Comunidade Caná

Comunidad Católica de Alianza integrada por familias en el seno de la Renovación Carismática

¿Qué le pasa al maestro sin un profeta?

By 20:25

MAESTRO: Nos comunica las verdades de la fe. Nos da formación, doctrina sana, ilumina nuestro camino.

La Unción de maestro

"En tercer lugar, maestros" (1Cor 12, 28)

En Benedicto XVI tenemos un claro ejemplo. Ya era maestro antes de ser Papa. Lo ha sido toda su vida. Llegado un momento de su papado, no tuvo fuerzas para liderar a la Iglesia con toda su problemática. Se sentía fundamentalmente maestro; de ahí su decisión. Veía claro que el líder espiritual tenía que ser otro.

Los maestros tienen una dificultad: se convierten fácilmente en teólogos, estudian a Dios y aprenden a argumentar y a desarrollar teorías que no responden a las carencias de fe de los creyentes. Se pueden convertir en teóricos, que enseñan sin alma, sin Espíritu Santo.  Esto ocurre -y ocurre muchas veces- cuando la unción del maestro se desvincula de la de apóstol y de profeta, que son las primeras. El maestro sigue su camino de autocomplacencia... Le encanta aprender y enseñar, y pierde la unción espiritual. Su vocación es enseñar con unción profética para despertar la Fe. Para que exista esta vinculación al apóstol y profeta, tiene que formar parte de una comunidad, ha de tener un pueblo.

¿Qué le pasa al maestro sin un profeta?

Y es que los cinco ministerios, ejercicios, operaciones… son imprescindibles. ¿Qué hace el profeta, sin un pastor? Predicar en un desierto. ¿Qué le pasa al apóstol sin el pastor? Distanciarse del pueblo. ¿Qué le pasa al evangelizador sin el pastor? Vive frustrado, ¿Qué le pasa al maestro sin un profeta? Acaba enseñando, moralizando, pierde la unción en su enseñanza.

No se trata de que cada uno de nosotros se relegue solo a un ministerio, sino que cada uno de nosotros debe verse en uno de ellos e identificar dónde está situado y desde dónde sirve al Señor. Esto nos ayudará mucho a mejorar nuestras relaciones fraternas sin juzgar de una manera que nos hace daño a nosotros mismos y al hermano. Entender que el pastor -de manera natural- quiere que los hermanos se sientan bien, se sientan amados, queridos, trata de empatizar o proteger o escuchar… Es su modo natural; pero necesita del profeta, del maestro, del evangelizador, del apóstol, para trascender esa manera natural y pasar a una acción sobrenatural.

Veámoslo desde otro punto de vista... Supongamos el don de predicación, anunciar el Evangelio, catequesis, enseñar. Pero ahora analicemos ¿desde dónde lo ejerce cada uno? Si vemos nuestra manera, estilo, palabras que utilizamos… cada uno de nosotros los ejerce desde una de estas unciones: apóstol, profeta, maestro, pastor, evangelizador. Esto es lo que está en nuestras entrañas, en nuestra identidad de Hijos de Dios.

Evangelizar con el poder del Espíritu Santo

El descubrimiento de estos dones que se complementan, nos dará el Poder que viene del Espíritu Santo. Nos dará unas relaciones más espirituales. Estamos ahora en un tiempo de Dios, para armarnos con las armas de Dios para la misión. Crecer nosotros y no agotarnos y frustrarnos porque sentimos que avanzamos muy lentamente, que nada cambia. Estas nuevas relaciones fraternas exigen que vivamos con paz lo que llamamos confrontación. El ejercicio de confrontar es fundamental para crecer en la fe. De hecho, a nivel personal, es una actividad que debemos aprender a hacer. La Comunidad tiene que hacer esta función que nos sirve para hacernos santos.

MINISTERIO QUÍNTUPLE


 

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