Comunidade Caná

Comunidad Católica de Alianza integrada por familias en el seno de la Renovación Carismática

¿Desde qué unción evangelizas?

By 9:57

Seamos concientes de que somos llamados a acoger el don de Dios para que Él venga a inundar los corazones resecos, a través de nuestra oración, nuestro amor y nuestro espíritu de servicio

 Ministerio Quíntuple

Somos una comunidad de Alianza, tenemos una misma llamada: Anunciar el Evangelio de la familia, fortaleciendo familias, comenzando por la nuestra. Descubrimos que la familia tenía una misión propia y que los mensajeros que necesitaba el mundo era la familia misma.
Y todo ello siendo familias diferentes y personas con unciones diferentes. Este curso en Caná estamos realizando un trabajo para conocer desde qué raíz cada uno de nosotros se pone a trabajar por el Reino de Dios, cómo llama a cada uno el Señor. Solo así, cada miembro de Caná, cada matrimonio, cada familia, puede crecer en los dones recibidos, al ponerlos al servicio de la comunidad y de la Iglesia.

«Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo». Efesios 4, 11-12

Es lo que llamamos la unción quíntuple. Existe una jerarquía en el ministerio/ejercicio de estas cinco unciones, no hay democracia aquí. Porque estamos hablando de algo sobrenatural -cielo-, y no algo natural -terreno-.

Primero apóstoles y profetas después evangelistas, maestros y pastores. Este es el orden.

  • APÓSTOL – Impulsa en la fe, nos invita a mirar las cosas de arriba no las de la tierra, nos muestra el camino, llama a la acción.
  • PROFETA – Nos habla de parte de Dios. Nos alerta, nos despierta, nos toca el corazón con la Palabra de Dios actualizada en el hoy de nuestras vidas.
  • MAESTRO – Nos comunica las verdades de la fe. Nos da formación, doctrina sana, ilumina nuestro camino.
  • PASTOR – Nos cuida, nos sostiene, conoce nuestras necesidades, nos acompaña, nos conforta.
  • EVANGELISTA – Se preocupa del anuncio del kerigma y su mirada está puesta en los que no vienen, en los que están lejos, los perdidos. 

¿Y tú? ¿Te habías planteado esta reflexión alguna vez? ¿Has pensado con qué dones te ha constituido Dios? Porque puede que no estés desarrollando aquello que Dios te dio para trabajar en el Reino.

¿Y tu familia? 

Con esta primera publicación te animamos a que hagas un trabajo personal y que luego, si estás casado, lo confrontéis el matrimonio y así podréis ir descubriendo los dones con los que trabajar, los que son propios, y no los que a veces creemos que tenemos que tener y avanzamos a trompicones, como quien lleva unos zapatos que nos son de su talla.

Y como matrimonio también descubriréis una unción propia, llevareis la Palabra de Dios al mundo poniendo al servicio lo que es propio de vosotros. Cada matrimonio, cada familia aporta una personalidad diferente, somos rostros distintos y todos juntos nos convertimos en pinceladas que van mostrando el rostro de Dios al mundo.

 

1 comentarios

  1. No siempre he mantenido una cercanía con la Iglesia, ¡ahora, sí! Con esta afirmación, expreso un cambio en mi vida, un cambio que tiene nombre ¡Conversión! Sí, mi vida está en la Iglesia, en Cristo.

    En esta afirmación de vida, identidad y de ser. Vivo la certeza, que en mí, hay raíces de Profeta.

    Este es el camino, por el que el Señor me hace caminar en la Iglesia. Dice la Palabra de Dios en el libro del Profeta Jeremías:
    «El Señor me dirigió la palabra:
    -Te consagré; te constituí profeta.
    Yo repuse:
    -¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que solo soy un niño.
    El Señor me contestó:
    -No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene. No les tengas miedo, que yo estoy contigo.
    -Voy a poner mis palabras en tu boca» (Jer 1, 4. 5b-7a. 9b)

    Este dialogo de Dios con Jeremías, es el diálogo con el que me identifico en está Unción de profeta que hay en mí.

    A mi corazón llegan: la Palabra, el anunció, la visión, la imagen, la profecía, que El Señor quiere para su pueblo. Y nada, de lo que llega del Señor a mi corazón, es para que quede guardado en él. Hay un fuego, un ardor, dentro de mí que me impide guardarlo: ¡Tengo que anunciarlo, darlo! No es mío: ¡es del Señor, para su pueblo!

    Desde la irrupción de Dios en mi vida, mi vida, está centrada en Él, ¡Tengo hambre de su Palabra, amo su Palabra! Mi deseo es escuchar su Palabra, vivirla.

    Me veo utilizado y amado por el Señor. Anunciar su Palabra, es abrir corazones a la fe, esperanza y amor.

    Definiría está Unción en tres palabras: Escuchar, Proclamar y Anunciar

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