La Pascua, en COMUNIDAD
Más de treinta años celebrando
en COMUNIDAD el Triduo Pascual…
Una historia de gracia, de fidelidad y de encuentro con el Señor y con los hermanos. A lo largo de los años, esta vivencia se ha ido configurando como un verdadero camino de fe compartida, donde cada gesto, cada palabra y cada silencio han sido lugar de revelación.
La llegada de nuevos hermanos que se incorporan a la experiencia comunitaria y pascual manifiesta que la Iglesia está viva, que el Espíritu sigue convocando y que la Pascua nunca se agota, sino que se renueva en cada corazón dispuesto.
En la intimidad de Caná celebramos la Palabra -este año inspirada en la pesca milagrosa (Jn 21, 1-14)-. Allí, la Comunidad se reconoce: llamada a confiar, a volver a echar las redes y a descubrir que es el Señor quien guía y sostiene la misión.
Gestos sencillos, como abrazar la cruz en el Viacrucis, revelan una fe encarnada, capaz de unir el dolor humano con la esperanza que brota de Cristo. En ese contacto silencioso se expresa, tantas veces, una súplica confiada: «¡Cuida de mí!».
Así, entre celebraciones, encuentros y signos, se va tejiendo una auténtica vivencia pascual donde la Comunidad recuerda simplemente un acontecimiento, sino que lo hace presente y lo encarna. Porque la Pascua no es solo memoria de Cristo muerto y resucitado sino vida nueva que se abre paso, luz que vence la oscuridad y esperanza que permanece.
¡El Señor ha resucitado! ¡Aleluya!
(Paqui y Jose, en viernes de la Octava)
Doce somos los que vivimos esta Pascua; doce en el Cenáculo. Cada uno vivió su propia experiencia con Jesús y con los hermanos, y juntos vivimos la Gloria de la Pascua.
El Señor nos concedió servir a sus hijos predilectos: los que sufren, los que viven la dureza de la vida, a sus hijos amados.
En esta Pascua, el Señor ha suscitado nuevos lazos fraternos: nuestros queridos jóvenes discípulos, de los que he aprendido más de lo que imaginan. ¡Gracias, Jesús, por el regalo que son para nosotros!
Los momentos compartidos con nuestros hermanos cristianos en Hope House, en la capilla del Camino.... ¿No ardía nuestro corazón? Cada Pascua es diferente y más especial que la anterior.
¡GRACIAS, Señor, porque nos permites vivir y celebrar tu Resurrección estando los hermanos unidos!
(Rosa Sánchez, desde Madrid)
He vivido este TRIDUO PASCUAL en Comunidad como un regalo en mi vida. Compartir con todos vosotros -y los jóvenes, en especial- ha sido revelador, de ver cómo vivís el amor de Cristo, con esa entrega. Habéis sido un ejemplo que me ha llenado de alegría, esperanza y confianza para con mis hijos y los jóvenes.
Toda la Comunidad me ha hecho vivir una Semana Santa especial y única, donde el Espíritu Santo se me hizo muy presente. Me siento más resucitada, más viva y con más e intenso amor a Cristo.
Bendigo a Dios y le doy gracias por esta experiencia, por haberos conocido, por haber podido compartir todas esas cosas tan bonitas que hemos hecho y porque ya formáis parte de mi corazón.
Compartir con vosotros el servicio, disfrutar del contacto, amor, tanta alegría, tanto gozo en el alma... me reafirma en mi fe y en que Cristo es mi único camino.
(Merce, desde Gijón)
¡Doy gracias a Dios por todo lo que ha obrado en mí estos días!
Esto ha sido muy importante en mi vida, en mi vocación y en la misión que Dios tiene para mí.
Os llevo a cada uno en el corazón y os doy las gracias por dejar que el Espíritu Santo lleve vuestra vida. Por abrirnos vuestra casa, vuestro corazón. Por querernos y hacernos reír tanto desde el primer día. Por los chistes y los manteos. Por la oración juntos, los compartires y vuestra intercesión. Por enseñarnos a ser discípulos de Cristo.
Salgo de estos días más enamorada de Cristo, con fuerza, consciente de esta llamada y con cara de resucitada.
Os quiero mucho a todos. Abrazo gigante
(Teresa, desde Valladolid)






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