. 
  3. Momentos de participación espontánea.
  4.  Otras indicaciones que pueden ser necesarias para promover signos, posturas corporales y dar más cohesión a la oración comunitaria.

El Espíritu Santo se derrama en la oración del pueblo y se manifiesta en sus frutos: unidad, armonía, amor fraterno, paz, alegría... “Os aseguro que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 19-20).

Javier de Montse - Comunidade Caná

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